The Box

| Título original: The Box | Dirección: Richard Kelly | EEUU | 2009 | 115′ |
| Guión: Richard Kelly | Fotografía: Steven B. Poster Terror, CF |

Por Pily Barba

Hace ya unos cuantos años, mi colega José Andrés y yo, comentábamos, a colación de haber leído su relato “El maletín” (publicado «casualmente» hoy en NGC 3660), que, personalmente, me había gustado, entre otras cosas, precisamente por lo curioso, aséptico y breve que era, y su autor, encantado de la vida, me soltó que, si quería curiosidades, la más llamativa era que dicha historia tenía ciertas similitudes con una película estrenada años después de la concepción de su relato. ¡Qué cosas! The Box, el largo en cuestión —aun no sé por qué no llegó en su momento a mi entorno—, según José Andrés era bastante buena; desde luego curiosa y muy inquietante. Y así permaneció aquella conversación; suspendida en el limbo de mi memoria hasta que, este último fin de semana, entre todos los Blu Rays comprados hace ni se sabe la de tiempo (esos que son casi gangas y que sigues atesorando incluso cuando aquello de almacenar, en determinados espacios relativamente pequeños, debería estar totalmente prohibido), apareció The Box destacando de manera ominosa, recordándome automáticamente aquella conversación de hace años y, por ende, el relato de José Andrés.

Pero antes de entrar en materia, he de decir que, vistos los títulos de crédito finales, descubrí que dicho film estaba basado en el relato de Richard Matheson “¡Botón, botón!” (publicado en la revista PlayBoy en 1976, año en el que, precisamente, está ambientada la película), y a dicho relato también he tenido acceso, como es de esperar, atraída por una insana curiosidad (si no lo habéis hecho aún, podéis leerlo on line aquí). Con respecto a este, y siempre teniendo en cuenta su corta extensión, estaba claro que no podía encerrar, ni de lejos, todo lo que encierra la cinta, pero, aun así, se trata de un excelente comienzo y desde luego una gran inspiración, aun cuando en el caso de “¡Botón, botón!”, tiene una componente más de misterio que de ciencia ficción. Ahora bien, a pesar de que le falta eso que, a mí, personalmente, tanto me gusta, cuenta con un final más que apoteósico.

Respecto a la película, dirigida por Richard Kelly (director, entre otras, de la mítica Donnie Darko), se puede decir mucho. Sobre todo, que se trata de una pequeña maravilla lastrada por ciertas carencias, eso es cierto, pero también que aun así merece la pena ser tenida en cuenta como una de esas de visionado obligatorio.

¿Y qué cuenta The Box? De todo, de hecho, me sorprende el trasfondo y la paranoia que se puede extraer de una situación inicial tan aparentemente absurda. El matrimonio conformado por Norma Lewis (Cameron Díaz) y Arthur (James Marsden), ella profesora y él currito de la NASA, está pasando por una pequeña crisis económica, entre otras cosas, debido a su tal vez extralimitado estilo de vida y, en última instancia, a una serie de «casualidades» que les obligarán a ajustarse el cinturón. Un buen día (de hecho, de madrugada), llaman a la puerta y Norma acude a abrirla. Tras ella, solo encuentra una caja cuyo artefacto interior contiene un único y enorme botón, además de una nota donde se aclara que alguien les visitará al día siguiente. Efectivamente, horas después, Norma es visitada por un ominoso individuo cuyo rostro está parcialmente desfigurado (el extraordinario Frank Langella es el rostro). Este, sin ton ni son, le ofrece un millón de dólares a cambio de presionar el botón (en realidad el pacto no es exclusivo solo para ella, sino para ambos cónyuges, y no pueden comentarlo ni siquiera con su hijo, interpretado por un aniñado Sam Oz Stone): eso sí, si lo presionan, alguien que no conocen morirá, pero si no lo presionan, sencillamente se quedarán sin el dinero. Y para tomar dicha decisión, solo tienen veinticuatro horas.

Como cabe esperar esto es solo el principio, ¡pero qué principio! Junto a unos personajes principales accesibles y nada deslumbrantes, observaremos cómo desde el primer momento, cada uno en su entorno, están siendo rodeados de alguna que otra situación o personalidad un tanto inquietante. Asimismo, entre los esperados «me lo creo no me lo creo», y los subsiguientes tiras y aflojas que traerá dicha situación (mucho más trabajados a nivel psicológico, a mi modo de ver, en el relato de Matheson), Richad Kelly nos irá envolviendo, primeramente de manera muy sutil, pero después de manera más descarada, en esa atmósfera sofocante, misteriosa, aséptica y, por encima de todo, inicialmente casi de manera exclusiva, terrorífica, para pasar a entremezclar elementos de genuina ciencia ficción, deleitándonos, por si todo esto fuera poco, con una visual creíble y a la vez maravillosa (tanto los decorados como los intérpretes parecen salidos genuinamente de los años setenta; estética y foto son una pasada. En cuanto a  los efectos especiales, sin ser espectaculares, normalmente suelen salir airosos, salvo en determinados planos del personaje de Langella).

Ni qué decir tiene que la situación que terminará desencadenándose nos dejará totalmente perplejos (dependiendo de la situación personal de cada uno, seguro que a unos sufriendo más que a otros), porque, de hecho, lo del botoncito no es más que el principio. Por supuesto, entre algún que otro sobresalto, y momentos a veces divertidamente paranoicos, descubriremos cosas realmente desconcertantes, tanto de aquellos a los que seguimos desde el principio, como de los que están detrás del artefacto. Además, encontraremos idas de olla de lo más inauditas, pero igualmente encantadoras como algún que otro momento al más puro estilo La invasión de los ultracuerpos. Pero también, y eso es lo que más me decepcionó, momentos hacia el final en los que no sabes por qué de pronto un personaje aparece donde lo hace de manera tan rápida y espontánea que te deja un tanto descolocado, hasta que decides obviarlo para poder seguir y ver hacia dónde quieren llevarte. (¿Faltará metraje?)

Termino insistiendo en que creo que es una pieza digna de ser tenida en cuenta: por los dilemas que plantea, pero sobre todo por toda esa locura posterior que puede ser más o menos creíble, pero siempre interesante, original, y casi en todo momento, amena. Sin duda una alternativa al relato de Matheson más que digna.

© Copyright de Pily Barba para NGC 3660, Junio 2017

| Intérpretes: Cameron Díaz, James Marsden, Frank Langella, James Rebhorn |
| Holmes Osborne, Sam Oz Stone, Gillian Jacobs, Celia Weston, Deborah Rush… |
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