Guía del Autoescritor Galáctico IV – Reed.

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IV: BREVES

Por Magnus Dagon

Si bien en el último artículo hablaba de cómo sacarle partido a la soledad para inspirarse, en este me centraré más en la construcción de una clase de relatos de ciencia ficción y fantasía muy concreta, aquellos que se caracterizan por su escasa extensión. Más breves aún que un relato, que ya en su nombre lleva implícita tal cualidad, mínimos, esquemáticos incluso. Concretamente, me centraré en lo que llamaré relatos ultracortos —de una a veinte palabras más o menos— y en menor medida en los relatos cortos —de veinte palabras a una cara más o menos—. Estos relatos juegan un papel muy importante en la carrera de todo escritor. Lo primero, porque la mayor parte de ellos han escrito alguno alguna vez en su vida y me atrevería a decir que un alto porcentaje de gente, escritora o no, lo ha hecho igualmente. Y segundo, porque son una magnífica carta de presentación. Mira, este soy yo, esto es lo que hago, no, es corto, léelo, a ver si te gusta. La gente, empezando por mí, es vaga. Cuanto más mascado mejor, y hombre, si me dan dos relatos para leer, uno de diez páginas y otro de diez líneas, pues leeré ambos, sí, pero el de diez líneas antes.

Bueno, metiéndonos en el ajo, empezaré con los ultracortos. Para empezar, ¿género? ¿Estilo? ¿Se puede decir que tiene género algo de veinte palabras (como mucho)? Pues sí. Tiene tanto derecho como cualquier otro relato. Es verdad que muchos ultracortos caen a veces en la idea de contar una simple anécdota o un hecho neblinoso, pero eso no quita para que no puedan expresar una idea con total claridad, una idea que pueda ser incluso clasificable, por muy odioso que eso pueda resultar. Al lector no se le dan sobras ni migajas, y con un ultracorto menos. Un ultracorto tiene toda la atención del lector. Por poder, puede hasta pararse a analizarlo palabra por palabra, y encima sin perder mucho tiempo. Así que, lo primero de todo, es que el tema de un ultracorto puede ser tan o más interesante que el de cualquier otro relato. No por ser un canijo va a tener menos derechos que nuestros otros vástagos, ¿no? Claro, tampoco digo que le dediquen un mes a cada ultracorto, todo en su justa medida, pero sí que se lo tomen en serio, mucho.

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La ciencia ficción, por otro lado, y la fantasía, aunque quizá en menor medida, son géneros perfectos para la creación de ultracortos, ya que están cargados de reflexiones filosóficas. Se puede especular incluso en dos líneas, y de manera brillante además.

Eso sí, lo que no conviene es resultar demasiado innovador. Me explicaré. Cuando uno escribe un ultracorto es muy importante lo que no se dice, importantísimo de hecho, porque el lector va a añadirlo enseguida. Si uno escribe un ultracorto de ciencia ficción el lector va a tratar de buscar, sin ir más lejos, un lugar —el espacio, la Tierra, un planeta desconocido— y una época —el presente, el futuro cercano, el futuro lejano—. De modo que se pueden usar conceptos clásicos del género. Incluso tópicos, si quieren. ¿Cómo cuáles? Más de uno me va a dar una colleja por lo siguiente, pero allá vamos: alienígenas, robots, viajes en el tiempo, destrucción del mundo, batalla entre paladín y mago, vida después de la muerte, dragones… pues eso, los tópicos. Eso sí, por favor, con estilo propio. Todo el mundo puede hablar de robots, pero cada uno lo hacemos de una manera distinta. Y en dos frases se puede distinguir eso. Por ejemplo, cuando hago ultracortos en los que aparecen alienígenas, me obsesiono con la idea de la incomprensión entre ellos y los seres humanos. Unos ejemplos son:

Evidencia

El hombre se resignó a la diferencia biológica y cultural cuando los alienígenas despreciaron a Mozart por el centrifugado de una lavadora.

Triste realidad

No pudimos ocultar nuestra decepción cuando el visitante de las estrellas fue incapaz de resolver el cubo de Rubik.

Recursos energéticos

Solicitaron combustible para su nave. Enviamos soldados cargados con bidones. Devolvieron una montaña de huesos y los bidones intactos.

La idea es la misma en todos, pero hay una historia distinta en cada uno de ellos. Por cierto, me disculpo como siempre por usarme de ejemplo. Pues eso, que cada uno tenemos una manera de escribir relatos ultracortos, así que a explotarla.

El tema de los ultracortos, a ser posible, debería ser sencillo. Fácil de entender, los ultracortos son poco dados a mezclas. Dragones más naves espaciales, mejor no. Bueno, igual alguien me lleva la contraria y ahora revoluciona el género, pero la idea es ser claros, no confundir. Ser barroco no está prohibido, pero es un camino tortuoso, porque veinte palabras, si apenas dan ya para un par de frases, pues no digamos para un par de frases que tienen que dar pistas y ocultar las claves de la comprensión del relato.

Un tema clásico de ciencia ficción adecuado para los ultracortos, por ejemplo, es el de las utopías y distopías. Hay espacio de sobra para describir no una sociedad al completo, pero sí un aspecto significativo de ella, e incluso extraer una consecuencia. De todos modos todos los temas clásicos son admitidos, y la imaginación no tiene límites, no me voy a poner ahora a coartar a nadie. Ucronías, ciberpunk, fantasía heroica, todo eso es posible en sólo veinte palabras.

Por cierto, insisto mucho en el rollo de las veinte palabras para dejar claro que no se deben tomar como un lastre. Al contrario, señor@s, son sus mejores amigas. Gracias a ese límite van a ir al grano sin desviarse ni un segundo. Volviendo al artículo segundo de La Guía…, en el que se hablaba de música, si un libro es como un disco y un relato es como una canción, un ultracorto es como un riff de guitarra, tiene que atrapar a la primera, y con eso no digo que se entienda a la primera, sino que enganche. Que nos haga leerlo de nuevo, a lo mejor para desentrañarlo al completo, a lo mejor para disfrutarlo otra vez.

articulos_autoes16Tras esa breve autointerrupción, siguiendo con lo relativo a los temas, los clichés de la cultura pop son también bienvenidos. Resultan ser un gran aliado, además, porque cuentan con que el lector ya tendrá un montón de ideas pregrabadas. Por ejemplo, se puede hacer un ultracorto con Superman como protagonista, sin ir más lejos. Eso sí, el asunto legal lo consultan ustedes, aunque, todo hay que decirlo, esa es otra de la ventaja de los ultracortos, que no creo que DC Comics vaya a denunciarles por usar su nombre para veinte palabras (por si acaso procuren no tener demasiado éxito y solucionado).

De acuerdo, lo de los temas está zanjado, hay un montón de ellos. Ahora, a veces pasa que uno se queda atorado con un ultracorto precisamente porque tiene demasiado donde elegir, demasiado que contar. Utilizar las ideas que uno apunta para los relatos a lo mejor no es buena cosa, más que nada porque a veces sólo la idea ya ocupa más de veinte palabras, y además quizás ya está bastante rumiada en sus cabezas. Partiremos de la idea de que uno improvisa los ultracortos, entonces. Que así como se le ocurre, así lo escribe. De momento lo de que tengan veinte palabras o menos, nos olvidamos. Eso lo arreglamos después, no hay que cortarle las alas a la inspiración. Esto es como escribir un relato, ¿no? ¿Y qué hace uno con los relatos? Se le ocurre, lo escribe y luego lo revisa. Pues con los ultracortos, igual. Puede parecer una perogrullada, y lo es, pero como es una perogrullada importante, la suelto.

Hay varios métodos que a mí me han servido a lo hora de inspirarme para escribir ultracortos. Seguro que hay muchos, de todos modos yo cuento estos. Si a alguien se le ocurre algún otro estaría bien que lo comentara, sería muy interesante conocer algunos más. En fin.

1) Método vago. O más conocido como «escribo acerca de lo que tengo delante de las narices». Está uno sentado en su escritorio, ordenador o lo que sea y de repente decide que va a escribir un ultracorto. Mira a su alrededor desesperado, hasta que su mirada se posa en el teléfono. O en una calculadora. O en el Sol (mejor que no se pose demasiado tiempo en este último). Se ponen a hacer girar los engranajes un rato y, acto seguido, escriben el relato. Parece una tontería de método, y en efecto lo es, pero a mí me ha funcionado. El primer y segundo relatos de los de arriba están escritos con el método vago (por si alguno se lo preguntaba, sí que tengo un cubo de Rubik en el escritorio, pero la lavadora no está ni cerca). Es el método ideal a altas horas de la madrugada, si están en uno de esos días que no son capaces de conciliar el sueño.

2) Método lista. Más conocido como «escribo acerca de lo que otros me ponen delante de las narices». En este la cosa es solicitar a alguien que elabore una lista de objetos, a ser posible con carácter temático, por ejemplo, una lista de objetos que estén en la habitación de un amigo. Cogen esa lista y, sin mirarla, se la guardan a la espera del día que les apetezca escribir ultracortos. Ese día la abren, la leen y hacen un ultracorto por cada uno de los objetos de la lista. La ventaja de este método es que es fácil que los relatos acaben formando una especie de antología (pero, por favor, no confundir una serie de ultracortos con un relato corto troceado, eso no vale, es trampa). Lo malo, que ya no tienen el modelo de inspiración delante, sino en su cabeza, así que tienen que imaginárselo y es más sencillo caer en la repetición. Cuanto más raros sean los objetos y más mala uva tenga su cómplice mejor para su creatividad. Eso sí, es probable que acaben odiándole a muerte porque se hayan pasado un buen rato estrujándose los sesos para escribir un ultracorto basado en… una máquina de coser, por ejemplo. Por supuesto, no es necesario que el objeto salga de manera explícita. Además, así pueden elaborar una pequeña venganza, y le devuelven a su cómplice la serie de ultracortos y le retan a que relacione cada ultracorto con cada objeto. No se va a romper la cabeza tanto como ustedes, pero menos da una piedra, y así además se echan unas risas.

3) Método auditivo. Mi favorito. Cogen un disco, no tiene por qué ser su disco favorito ni nada por el estilo, aunque suele ser lo más habitual, se lo ponen, y por cada canción que escuchen deben escribir un ultracorto. La idea es escribir cada relato mientras se escucha la canción correspondiente, claro. Ventaja uno (que hace que clasifique este método como «método vago tres»): tienen solucionado si quieren el tedioso asunto de los títulos. Ventaja dos: ya tienen un público asegurado, los fans de ese disco, cantante o grupo. Los relatos escritos con este método suelen ser muy hondos y viscerales, vienen casi de lo contrario que los de los anteriores métodos, del interior. Pueden incluso cerrar los ojos mientras escuchan cada canción. La desventaja: es muy difícil restringirse a un género, no imposible, pero ya no se puede garantizar que todo lo que suene sea claramente un ultracorto de ciencia ficción o fantasía, porque esto ya va más de lo que a uno se le pase por la cabeza de manera inconsciente. El estilo común, por otro lado, puede ser muy fuerte. En mi caso probé este estilo en el magnífico disco de Depeche Mode llamado Playing The Angel: Pain and Suffering in Various Tempos. A partir de él escribí una serie de ultracortos bajo el título común de Writing The Angel: Pain and Suffering in Various Lines. Algunos relatos extraídos son éstos:

The inner in mearticulos_autoes17

Salió a dar un paseo, fulminando a todos los transeúntes con la mirada. Acabó caminando sobre sus cenizas.

Precious

La ciencia se hizo poesía cuando al fin se inauguró el museo de burbujas.

Macro

Cuando extinguí sobre mí los cinco sentidos, me fue revelada la desnuda y suprema verdad que con nadie pude compartir.

Para un lector, además, es interesante comprobar qué inspiró al escritor en cada canción. Sería muy curioso que varios escritores se pusieran de acuerdo para escribir una serie de ultracortos cada uno basado en un mismo disco y comprobar hasta qué punto son influenciados por lo que oyen.

4) Método bloc. Paso uno: comprar bloc. Paso dos: comprar boli. Paso tres: salir a la calle. Paso cuatro: escribir. No sé qué tendrá la calle que, por lo menos a mí, me inspira una barbaridad. Hace años estudié en arquitectura y me obligaron a comprar un muguruza, un cuaderno con tapa dura que debería ser considerado por la policía como potencial arma homicida, y que debía llevar a todos lados. No dibujaba más que cuando estaba fuera de casa, recuerdo estar dibujando incluso en la cola del pan. Con lo de escribir pasa parecido. Sin desviarme mucho, que lo de usar el bloc en la calle da para un artículo entero, es una buena idea llevarse uno para pergeñar ultracortos en esos momentos de aburrimiento. Es como llevarse la cámara, uno va a la caza y captura de la idea, y puede estar en lo que sucede (lamentaré toda la vida no llevar bloc y cámara de fotos el día del eclipse total de Sol del año 2005) o en lo que está pensando, en esas cosas que tiene el cerebro de que se pone a pensar, y un razonamiento lleva a otro, y a otro, y todo de manera casi inconsciente para nosotros. Ventajas: se puede mezclar con los otros métodos (menos con el método vago, claro, eso implicaría andar). Desventajas: se puede hacer muy pesado como nos dé por repetir rutas. Es el método ideal cuando uno se va de viaje.

Por otro lado tenemos el asunto de cómo escribir ultracortos. Conviene tener soltura a la hora de expresarse para omitir el mayor número posible de palabras inútiles. Si se pone más de una frase, hacerlas subordinadas no hace sino aumentar el número de palabras. Decir lo que dicen dos en una sola… en fin, todas esas cosillas. Es muy importante también recordar a quién nos dirigimos. Tratándose de la ciencia ficción y la fantasía, es buena cosa aprovecharse de esa especie de complicidad ya clásica entre autor y lector con oportunas omisiones. Si en el relato mencionamos «la nave», por ejemplo, raro será el lector que piense en un barco. Ese es un problema que, sin embargo, sí que tienen escritores que tocan de manera tangencial alguno de los dos géneros. A lo que entramos en estrategias para escribir ultracortos. Como antes, algunas me han servido, aunque en este caso no he llegado a usar todas, pero sí he visto a mucha gente manejarlas con éxito.

1) Estrategia trampa. Lo que se omite no es ni mucho menos evidente, el narrador tergiversa, las cosas no son lo que parecen. Es algo así como narrar una versión miniaturizada del Sexto Sentido, si se me permite la comparación. Puede resultar interesante pero, si no se anda uno con cuidado o no se expresa bien, el relato puede no entenderse o puede quedar relegado a un simple chiste gracioso, que es en lo que muchos relatos ultracortos se acaban convirtiendo.

2) Estrategia humo. Vamos, que sugerimos pero no enseñamos. Algunos libros de estos de cómo escribir dicen que es la clave de los relatos ultracortos. A mí personalmente me parece una manera más de hacerlos. El relato puede resultar muy sugerente, aunque aquí se abandona en parte el objetivo de transmitir una idea, el asunto es dejar que el lector concluya lo que le parezca, que puede no tener nada que ver con lo que el autor pensó, cualidad por otro lado que rara vez se da en un relato de mayor longitud.

3) Estrategia de las dos frases. La que más uso. Ésta nunca usa diálogos y se basa en dos frases. La primera expone la situación y la segunda la conclusión. A mí me gusta bastante porque ayuda mucho a la especulación, pues es posible plantear una situación y una consecuencia de ella, por lo que se puede hacer ciencia ficción sin muchos problemas. Ya sea primera o tercera persona suele ser objetivo y expositivo, pasó como pasó, nada de engañar. Pueden ser más de dos frases, claro, pero la extensión no da para mucho más, la verdad.

4) Estrategia diálogos. Casi lo contrario de lo anterior. Aquí la información es subjetiva desde el primer momento, pues para empezar podemos no saber quién o quiénes están hablando. De sus palabras tenemos que deducir lo que ha pasado, y en general suelen tratarse de dos interlocutores, uno que explica y otro que escucha. Suele, también, hablar de algo que ya sucedió, lo que, si uno no tiene cuidado, puede acabar convirtiendo al relato en una mera anécdota. La omisión aquí es crucial.

En cuanto a los relatos cortos, su límite máximo (hasta una cara) permite hacer muchas más florituras, más que en un ultracorto, haciendo que estén más emparentados con los relatos. No obstante deben cumplir también ideas comunes, como la importancia de lo que cuentan. El estilo se puede desarrollar más, y en cuanto a la estructura he observado que, al menos en los más breves, sin llegar al nivel de los ultracortos, claro, se suele cumplir la regla periodística de quién, cómo, cuándo, dónde, por qué para qué. Un relato que sigue esa regla de manera ejemplar es “El Cuento Final de Todos los Cuentos”, de Philip K. Dick. Un rocambolesco relato que resulta también admirable por cómo, en apenas ocho líneas, es capaz de condensar todo el estilo enfermizo (en el buen sentido de la palabra) del autor, dando la información de una manera gradual pero lenta, sin que ni una sola frase esté de más, y cada una más brutal que la anterior. También me resultan ejemplares los relatos cortos de Diego Escarión en la revista Axxón #146, en especial “El Hombre Invisible”. Y hablando de Axxón, sus ficciones breves, que empezaron en dicho número, son una gran propuesta para leer y disfrutar de algunos de éstos relatos. Es también muy recomendable la lectura de Efímero, una revista electrónica (actualmente desaparecida) dedicada en exclusiva a dicha clase de relatos. En esta misma página también se encontraba Canope, una magnífica antología de relatos cortos por Santiago Eximeno y Francisco Ruiz.

Y antes de despedirme, una última observación. Elijan bien los títulos de los relatos cortos y ultracortos. Los títulos pueden dar mucha información. Pero eso sí, no abusen como hice yo con un relato ultracorto que escribí hace años:

El título nunca debe ser más largo que la historia

Estoy de acuerdo.

Y ya sí, me despido. Chao y hasta la próxima.

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