Los terroríficos cuentos de Raxnarín: Cuida del tigre

| Reseña del cuento: Cuida del tigre (Nuria C. Botey) para #AdoptaUnaAutora | 
| Antología: Los terroríficos cuentos de Raxnarín | Saco de Huesos |Col.Taradaña | 
Pedidos: comunicacion@ameb.es |10€ | 120 págs. |2013 |

Por Pily Barba

Portada Los terroríficos cuentos de Raxnarín

“Cuida del tigre” es el primer relato infantil que leo en mi etapa adulta. ¿Esto qué quiere decir? Pues que Nuria C. Botey, su autora, me ha hecho perder la virginidad. ¡Toma del frasco! Si primero me descubrió el mundo de la brevedad gracias a su antología #Inquietante, ahora lo hace con el mundo de lo infantil y se queda «tan pichis».

Pero, antes de entrar en detalles, aunque por motivos obvios no voy a desvelar prácticamente nada del argumento, he de aclarar de dónde ha salido este “Cuida del tigre”, ya que imagino que os lo estaréis preguntando: ¿A cuento de qué un relato infantil de esta autora?

Veamos, “Cuida del tigre” forma parte de la antología solidaria Los terroríficos cuentos de Raxnarín. En él, habitan las también «terroríficas» historias de quince autores pertenecientes a la, desgraciadamente, ya desaparecida Asociación NOCTE (Asociación Española de Escritores de Terror), y, dichos cuentitos, no son ni más ni menos que los que le gusta leer al propio Raxnarín; un monstruo bastante enrollado al que le encanta la lectura. Bien, aunque solo he disfrutado el de Nuria para poder continuar con mi aportación como madrina al proyecto #AdoptaUnaAutora, sé que el resto no tendrán desperdicio (conozco a más del cincuenta por ciento de los colaboradores, y sus nombres me dicen que la apuesta es segura). Pero, volviendo a la antología, a su génesis, esta iniciativa del escritor Rubén Serrano (buena gente, me consta), fue publicada en el año 2013 bajo el sello Saco de Huesos y, lo más interesante fue que, además de los cuentos (maravillosamente ilustrados por Ana López Cano), dicha recopilación perteneció a la campaña Literatura + Solidaridad, cuya recaudación sirvió (y sirve) para apoyar a la AMEB (Asociación Madrileña de Espina Bífida) en la financiación de proyectos de atención a los afectados de Espina Bífida.

Bien, pero a pesar de saber que a Rubén Serrano no le tembló el pulso a la hora de calarse la gorra de capitán, supuse que Nuria habría tenido algo que ver para que este precioso barco tomara el rumbo colaborativo en dirección a la AMEB (Asociación Madrileña de Espina Bífida). Y, efectivamente, no me confundí. De hecho, aquí tenéis la confesión de la acusada:

«Cuando en Nocte surgió la idea de escribir una antología de relatos de terror para niños (con la malvada intención de crear futuros lectores, muahahaha) y Rubén Serrano se ofreció a coordinarla, como madre de un niño afectado por espina bífida y usuaria de la entidad me di mucha prisa en sugerir a AMEB como entidad beneficiaria. Debo decir que la iniciativa fue muy exitosa y la primera edición se vendió íntegramente, llevándose a cabo presentaciones en espacios como El Corte Inglés de Castellana o FNAC Xanadú».

Diciembre de 2013: Nuria C. Botey firmando Los cuentos de Raxnarín. Fernando López Guisado firmando Anatomías Secretas. Los acompaña el ilustrador Carlos Gregorio Simón Godoy AKA CalaveraLibro.

 

Y una vez aclarado lo preciosísimo de esta iniciativa, y de haceros saber (porque es así) el cariño con el que compré el libro (también lo cuco que es), entro de lleno en “Cuida del tigre” para desvelar que esta historia en la que el protagonista es un niño de diez años en periodo vacacional (para él, pero no para su mamá), me ha recordado, someramente, a mi propia niñez, cuando, en verano, acompañaba a mi madre a su lugar de trabajo y le echaba una pequeña y alegre mano (o eso creía). Y al igual que me sucedía a mí, a Luis Alberto, el niño protagonista, rápidamente le da por pensar en cómo pasarán el resto de sus compañeros esos mismos días y, así, de una manera tan aparentemente anodina y justo al inicio de la aventura, es cuando empieza a asomar la inteligencia social de Nuria: dejando escapar entre esos pensamientos infantiles el reconocimiento de nuestro auténtico entorno, floreado este de diversas etnias. También, la naturalidad con la que los chiquillos piensan en sus colegas multirraciales; sin la capacidad de ver a penas diferencias y, sobre todo, siendo incapaces de discriminar a nadie por sus creencias o tono de piel.

Asimismo, nos recuerda (a los adultos) que no siempre podemos permitirnos ciertos lujos, y, si nosotros lo aceptamos de manera natural, seremos capaces de transmitírselo a nuestros hijos y educarlos de una manera mucho más sana y adecuada. Y de paso practicaremos el bien común. Cierto, está claro que siempre hay excepciones… pero lo que es indiscutible es que seremos nosotros quienes deberemos marcar el camino. Y aunque en este caso en concreto es algo inevitable, porque se trata de una familia sin muchos recursos, siempre podemos extraer esa lectura, porque estar, está.

Respecto a su fuente de inspiración, Nuria aclara que en realidad fueron dos las fuentes:

«(…) la raíz es académica. Cuando explico a mis alumnos el teorema de Thomas suelo ponerles un ejemplo tonto pero eficaz: “imaginad que nos pusiéramos de acuerdo en pensar que al otro lado de la puerta de clase, en el pasillo, hay una fiera. ¿Qué sucedería? ¿La fiera se materializaría por arte de magia? No, pero nosotros actuaríamos como si lo hubiera hecho, y llamaríamos al Seprona, saltaríamos por las ventanas o lo tuitearíamos”».

«La otra rama de inspiración, la que respecta al protagonista, es emocional: la mujer que me ayuda en el cuidado de los niños es de origen ecuatoriano. Vino a España hace más de doce años para acompañar a su hermana, trabajando en el servicio doméstico de interna, sin papeles y en pésimas condiciones. Ahora su sobrino, nacido ya en España, está a punto de convertirse en abogado; ellas tienen doble nacionalidad y trabajan en condiciones legales, pero han vivido muchas cosas, algunas verdaderamente terribles. En cierto modo, este cuento es un homenaje a las historias de vida de cientos de mujeres y niños como ellas».

A colación de esta segunda confesión de Nuria, he de decir que, sin saberlo, lo tenía apuntado como un punto más a tener en cuenta, aunque más que un punto, en realidad se trataba de un par de detalles que, efectivamente, convierten a “Cuida del tigre” en una historia todavía más creíble. Ambos, están relacionados con su lenguaje. Por una parte, tenemos a la mamá hablando como debería; con las inflexiones típicas de su país de origen, pero también con el tono adecuado a la hora de dirigirse a su retoño (¿habla la capacidad de observación por parte de la autora o es su vena maternal la que también sale en sus diálogos?). Por otra parte, Luis Alberto, no dice ni piensa palabras rebuscadas y totalmente fuera de lugar a su temprana edad, y eso se agradece enormemente… Lo sé… habrá quien piense que un detalle así es algo evidente, pero no. Os puedo asegurar que he leído más de un relato adulto con protagonistas encarnados por niños, y su lenguaje te sacaba totalmente de la historia.

En cuanto al argumento, este es sencillo pero efectivo, y está tan bien engrasado gracias a tantas pequeñas perlas, que funciona a las mil maravillas: sin complicaciones, sí, pero ciertamente interesante y fluido, como tiene que ser en un cuento infantil, ya que la capacidad de atención de los peques según qué edades suele ser bastante limitada. Además, hay un momento semi onírico verdaderamente precioso. En él, me di cuenta de la facilidad que tiene Nuria a la hora de configurar descripciones: esa capacidad de penetración en la psique del lector para dejarlo totalmente alucinado, y en mi caso, además, con una inesperada «carne de gallina». Así fue, en ese momento en el que, más que visualizarlo, casi palpé lo que estaba experimentando Luis Alberto, pensé (una vez más, porque no es la primera vez que su lectura me transmite este pensamiento) que Nuria esto de juntar letras de verdad lo lleva en la sangre. De hecho, no sé si habrá tenido que aprender mucho de este oficio para poder llegar al punto exacto en el que ahora se encuentra, pero sea como fuere, creo que gran parte de lo que le sale lo hace de manera natural: ella escribe porque tiene que hacerlo.

Y, sí, el final de “Cuida del tigre” tampoco tiene desperdicio porque, además, lleva implícita una lección: si todas las cabezas funcionasen como lo hace la de este entrañable crío; si todos asimilásemos con la misma facilidad nuestro papel en el mundo, en nuestra vida personal e, incluso, en la de los demás, cuántos conflictos y tragedias evitaríamos. Lo que nos viene a recordar cuánto debemos aprender de nuestros hijos, y cuánto desaprender de nuestro perfil más adulto e inseguro.

Para concluir, os recuerdo que Los terroríficos cuentos de Raxnarín se puede adquirir contactando directamente con la AMEB (Asociación Madrileña de Espina Bífida), por 10€ (más gastos de envío), haciendo el encargo a través de correo electrónico a la dirección comunicacion@ameb.es

© Copyright de Pily Barba para NGC 3660, Enero 2018

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