LA CIENCIA FICCIÓN EN ESPAÑA – CONCLUSIÓN

iconoslecturasDisfrútalo en tu e-Book: Click y accede a cualquiera de estos formatos.

Por Florence Behm

CONCLUSIÓN  [INDICE]

INTRODUCCIÓN

Llegar a conocer personalmente a algunos escritores o cambiar cartas con ellos me entusiasmó y me permitió saciar mi curiosidad por el proceso de la creación literaria. Estos autores abordan el género cada vez con mayor calidad literaria, tratando tanto temas clásicos como otros más particulares a cada uno.

Aunque marcadamente anglosajona, la CF se cultiva también en España y su lectura es tan interesante y amena como la de buenos escritores extranjeros. Los cambios políticos y sociales como las nuevas corrientes promovidas por los anglosajones siempre han influido en la evolución del género hispano que tiende a centrarse esencialmente en las ciencias humanas.

Hasta hace poco y desde la desaparición de Nueva Dimensión, los escritores nacionales tenían pocas posibilidades de ver publicadas sus obras, pero desde hace unos diez años, la cosa está cambiando: fanzines, revistas y algunas casas editoriales promocionan claramente la producción nacional. Los autores españoles han visto sus últimas producciones publicadas en colecciones especializadas y el panorama, aunque no perfecto, es esperanzador. El fándom se ha vuelto más activo estos últimos años y la CF española está en un buen momento de su historia. Si los ánimos no decaen, se pueden esperar cosas positivas para el futuro como lo demostrará sin duda la HispaCon de Gijón.

La CF española ya ha llegado a la madurez. Ahora, sólo espera que se la reconozca.

 

EPÍLOGO  [INDICE]

(Por Juan Manuel Santiago)

LA MANZANA QUE SE CAYÓ DEL GUINDO: LA CIENCIA FICCIÓN EN LA ESPAÑA FINISECULAR

Estas apostillas a la tesis de Florence Behm van a constar de dos partes:

una perorata en la que el autor va a ejercer de «vieja gloria» del mundillo, contar batallitas y ponerse apocalíptico; y una parte más objetiva, desglosando los hechos más relevantes acaecidos en los diez años transcurridos desde que Florence escribiera su tesis. Ambas partes son completamente independientes entre sí, de modo que, si el lector no tiene cuerpo para leer las complicadas disquisiciones de la primera parte acerca de la única verdad incontrovertible de la fantasía y ciencia ficción españolas, se la resumo en una frase y un chiste, y así puede pasar a la segunda parte sin mayores complicaciones.

 

La frase

Sea cual sea la situación del género en España, buena, mala o intermedia, los aficionados seguimos siendo unos cantamañanas, nos quejamos por vicio, nos debatimos entre la sospecha de que somos tan cojonudos como nos creemos en nuestros momentos más estupendos y la certeza de que tampoco somos tan miserables como nos da por pensar cuando nos da el bajón y, por si  fuera poco, tenemos una fijación especial con el concepto de madurez, dado que llevamos veinte años diciendo que tal o cual novela o relato marca el principio de la madurez de la ciencia ficción en España y algunos años más tildando sistemáticamente de inmaduro a quien se atreva a llevarnos la contraria en cualquier tipo de debate público relacionado con el género.

 

El chiste

Una manzana se cae aparatosamente del árbol en el que hasta aquel momento vivía una plácida, despreocupada y tranquila existencia. Las demás manzanas se miran entre sí y comienzan a reírse de la manzana caída. Algunas se guiñan el ojo, otras se carcajean abiertamente, no faltan las que optan por la ironía. La manzana caída, aún aturdida por el impacto, toda magullada, mira hacia arriba, enfoca la vista en el resto de las manzanas que permanecen en todo lo alto del manzano, les dirige una mirada repleta de odio, rencor y exclama, desdeñosa y altiva: «¡Bah!… ¡Inmaduras!».

 

 

LA PERORATA DE TURNO

 

Florence Behm concluía su tesis sobre la ciencia ficción española, que supongo que acabáis de leer, con una sentencia muy significativa:

La CF española ya ha llegado a la madurez. Ahora, solo espera que se la reconozca.

Tal vez fuera una temeridad aventurar la madurez de la ciencia ficción española en una fecha como 1993, en la que (con todos mis respetos para los autores y editores implicados, y lo dice alguien que estaba allí) tan solo se estaban dando los primeros pasos para una profesionalización que ahora está más cerca pero no termina de llegar. Cierto es que en aquella época regía la ley del péndulo, la teoría tan socorrida según la cual a cinco años buenos para el mercado editorial sobrevienen cinco años de vacas flacas y plagas bíblicas, y la coyuntura era ascendente, tras la crisis de los años 80. El fándom se había aprovechado del cierre y consiguiente saldo masivo de colecciones para reagruparse en torno a una serie de publicaciones emblemáticas (BemCyber FantasyGigamesh), el premio UPC era la punta de lanza de una serie de certámenes que estaban animando la creación literaria, los autores forjados en el fándom durante la crisis de los 80 empezaban a dar lo mejor de sí mismos a la par que aparecía una nueva generación de autores más inquietos aún, las Hispacones regresaban después de una década de hibernación asociativa, la AEFCF editaba sus primeras antologías Visiones propias (la de Julián Díez en 1992 y la de Elia Barceló en 1993) y en Madrid se formaba la tertulia de ciencia ficción, la TerMa, que capitalizaba buena parte de los esfuerzos organizativos y literarios de aquel fándom inquieto. Éste es el entorno en el que Florence Behm recopiló los datos para su tesis: el de una tertulia recién formada en un fándom que comenzaba a despertar y descubría por sí mismo todas las posibilidades que tenía la ciencia ficción literaria. Parte de este entusiasmo, propio de quien está o cree estar innovando, se le contagió a Florence, quien apunta lo siguiente en sus conclusiones:

 

Llegar a conocer personalmente a algunos escritores o cambiar cartas con ellos me entusiasmó y me permitió saciar mi curiosidad por el proceso de la creación literaria. Estos autores abordan el género cada vez con mayor calidad literaria, tratando tanto temas clásicos como otros más particulares a cada uno.

En efecto, los autores a los que se refiere Florence estaban en pleno proceso de crecimiento, igual que el fándom. La calidad literaria era uno de los caballos de batalla, igual que la profesionalización y la ruptura de barreras y prejuicios por parte de la crítica y público mainstream. En ese sentido, parece que la situación no ha cambiado demasiado, pero es evidente que se han dado pasos importantes. El «mini boom» de principios de los 90, como lo denominaba Florence, tal vez no llegara a estallar, pero dio origen a una situación como la actual, en la que parece que las tendencias cíclicas se han difuminado. Tal vez no hayamos crecido tanto como nosotros creemos (me refiero a un «nosotros» que abarca tanto el fándom como sus actividades conexas), a la vista está que no hemos conquistado el mundo ni los suplementos culturales, pero resulta innegable que estamos mejor que hace diez años. Existe un circuito de premios, revistas, convenciones y editoriales semiprofesionales o profesionales que parece haberse consolidado y, salvo hecatombe mayúscula o desaparición de alguno de los puntales que sostienen el edificio, puede mantenerse o seguir creciendo ajeno a la tan temida irrupción de los ciclos a la baja. La nómina de autores en condiciones de ofrecer obras aceptables de manera continuada se ha ido incrementando, y de un par de años para acá está produciéndose un proceso de homogeneización con otras literaturas fantásticas europeas: Juan Miguel Aguilera obtiene con la traducción al francés de La locura de Dios más repercusión mediática en los suplementos culturales del país vecino que ningún otro título de autor español forjado en el fándom en suplementos culturales nacionales, al tiempo que publica Rihla en el mercado francés antes que en el español; Armando Boix, Daniel Mares, Rodolfo Martínez o Eduardo Vaquerizo siguen su camino, con la publicación regular de relatos en antologías paneuropeas y revistas francesas; Rafael Marín ve traducida Lágrimas de luz al francés, polaco e italiano. En paralelo, Minotauro, en su nueva etapa bajo el patrocinio de Planeta, apuesta fuerte por la narrativa fantástica española, como demuestran la publicación de la Antología de ciencia ficción española seleccionada por Julián Díez, la novela La espada de fuego de Javier Negrete o la convocatoria de un concurso internacional de novela fantástica, el mejor dotado de cuantos se convocan en todo el mundo. Los jóvenes autores que surgen en las publicaciones especializadas estrechan vínculos gracias al uso de Internet, aunque tal vez (el tiempo dirá) no sean capaces de cubrir con una tasa de reposición lo suficientemente fuerte la fuga de cerebros propiciada por el éxodo de los autores más valiosos al mundo de la literatura juvenil (César Mallorquí y Elia Barceló), los concursos literarios (Félix J. Palma y Lorenzo Luengo) o la novela histórica (León Arsenal). La situación actual es esperanzadora, pero tal vez se viva con una cansina consideración de normalidad (si acaso, con un triunfalismo sereno que ya ni siquiera es desaforado), como si, después de quince años de crecimiento sostenido, el alcanzar por fin un punto aceptable de semiprofesionalización fuese poco menos que un deber cumplido, un «Al fin lo logramos, ahora podemos descansar». Tal vez se considere como algo tan previsible que ni siquiera merece la pena alegrarse por ello: era lo mínimo a lo que podíamos llegar.

Sin embargo, hace diez años, cuando Florence llegó a España dispuesta a escribir una tesis sobre la ciencia ficción nacional, la situación era distinta. Se vivía un pequeño boom, en palabras de la autora. Aplicando criterios objetivos, la situación no era ni remotamente parecida a la actual, aún quedaba mucho para eso, pero era percibida subjetivamente como el no va más. A la encuesta realizada a jóvenes aficionados me remito. Aquellos aficionados tenían (teníamos) la ilusión del niño que juega al fútbol con su primer par de botas de reglamento y ve cómo sus capacidades crecen y crecen a ojos vista. Hoy tal vez nos veamos como unos jugadores maduros y sobrados, a quienes toda mejora parece lógica porque somos los mejores, pero olvidamos cuánto nos costó llegar a ello. No voy a entrar en disquisiciones propias de abuelo Cebolleta, no es ésa la finalidad de estas apostillas, pero en el fondo de todo este discurso subyace un concepto: podremos haber profesionalizado el fándom o no (mi opinión personal: aún no, pero vamos camino de ello, creo que en la dirección adecuada), pero pensamos y nos comportamos como profesionales establecidos tiempo ha. Nuestros libros aparecen reseñados en lugares con los que ni siquiera soñábamos hace diez años. Nuestros autores son invitados a festivales como los encuentros de Nantes o la Semana Negra de Gijón. Las Hispacones se van abriendo a autores y formatos mucho más divulgados que los del fándom, profesionalizados desde hace mucho tiempo y por fin parece que la convención española de fantasía y ciencia ficción está en disposición de considerarse como el lugar en el que se dan cita las personalidades más importantes de la fantasía y ciencia ficción española. (¿Por qué han tardado tanto Joan Perucho, Juan Giménez o José María Merino en ser invitados a actos de fándom?) El cine fantástico español parece vivir un buen momento, se exporta a todo el mundo y ya no se reduce a una o dos cintas al año. El cómic fantástico español tal vez sea un poco menos lucido que el de los gloriosos 80, pero Carlos Pacheco y Rafael Marín dieron en su momento el salto a Marvel y, sólo por eso e independientemente de lo frustrante de la experiencia, se han ganado un lugar en la historia del género en España. Cierto es, falta mucho por hacer. Falta ese nombre que haga popular el género entre los lectores no habituales (en palabras de Julián Díez, necesitamos un Michael Crichton o un Stephen King). Falta una mayor comprensión de que el fándom es sólo una más de las múltiples manifestaciones del género fantástico en España, la plena aceptación de que tan fantásticos como los autores de fándom son los autores que trabajan en colecciones especializadas en literatura juvenil, fuera de colección, en el cine, en el cómic, en la creación por ordenador, en las vanguardias artísticas. Sin embargo, ahora se es consciente de que el género no acaba en las estrechas fronteras de una docena de revistas y páginas y foros de Internet. La verdad está ahí afuera, estamos accediendo paulatinamente a ella y, cuanto más crecemos, más conscientes somos de que todavía nos queda mucho trabajo por delante, de que puede que permanezcamos atados al ghetto por los siglos de los siglos y, sin embargo, este ghetto sea popular y esté incluso bien visto, dentro de la moda postmoderna que nos invade (ahora la consigna es que los géneros molan). Al fin y al cabo, tampoco es mérito nuestro que algunos autores a quienes siempre habíamos considerado «nuestros» (J.G. Ballard, Philip K. Dick, William Gibson, Neal Stephenson) sean ahora bien valorados por la intelligentsia cultural española e internacional. Más aún, puede que lo que sea un demérito sea descubrir que muchos de los nombres importantes de la literatura española actual (José María Merino o José Carlos Somoza, sin ir más lejos) son amantes del género, lo conocen bien, son tan frikis como tú o yo y, sin embargo, ahí están, publicando novelas de género fantástico que, huelga decirlo, hasta hace un par de años (Solaris2001 Gigamesh han roto con este alejamiento mutuo) ni siquiera aparecían reseñadas en las publicaciones especializadas, no digamos ya en las papeletas de los premios Ignotus.

La situación ha cambiado a mejor a lo largo de estos diez años y, sin embargo, cuando Florence Behm escribía su tesis, la sensación subjetiva era mucho más triunfalista que en la actualidad. Eran otros tiempos, todo estaba arrancando y Florence, Flo, fue testigo de excepción de la etapa inicial de un proceso que continúa hasta nuestros días. Todos éramos más jóvenes, lo cual significa que la mayoría de los contertulios de la TerMa no estaban casados ni con niños ni atados a trabajos alienantes. Se disponía de más tiempo para leer, escribir, hacer fanzines, asistir a la tertulia. Florence os podrá contar cómo alguna que otra tertulia de jueves la velada terminó con varios esforzados aficionados acompañándola al primer tren del viernes. Veíamos el futuro con auténtico optimismo. Por contra, las polémicas y discusiones estaban a la orden del día. En algún momento de principios de los 90, el fándom se tornó en guerra de guerrillas y, no se sabe si en relación a este hecho, la creatividad se desbordó. En la tertulia de Madrid, la TerMa, el entorno en el que Florence escribió su tesis, se sucedían los aperitivos en la cafetería Alameda, las cenas copiosas en el añorado restaurante Kindu y las últimas copas en el café de Barquillo. En este ambiente de camaradería, Flo era una más. En algún momento de aquel triple turno, probablemente viera a César Mallorquí derrotar a quien se le pusiera por delante jugando al futbolín mientras meditaba alguno de los magníficos relatos que escribió en aquel periodo (“El rebaño” o “La pared de hielo”). Puede que terciara en alguna conversación en la que Pepe Sánchez Pardo y Juanma Barranquero diseccionaban certeramente los relatos de un cada vez más seguro de sus posibilidades León Arsenal (“El centro muerto”“El agente exterior”). A buen seguro recibía el acopio de información necesario para su tesis, bien de viva voz, bien por escrito, por parte de Agustín Jaureguízar, Alfredo Lara y Carlos Saiz Cidoncha. Probablemente repararía en las labores proselitistas de Alberto Santos con su revista Cyber Fantasy o de Julián Díez, Paco Canales, Héctor Ramos, Eugenio Sánchez y yo mismo con nuestro fanzine Núcleo Ubik. No es descartable que participara de la animada conversación de Gabi Gómez, Rosa Carmona y un Javier Negrete que probablemente estuviera escribiendo Nox perpetua o que opinase sobre las influencias del peplum en Conan el Bárbaro junto con Carlos Díaz Maroto, Eduardo Escalante, Manuel Aguilar y Juan Carlos García Herranz.

La ciencia ficción y fantasía de la actualidad tal vez no resulten tan deslumbrantes como la de hace una década. Cuesta reconocer relatos de la brillantez de “La pared de hielo”“El rebaño”, “El mensaje perdido”“Ari el tonto”“El agente exterior”“El centro muerto”“Ojos de sombra”“La estrella”“El noveno capítulo”“Estado crepuscular” o “Mi última noche con Donna”. No obstante, la calidad media ha mejorado, los autores (tanto los supervivientes de aquellos momentos como los que comenzaron más tarde) han pulido su técnica y tal vez no exista la proliferación de fanzines que distinguió la primera mitad de la década de los 90, pero sí existen revistas semiprofesionales y páginas web que aseguran una mayor difusión de las obras de autores nacionales. Se puede afirmar, sin que resulte una boutade, que la literatura fantástica actual es menos sorprendente pero más consistente que la de hace diez años. Con los mejores relatos de 1993, la AEFCF, de haber existido entonces las antologías Fabricantes de sueños, podría haber elaborado una recopilación mejor y más impactante que la correspondiente al año 2003, si bien en la actualidad existe más material de donde elegir diez relatos satisfactorios que en 1993. En resumen, vivimos sujetos al eterno dilema de la cantidad frente a la calidad. O tal vez nos falte perspectiva para valorar adecuadamente la literatura fantástica que se está escribiendo en la actualidad, que también pudiera ser.

 

LA LITERATURA FANTÁSTICA ESPAÑOLA EN EL PERÍODO 1993-2003  [INDICE]

Concluida la perorata, llega el turno para seguirle la pista a los protagonistas de la última década.

Uno de los ejes indiscutibles de este periodo es la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción (AEFCF). En el momento en que Florence Behm escribió su tesis, la AEFCF había publicado dos antologías Visiones propias, seleccionadas por Julián Díez (la de 1992) y Elia Barceló (la de 1993). Se mantenía la filosofía de centrar la antología en autores noveles; de hecho, en las páginas de estas recopilaciones se dio su primera o segunda oportunidad a nombres hoy reconocidos como León Arsenal, José Antonio Cotrina, Pedro Pablo García May o Félix J. Palma. Los diversos cambios de junta fueron variando esta política, centrándose en el concepto del Visiones como un servicio público para dar a conocer nuevos valores o bien aceptándola como una antología abierta en la que se publicara el mejor material recibido. Las selecciones de Javier Redal (1994), Pedro Jorge Romero (1995), Joan Manel Ortiz (1996), Rafael Marín (1997), Rodolfo Martínez (1998), Juan José Aroz (1999), Juan Miguel Aguilera (2000), Luis G. Prado (2001) y un servidor (2002) resultan irregulares, pero han dado a conocer algunos de los mejores relatos españoles de este decenio (“Ojos de sombra”, de León Arsenal“Otro día sin noticias tuyas”, de Joan Carles Planells o “Ébano y acero”, de Rafael Marín) y, no menos importante, han acostumbrado a los aficionados a leer desprejuiciadamente ciencia ficción y fantasía españolas. También sigue en marcha el boletín Pórtico (limitado en la actualidad a mero boletín interno de la Asociación). En paralelo, la convocatoria de los premios Ignotus, con sus vaivenes de participación (sería deseable que en esta edición el número de votos volviese a las cifras del trienio 1999-2001), se mantiene en un eterno y precario equilibrio entre el deseo de convertirse en punto de referencia para todos los interesados en el género fantástico español (sea o no de fándom) y la realidad de que aún queda mucho camino por recorrer. Así y todo, la nómina de premiados empieza a parecer representativa de lo que se ha hecho en España durante los últimos años.

Frente a las iniciativas tradicionales de la AEFCF, en los últimos años se han puesto en marcha nuevos intentos de captar y fidelizar los potenciales nuevos socios que Internet atraía al fándom. La base del fándom se ha ensanchado en los últimos años y, en respuesta a sus nuevas necesidades, la AEFCF ha puesto en marcha nuevos proyectos, como el newszine en inglés Espora, el proyecto e-LIBRIS (la biblioteca electrónica a la que pertenece el cedé que estáis leyendo) y las antologías Fabricantes de sueños, en las que se reúnen los mejores relatos aparecidos en las diversas publicaciones a lo largo del año.

Queda por ver en qué medida la refundación de la AEFCF garantizará su viabilidad y la de las iniciativas relacionadas con la misma, si el proyecto se mantendrá como hasta ahora, si conseguirá dar el empujón definitivo para extender la imagen del género más allá de las fronteras del fándom o si, por el contrario, desaparecerá (y, en ese supuesto, habría que ponderar las consecuencias del vacío organizativo subsiguiente). Las posibilidades son muchas y los escenarios posibles oscilan entre el crecimiento definitivo y un desastre que podría arrastrar al resto de las iniciativas del fándom. Sea como sea, la AEFCF es uno de los puntales del auge del género en España, y resultaba de justicia iniciar con ella esta relación de los protagonistas de la literatura española en los últimos diez años.

Ninguna de las iniciativas tendentes a captar miembros para el fándom tendría sentido sin un lugar de encuentro. Las listas de correos de Internet y los foros de las páginas web se han popularizado hasta el extremo de multiplicar el número de aficionados activos. Este fenómeno es relativamente reciente, aunque tiene un precedente en las BBS, en particular El Libro de Arena, de Bucky Torres, que concitó a su alrededor el núcleo de lo que luego sería el fanzine Bem. Las kedadas de miembros de foros de Internet están aumentando las cifras de participación, pero aún quedan lejos de otro de los motores de la ciencia ficción española en los últimos años: las HispaCones. Las convenciones españolas de fantasía y ciencia ficción, tras el vacío organizativo de los años 80, se vienen celebrando de manera ininterrumpida desde el año 1991, en Barcelona: Cádiz en 1992 y 1995, Gijón en 1993 y 2000, Burjassot en 1994, 1996 y 1998, Mataró en 1997, Santiago de Compostela en 1999, Zaragoza en el 2001, Barcelona en el 2002 y (después de la renuncia de Alcalá de Henares) Getafe en el 2003. De los cien asistentes mal contados en Barcelona ’91 se ha pasado a los 700 inscritos en la BarnaCon 2002, lo cual puede hacer una idea cabal del crecimiento del fándom a lo largo del periodo. También se ha intentado acercar al mundo del fándom a autores de género fantástico ajenos a los canales especializados, y en ese aspecto las BarnaCon 2002 y Xatafi 2003 parecen estar rompiendo con el modelo tradicional de convención como reunión anual de los mismos aficionados de siempre. Si Joan Manuel Gisbert, José María Merino, Joan Perucho o José Carlos Somoza son las puntas de lanza del género fantástico en España, lo lógico es que participen en las HispaCones. Los traspiés se han sucedido, por supuesto, y alguna HispaCon ha sido menos satisfactoria que la anterior, pero parece haberse producido una tendencia al alza en el número de inscritos y en la cantidad y calidad de los actos; no tanto en su repercusión mediática, que sigue siendo el talón de Aquiles de las HispaCones. En una HispaCon de la década del 2000 suelen solaparse los actos y resulta literalmente imposible asistir a todos, mientras que hace unos años llegaban a producirse vacíos injustificables en la programación, se suspendían mesas redondas a última hora y el público de un acto medio apenas pasaba de la docena de asistentes. El carácter de la HispaCon como punto de encuentro en el que presentar novedades editoriales, conceder los premios Ignotus (al fin y al cabo, el barómetro de la popularidad dentro de la comunidad del fándom) y echarse unas risas con los amigos todavía no ha dado paso a un modelo acaso más deseable y no necesariamente más aburrido, el de la HispaCon como encuentro gremial de todas las cabezas pensantes del fantástico español en sus más diversas manifestaciones (cine, cómic, literatura). Tal vez se trate del próximo reto a lograr.

Las HispaCones, con todo, ya no son el único evento relacionado con la ciencia ficción y fantasía en España. Se está consolidando un circuito de actos e iniciativas, impensable hace diez años, a lo largo de toda la geografía española. La programación de la Semana Negra de Gijón incluye todos los años un espacio importante al género, hasta el punto de que en la edición del 2003 se han reunido bajo el epígrafe genérico de AsturCon, la segunda que se celebra tras la del año 2000, que también fue HispaCon. Algunos autores internacionales se dejan tentar antes por las bondades del clima, ambiente festivo y cocina gijoneses antes que por las hogareñas HispaCones (Lois McMaster Bujold, George R.R. Martin, Tim Powers, Robert Sheckley, Ian Watson o Connie Willis) y, desde luego, la Semana Negra tiene todas las papeletas para convertirse en el punto de encuentro obligado del fándom durante el principio del verano, mientras que la HispaCon consolida su papel de encuentro del fándom durante el otoño. Las Trobadas de Ciencia Ficció que organiza el ayuntamiento de Mataró ya son fijas en el calendario de convenciones nacionales, cuentan con la particularidad de desarrollar sus actos casi exclusivamente en catalán y deberían servir para potenciar la ciencia ficción y fantasía escritas en catalán. No se pueden olvidar otros actos, como las jornadas de ciencia ficción que organizó el ayuntamiento de Cádiz en la primavera del 2003, el homenaje a la colección Luchadores del Espacio celebrado en Valencia en idénticas fechas o las cada vez más frecuentes presentaciones editoriales de títulos de género que de un tiempo a esta parte vienen ofreciendo grandes superficies o centros oficiales.

Alrededor de estas iniciativas ya consolidadas o en proceso de consolidación proliferan eventos ajenos al fándom, pero que evidentemente resultan de interés. Un ejemplo muy claro es el festival literario Kosmopolis, celebrado en Barcelona en diciembre del 2002, que reservó un espacio a la ciencia ficción y contó con las presencias de Brian W. Aldiss, Pat Cadigan, Pablo Capanna y William Gibson. Tendrá carácter bienal, con lo que en diciembre del 2004 veremos por tierras barcelonesas a más autores de género.

Con todo, el fenómeno más llamativo en cuanto a convenciones es el salto de autores y aficionados nacionales a eventos organizados en el extranjero. Ya es cosa sabida que uno de los factores explicativos del actual boom de la ciencia ficción española fue la expedición organizada por la librería Gigamesh a la convención mundial (WorldCon) de La Haya, en agosto de 1990. Allí se sentaron las bases del fándom actual, tanto en lo organizativo (la primera junta de lo que año y medio después sería la AEFCF) como en lo relativo a publicaciones (Bem presentaba sus primeros números y se maduraba el paso de Gigamesh de fanzine a revista) y, no menos importante, en el impacto psicológico que supuso salir al exterior y contactar con otros aficionados extranjeros interesados en lo que se escribía dentro de nuestras fronteras. La siguiente expedición a una WorldCon (Glasgow 1995) fue menos trascendental, pero tenía su valor simbólico: el fándom español salía fuera y se hacía notar. La asistencia de aficionados españoles a convenciones europeas tal vez sea más irrelevante, pero está empezando a ser frecuente (isla de Jersey en 1993, República Checa en el 2002, Finlandia en el 2003). Ningún hecho, sin embargo, tan trascendental como la participación de autores españoles en el festival Utopia, que se celebra todos los años en la localidad francesa de Nantes. Utopia es a la EuroCon lo que la Semana Negra a la HispaCon: el punto de encuentro de los autores y editores frente al lugar de reunión de los aficionados. En Nantes se ha consagrado a algunos de los valores más «exportables» del género en España. Gracias a Utopia, Juan Miguel Aguilera tiene más éxito en Francia que en España, ha visto traducidos Mundos en la eternidad (escrita en colaboración con su antaño inseparable Javier Redal) y La locura de Dios al francés y ha publicado Rihla antes en Francia que en España. Sin Utopia, Rafael Marín no habría visto Lágrimas de luz traducida al francés, italiano y polaco. Elia Barceló, Armando Boix, Javier Negrete y Eduardo Vaquerizo publican con cierta frecuencia en Francia o Alemania, Rodolfo Martínez participa en un relato colectivo junto con los mejores autores europeos… La ciencia ficción española comienza en Nantes, no en los Pirineos.

Uno de los acicates para la escritura, hasta el extremo de haber influido decisivamente en la literatura fantástica española de la década de los 90, es el fenómeno de los premios literarios. Si al final del periodo en que Florence escribía su tesis se publicaba la novela que debió haber ganado el frustrado premio Ultramar (El refugio, de Juan Miguel Aguilera y Javier Redal), en la actualidad está convocado otro concurso de novela, el Minotauro, dotado con 18.000 euros. Se trata de los certámenes más ambiciosos de toda la historia de la literatura fantástica española (acaso mundial, dada su dotación económica). El primero fracasó en los albores de los 90, debido a una reestructuración del grupo Hachette que echó por tierra una de las colecciones más interesantes de género que jamás se hayan editado en España, cuando todo estaba listo para fallarlo. El segundo se convoca en el año 2003, debido al interés mostrado por el grupo Planeta en el género fantástico, perceptible en la adquisición y potenciación de la colección emblemática del género en lengua castellana. Entre una actitud y otra media un abismo, no sé si achacable a la gestión editorial de ambos grupos o a que, diez años después del cierre de Ultramar, debemos concluir que entonces resultaba prematuro convocar un premio de novela de ciencia ficción y fantasía para autores en castellano mientras que ahora sí se dan las condiciones adecuadas para que un empeño de semejantes dimensiones pueda llevarse a cabo exitosamente. Sea como fuere, el caso es que la situación parece ser más favorable en la actualidad, el crecimiento habido en estos años resulta claramente perceptible. Ahora se puede hablar de un mercado profesional en vías de consolidación para los novelistas españoles que se atreven con el género.

Pero nos estamos desviando del asunto. La historia reciente del género en España no se puede entender sin los premios. Gracias a su proliferación, los autores aprendieron a disciplinarse, a cobrar por sus narraciones (primer paso hacia la profesionalización), a escribir relatos o novelas cortas a medida y a crear un espíritu competitivo y de superación que tuvo como resultado una explosión creativa como no se había visto antes en el fándom. Completar el circuito de concursos, a ser posible con premios, era una aspiración que muy pocos llegaban a completar. El grand slam sólo ha sido completado por César Mallorquí: “El coleccionista de sellos” ganó el UPC 1995; “La pared de hielo”, el Alberto Magno 1992; “Materia oscura”, el Domingo Santos 1993; “El mensaje perdido”, el Aznar (después Pablo Rido) 1991 y “El decimoquinto movimiento”, el Pablo Rido 1997. Ramón Muñoz completó el triplete formado por el Alberto Magno (“Bajando”, en 1999), el Pablo Rido (“Los cazadores de nubes”, 2001) y Domingo Santos (“D de Destructor”, 1999). José Antonio Cotrina, Daniel Mares, Rafael Marín, José Antonio del Valle y Eduardo Vaquerizo, triunfadores habituales en los certámenes del fándom, se perfilan como candidatos idóneos a completar, algún día, este cuarteto de premios.

Si hablamos de certámenes más relevantes se hace obligatoria la mención al premio UPC. Se trata de un concurso de carácter internacional, abierto a obras escritas en castellano, catalán, francés e inglés, y dotado con un primer premio de 6.000 euros. Su ceremonia de entrega es uno de los actos ineludibles del calendario cienciaficcionero español, generalmente con la presencia de un conferenciante estrella (Greg Benford, Stephen Baxter, Vernor Vinge, Connie Willis…). En el momento en que Florence Behm escribía su tesis, este concurso estaba en plena fase de despegue y aún resultaba difícil calcular su trascendencia en términos absolutos. La iniciativa de la Universidad Politécnica de Catalunya, auspiciada por Miquel Barceló (profesor en la citada universidad, además de director de la colección Nova CF de Ediciones B y brillante conferenciante), arrancaba en diciembre de 1991 con un resultado que en cierto modo venía a consagrar la existencia de tres generaciones literarias: los supervivientes de la hasta aquel entonces edad dorada del género en España, la década de los 70 y de la revista Nueva Dimensión (Ángel Torres Quesada); la generación, literariamente muy ambiciosa, curtida en los años oscuros del fándom (Rafael Marín) y los nuevos autores, aquellos que estaban llamados a despuntar en los 90 (Javier Negrete). El premio UPC revitalizó la novela corta en la España fantástica. Los galardonados aparecían publicados en un volumen especial de la colección Nova CF y, al calor de las novelas de calidad que no habían resultado premiadas, proliferaron las colecciones: los Cuadernos Espiral de Juan José Aroz (en la actualidad, Espiral CF), los Quaderns UPCF, la colección La Espada y el Reloj de la editorial tinerfeña La Calle de la Costa… La novela corta se convirtió en la extensión emblemática de la ciencia ficción española y consagró a dos autores que devendrían en fundamentales dentro del género en España: Javier Negrete y Daniel Mares. También dio a conocer obras importantes de otros autores más centrados en otras extensiones, como Juan Miguel Aguilera (por aquel entonces, aún a dúo con Javier Redal), Rodolfo Martínez, Elia Barceló o César Mallorquí. Pese a que algunas veces el reparto de los premios sonaba demasiado «político» (la alternancia entre autores nacionales y extranjeros, con Alan Dean Foster, Mike Resnick y Robert J. Sawyer como premiados más reconocidos a escala internacional), lo cierto es que el premio ha resultado trascendental para el desarrollo de la ciencia ficción en España.

La trascendencia del UPC en el campo de la novela corta es equiparable a la del premio Pablo Rido en el campo del relato. Circunscrito a obras de extensión menor de treinta folios, el premio Pablo Rido también arrancó en 1991, vinculado a la AEFCF y con la denominación de premio Aznar, que mantuvo en las dos siguientes ediciones. Con el primer cambio de junta en la AEFCF, el premio pasó a ser apadrinado por la tertulia de Madrid, la TerMa, en un proceso que coincide con la estancia de Florence Behm en Madrid. La nueva denominación, Pablo Rido, y la estatua conmemorativa son los cambios más significativos en un premio cuya dotación económica fue incrementándose en sucesivas ediciones (en la actualidad, 666 euros), manteniendo siempre el mismo sistema recaudatorio: el monto del premio, más gastos de envío de material, publicidad y estatua conmemorativa, sale del dinero sobrante de las cenas de la TerMa. El primer vencedor, “El mensaje perdido. A orajabiá suncaí e Gedeón Montoya”, de César Mallorquí, marcó un punto de fuga dentro de lo que se escribía por aquel entonces y revitalizó (decir que inauguró sería infravalorar la obra de Gabriel Bermúdez Castillo e Ignacio Romeo) una corriente llamémosle castiza dentro de la cf española; corriente que en la actualidad se ha escorado claramente hacia la fantasía con elementos cotidianos y folklóricos, el subgénero llamado «de cachava y boina». Mallorquí hizo doblete en 1997 con “El decimoquinto movimiento”, lo cual lo convierte en el único autor que se ha hecho con dos Ridos, junto con León Arsenal (“Oscuro candente” en 1995 y “En las fraguas marcianas” en 1998). El segundo vencedor del certamen fue Félix J. Palma, con el relato “Muerte por catálogo”. El palmarés del premio se ha visto distinguido con las presencias de autores importantes como Armando Boix (“El ayudante de Piranesi”, 1996), Daniel Mares (“Gómez Meseguer y el ogro Santaolaya”, 1999), Rafael Marín (“La sed de las panteras”, 2000), Ramón Muñoz (“Los cazadores de nubes”, 2001) y José Antonio del Valle (“Los hijos de nuestros hijos”, 2002), en una curiosa sucesión en orden alfabético que hace concebir esperanzas de que en una futura edición el vencedor sea el varias veces finalista Eduardo Vaquerizo. En sus mejores momentos, ser vencedor del Pablo Rido equivalía a triunfar en los Ignotus, lo cual equivalía a afirmar que el relato vencedor del Pablo Rido terminaba por convertirse en el mejor del año, tanto para el jurado del premio como para los socios de la AEFCF, del mismo modo que triunfar en el UPC daba bastantes papeletas para llevarse el Ignotus en la categoría de novela corta. Al igual que el UPC, los últimos relatos vencedores o finalistas del Pablo Rido tal vez no alcancen el nivel de las ediciones de los años centrales de la década de los 90, lo cual es un buen exponente del signo de los tiempos y de aquello en lo que ya hemos insistido en otro lugar de este ensayo: no hay relatos tan brillantes como hace diez años, pero la calidad media es notablemente superior.

El tercero de los premios (el segundo en cuanto a dotación económica: 3.000 euros) es el Alberto Magno. Convocado por la Universidad del País Vasco, se mantiene un tanto apartado del fándom y, pese a la sospechosa tendencia a premiar casi exclusivamente relatos procedentes del País Vasco, lo cierto es que ha aportado al género un buen puñado de obras importantes, mayoritariamente encuadrables en el subgénero de la ciencia ficción dura o hard. Relatos como “La pared de hielo” (vencedor en 1992) y “El hombre dormido” (finalista en 1993), ambos de César Mallorquí“El bosque de hielo” (Juan Miguel Aguilera, vencedor en 1995), “El sueño de la razón” (Armando Boix, finalista en 1996), “Lilith, el juicio de la Gorgona y La Sonrisa de Salgari” (José Antonio Cotrina, finalista en 1998) y “Bajando” (Ramón Muñoz, vencedor en 1999) son de lectura obligada.

El cuarto de los grandes premios es el Domingo Santos. Su dotación económica y calidad de los relatos premiados son variables, pues su convocatoria depende de la organización de cada HispaCon. Ha dado a conocer a autores prometedores pero con poca obra publicada, como Alejandro Carneiro (“El hombrecillo de la maceta” se hizo con la edición del 2000), Joaquín Revuelta (ganó la primera edición con “Sangre, lágrimas y Alicia”, y la del 2002 con “Deshacer el mundo”), David Soriano (“Historia sagrada” ganó en 1997) y Álex Vidal (“Palabras de silencio” se lo llevó en 1998), al tiempo que ha confirmado a otros de amplia trayectoria (“Materia oscura”, de César Mallorquí, venció en 1993; Ramón Muñoz en 1999 con “D de Destructor”; Eduardo Vaquerizo en el 2000 con “Los caminos del sueño”…). En general, se puede afirmar que el Domingo Santos es el concurso más proclive a dar sorpresas que, por lo general, resultan agradables.

No son éstos los únicos premios del circuito, pero sí los más consistentes. Probablemente no sean la razón principal que explica el auge de la ciencia ficción y la fantasía en España, pero su importancia, al menos en lo relativo a la escritura y publicación de novelas cortas (vía premio UPC), queda fuera de toda duda.

Con todo, la existencia de un movimiento asociativo fuerte, la convocatoria continuada de convenciones y el afianzamiento de un circuito estable de premios no dejan de ser un elemento añadido. La razón de ser del fándom, aquello que incluso en los oscuros años 80 se mantuvo a toda costa, por encima de la ausencia de HispaCones, asociaciones y concursos, es la fanedición. En el periodo de las catacumbas que sobrevino tras el cierre de Nueva Dimensión se mantuvo la publicación de fanzines, algunos de ellos sobresalientes: Tránsito, MáserKandama, Gigamesh-fanzine… Mientras hubiera un solo aficionado dispuesto a dejarse sus ahorros y su tiempo libre mecanografiando y fotocopiando relatos o artículos propios o ajenos, había fándom. Los años oscuros se caracterizaron por una ralentización del mercado interno de publicaciones de aficionados, no así por el mercado de libros profesionales. No deja de resultar significativo que algunas de las obras consideradas aún hoy punteras en la ciencia ficción española (Lágrimas de luz, de Rafael MarínMundos en el abismo e Hijos de la eternidad, de Juan Miguel Aguilera y Javier Redal; la trilogía Las islas del Infierno, de Ángel Torres Quesada…), todas ellas reeditadas, se publicaran en un periodo de absolutas vacas flacas, que coincidía con una expansión de las colecciones especializadas, que vino a romperse abruptamente en torno a 1992, coincidiendo con el brusco resurgir del fándom. La ley del péndulo venía a confirmar un curioso corolario: en tiempos de sequía editorial, el fándom se repliega sobre sí mismo, centra sus esfuerzos en la autoedición y, en general, se puede hablar de un resurgir de fanzines y revistas especializadas de mediana tirada. De manera paralela, si un ciclo favorable a las colecciones especializadas coincide con un repliegue de publicaciones de fándom, éstas permanecen bajo mínimos, pues el público lector se centra en adquirir las novedades editoriales profesionales, hasta que la situación rompe, las colecciones cierran o saldan y entonces, al existir recursos suficientes y muchas ganas de sobreponerse a la crisis, se experimenta una nueva edad de oro de la fanedición. Este esquema ha funcionado hasta los últimos años de la década de los 90, en que la situación estaba lo suficientemente asentada como para que coexistieran publicaciones de fándom (en menor cantidad que a principios de década, cierto es) con colecciones especializadas. A este hecho no es ajena la profesionalización o semiprofesionalización del fándom. Revistas como Gigamesh o 2001 empiezan a retribuir sus contenidos, editoriales dirigidas por gente procedente del fándom (Bibliópolis FantásticaGigamesh) se lanzan a la edición de colecciones especializadas de tiradas ajustadas, tal vez reducidas para los parámetros de las grandes editoriales pero, por eso mismo, protegidas frente a eventuales catástrofes de los grandes grupos editoriales, al tener aseguradas unas ventas mínimas. Estas editoriales, a medio camino entre el fándom del que proceden y las grandes editoriales a las que quién sabe si llegarán a equipararse, forman una casta de autores también a medio camino entre el aficionado puro y el profesional puro, acostumbrados a percibir remuneraciones por su trabajo (literario, crítico o artístico), semiprofesionalizados también fuera del ámbito de la literatura fantástica (en la novela juvenil, policíaca, histórica, el guion cinematográfico o de cómic, la ilustración…) y por tanto más versátiles, ambiciosos y capacitados que ninguna otra generación anterior de autores criada en el fándom. Para mantener en pie estos esfuerzos editoriales se recurre a la diversificación del negocio, una especie de remedo, a escala reducida, de los grandes grupos editoriales. Se puede contar con una librería que sirva de colchón económico ante eventuales pérdidas, así como con una publicación que sirva de plataforma publicitaria para los productos de la editorial; en última instancia, ayuda enormemente asegurarse la distribución con una distribuidora propia, así como una página web potente y listas de correos en Internet que sirvan de foro de opinión y comunicación entre editores, autores y aficionados. En mayor o menor medida, este modelo está siendo seguido por La Factoría de Ideas (la cadena de librerías Arte-9 de Madrid, la colección Solaris Ficción, la revista Solaris y la distribuidora Distrimagen), Gigamesh (la librería, editorial y revista homónimas, así como las revistas Stalker y Yellow Kid), Bibliópolis (la web y colección literaria homónimas, la antología-fanzine Artifex Segunda Época y, como absoluta novedad que hasta el momento está produciendo resultados esperanzadores, el empeño de Luis G. Prado de convertirse en agente literario de algunos autores destacados del panorama fantástico español), PulpEdiciones (el fanzine PulpMagazine, las numerosas colecciones de narrativa fantástica «añeja» y de autores nacionales) y Equipo Sirius (ahora, la revista Galaxia y la colección Transversal; antes, la revista 2001 y la colección Tau; la web Interplanetaria). La edición semiprofesional (el equivalente a la mid-list del mercado anglosajón) se debate entre la seguridad que da tener un mínimo de ventas garantizado y una estructura consolidada y la incertidumbre de si resulta asumible crecer o si por el contrario un solo paso en falso puede derribar de golpe los cimientos de tan precario edificio.

Sea como sea, hablar en estos términos hace diez años resultaba casi impensable. Tal vez sea éste el aspecto en el que más ha cambiado la literatura fantástica española en la última década. La fanedición en torno a 1993 estaba claramente dominada por el fanzine BEM, editado por el Grupo Interface (Ricard de la Casa, José Luis González, Pedro Jorge Romero y Joan Manel Ortiz). BEM aglutinó a su alrededor a los más importantes autores y aficionados y mantuvo una primacía incontestable en cuanto a popularidad durante la primera mitad de la década de los 90. Sus 75 números dieron al fándom algunos de los mejores relatos de Juan Miguel Aguilera (“El bosque de hielo”), Elia Barceló (“La estrella”), Armando Boix (“El ayudante de Piranesi”), César Mallorquí (“El rebaño”), Rafael Marín (“De entre la niebla”), Rodolfo Martínez (“Un jinete solitario”) y Félix J. Palma (“Mi última noche con Donna”), así como incontables artículos de elevada calidad, información siempre puntual y una creciente tendencia a la polémica que a la larga terminó por enajenarles el apoyo de antiguos colaboradores y lectores y ensombreció sus últimos años. BEM fue el motor del fándom entre 1990 y 1996, la que podríamos denominar edad de oro de la fanedición en España. BEM fue pionero en la comunicación por medios electrónicos (aprovechando la estructura de la BBS El Libro de Arena) y tuvo varios productos conexos, como la última etapa del fanzine Tránsito, que ofreció material de buena calidad, o el boletín No Ficción, que publicó estudios muy interesantes y adelantados para su época.

La relación de fanzines o revista semiprofesionales destacables en este periodo es amplia. Citemos tan sólo algunos.

Cyber Fantasy fue, durante el bienio 1993-1994, la competencia más seria para la primacía de BEM. Editada por Alberto Santos (quien luego se establecería como editor de libros de ensayo, labor en la que permanece hasta hoy) y sustentada en miembros de la TerMa, elevó los estándares de calidad de los relatos españoles, con dos autores «de la casa» que publicaron algunos relatos aún hoy dignos de figurar entre los mejores de la historia del género en España: César Mallorquí (“El mensaje perdido”, “La pared de hielo” y “El hombre dormido”) y León Arsenal (“Todas las noches”“El agente exterior” y “Besos de alacrán”). Las portadas a color, la tirada y la sensación de revista hicieron de Cyber Fantasy el punto de referencia del fándom madrileño durante seis números.

Elfstone publicó una docena larga de números. Dirigido por Santiago García Soláns, el fanzine zaragozano contó con la colaboración de numerosos aficionados aragoneses (que más tarde habrían de agruparse en la asociación Alfa y organizar la HispaCon de Zaragoza 2001) y vínculos estrechos con la Sociedad Tolkien Española, para ampliar sus horizontes paulatinamente e ir publicando no sólo fantasía sino también ciencia ficción. Como abanderado y miembro más veterano de la que doy en llamar «Generación del DIN A5», Elfstone dio a conocer un relato seminal dentro de la fantasía heroica española «seria» y con pretensiones historicistas: “La torre de la serpiente”, de Javier Cuevas.

Si Elfstone era el decano de la «Generación del DIN A4», Kenbeo Kenmaro fue su producto más acabado, el triunfo del detalle y la estética aliada con unos contenidos inteligentes. El fanzine pucelano de Luis González Baixauli es probablemente el fanzine más original y preciosista de la década de los 90, puede que de toda la historia del fándom (con el permiso del iconoclasta Océano, de Frank G. Rubio, que se adelantó a su tiempo con su formato desplegable y contenidos tan dispares como Bruce Sterling o Paul Virilio) y a lo largo de sus doce números constituyó una continua fuente de sorpresas. Suena tópico decirlo, y me salen canas sólo con escribirlo, pero ya no se hacen fanzines así… y, lo más seguro, nunca más se harán.

En contraposición al trazo fino de Kenbeo Kenmaro, el fanzine gijonés Parsifal jugaba a ser desenfadado e irreverente, lo cual no impidió que la criatura de José Luis Rendueles y el grupo Cartafueyu publicase con asiduidad poesías o relatos realmente sensibles. Especializado en el relato breve, de sus páginas salieron algunos nombres hoy en auge dentro de las letras y cultura astures (el propio Rendueles, poeta y narrador en castellano y asturiano; Ricardo Menéndez, frecuente ganador de concursos locales; Fran Gayo, subdirector del festival de cine de Gijón y mitad de uno de los grupos musicales más renovadores de la actualidad, Mus) y se hicieron frecuentes las publicaciones de autores de la tierra, como Javier Cuevas y Rodolfo Martínez. La irreverencia de Rendueles y compañía se plasmó en uno de los sucesos más sonados del fándom de aquella época: la famosa carta de Alonso Ballesteros, seudónimo bajo el cual Rendueles y Martínez enviaron una misiva a diferentes publicaciones, que la rechazaron, lo cual les hizo publicarla en Parsifal. Leída hoy en día, sorprende por su mezcla de buen juicio y candor con respecto a la valoración que hacen de la situación de la cf española en el año 1994, y sirve de constatación de hasta qué punto las polémicas llegaron a condicionar el ambiente del fándom durante los primeros años 90.

Otro fanzine destacable de aquella «Generación del DIN A5» fue Núcleo Ubik. Editado por Julián Díez, Paco Canales, Héctor Ramos, Eugenio Sánchez y servidor, sólo editó dos números, uno de ellos doble, basó su existencia en la preponderancia de la letra sobre la ilustración, dio a conocer buenos artículos y relatos extranjeros (“La costa asiática”, de Thomas M. Disch“Gardenias” de Ian McDonald) y nacionales (entre ellos, “Los viejos días de la Contracultura”, de Carlos F. Castrosín“Enseñar a un marciano”, de Daniel Mares“Un racimo de infiernos”, de Joaquín Revuelta“R.V.”, de Eduardo Vaquerizo), se vio envuelto en las polémicas inevitables de la época y, aunque no logró plenamente sus propósitos de sacudir el fándom, sí es cierto que intentó recuperar parte del ambiente vanguardista que desarrollaron publicaciones como Zikkurath en los años 70, pero sin incurrir en sus excesos experimentales, y tuvo dos pruritos de seriedad bastante poco frecuentes en las publicaciones de la época: los editores nunca se autopublicaron relatos y el importe de las suscripciones fue devuelto tras el cierre del fanzine.

El primer número de Núcleo Ubik apareció en 1994, mismo año en que se estrenó la colección Cuadernos Espiral, la actual Espiral Ciencia Ficción. La colección editada por Juan José Aroz se acerca a la treintena de títulos publicados y se puede enorgullecer de ser uno de los escasos supervivientes de aquella época. En su catálogo se cuentan obras de Gabriel Bermúdez Castillo (Demonios en el cielo), Carlos F. Castrosín (Los subterráneos y Cinco días antes), Eduardo Gallego y Guillem Sánchez (Nina), Daniel Mares (Seis), José Miguel Pallarés (El ayer vacío), José Antonio Suárez (Nuxlum), Ángel Torres Quesada (Un paraíso llamado Ara) y Eduardo Vaquerizo (Rax). Espiral ha trascendido su filosofía inicial, que en cierto modo la convertía en editora natural de las novelas cortas destacables pero no premiadas del premio UPC, para convertirse en una fuente segura de novelas dignas de autores españoles, una de las colecciones ineludibles dentro de la fanedición nacional.

Opar fue otro de los buenos fanzines de los años 90. Este empeño personal de Alfredo Lara y Rosa Maroto siempre se distinguió por bordear el género, siempre en su vertiente más aventurera (de hecho, su subtítulo era «Aventuras y fantasía»). Publicó un relato memorable de Armando Boix“El noveno capítulo”, y “Sagalea”, un capítulo de la novela aún inédita de León Arsenal Máscaras de matar. Alfredo Lara editó sólo cuatro números de este fanzine preciosista, pero sus inquietudes lo llevaron a editar la colección Opar Narrativa de novelas cortas de manera artesana desde la mini imprenta de su domicilio. Uno de aquellos títulos fue Los abominables sucesos de la Casa Figueroa, de Julián Díez, una historia terrorífica con ambientación histórica (el Madrid decimonónico) y considerables elementos de gore. También editó Brumose, de Carlos F. Castrosín, en una colección, Opar Otras Singladuras, que no tuvo continuidad. La meticulosidad de Alfredo Lara le impidió seguir editando sus productos con la dedicación que requerían, lo cual es una gran pérdida para el fándom. Para compensar, tenemos su impecable labor como director de la colección Valdemar Histórica y prologuista de algunos títulos de la editorial Valdemar.

El último de los fanzines y publicaciones destacables del boom de la primera mitad de los 90 es Ad Astra. Sus editores fueron Armando Boix, Manuel Díez Román, Salva Huete y Xavier MercetAd Astra editó sus primeros números en formato disquete y, aunque no fue la primera publicación electrónica existente en el fándom español, sí fue la más consistente. Gran parte del equipo reunido por Armando Boix en la sección Matinée constituyó el germen de la revista Stalker sobre cine fantástico, que Boix dirigió entre 1998 y el 2000. La dedicación de Armando Boix a la revista, así como su carrera como escritor de novela juvenil, le restaron tiempo para Ad Astra, que abandonó el formato disquete y, coordinada fundamentalmente por Manuel Díez Román, pasó a alojarse en el portal de Internet Dreamers.

La primera mitad de la década de los 90 fue, pues, una edad de oro de los fanzines y publicaciones aún no superada ni en cantidad ni en calidad. Junto con los las publicaciones ya analizadas, cabe hablar de BucaneroCygnusEl GritoMundo ImaginarioSueño del Fevre Weird Tales de Lhork. A continuación hablaremos de dos publicaciones existentes por aquel entonces que han llegado hasta nuestros tiempos: Gigamesh Artifex.

Gigamesh arrancó como fanzine en 1985. Su editor, Alejo Cuervo, regentaba una parada de venta de libros de segunda mano en el barcelonés mercado de Sant Antoni, al tiempo que dirigía las colecciones de fantasía y ciencia ficción de Martínez Roca. Andando el tiempo, habría de regentar la librería Gigamesh, única en España especializada en género fantástico y, durante los primeros años de negocio, la única librería que compartía actividad con la venta de cerámicas. Los doce números de Gigamesh fanzine se caracterizaron por unos contenidos más cuidados de lo habitual, casi exclusivamente centrados en el ensayo. También se consolidaron los premios Gigamesh, cuya primera convocatoria, auspiciada por la revista Cimoc, data de 1984, y que se mantuvieron ininterrumpidamente hasta el año 2000. Las papeletas de votación de sus sucesivas ediciones son tal vez el baremo más fiable para medir el estado del mercado editorial durante la década y media en que existieron estos premios, permiten comprobar la cantidad de obras y colecciones (con la primacía de las colecciones de Martínez Roca durante los últimos años 80 y el casi monopolio de Nova CF durante los 90), la popularidad de los fanzines (el equilibrio entre Tránsito y Cuasar en los 80 y el monólogo de BEM en los 90), la participación de los votantes (con picos superiores a los 100 votos en numerosas convocatorias, barrera que los Ignotus rompieron muy recientemente), la debacle del género de terror en España (todas las categorías desiertas en las últimas cinco convocatorias) y, lo más significativo para lo que nos ocupa, el auge de la ciencia ficción española, ausente de todas las papeletas de votación hasta el año 1994, en que se registró el primer triunfo de un autor nacional (Estado crepuscular, de Javier Negrete), y continuado desde entonces, con el reconocimiento de los votantes a autores como César Mallorquí, Ana María Matute o Félix J. Palma.

Con el crecimiento de la librería, que organiza la expedición de veinte aficionados a la WorldCon de La Haya en agosto de 1990, acoge sesiones de firmas de autores internacionales de reconocido prestigio (Robert Silverberg, Terry Pratchett, Michael Moorcock o Angélica Gorodischer) y canaliza los esfuerzos humanos conducentes a la celebración de la primera HispaCon después de un decenio largo de sequía, Gigamesh se reformula. Durante el bienio 1991-1992 aparecen tres números con un nuevo formato de revista, tirada muy amplia, pago de colaboraciones, contenidos relacionados con todos los ámbitos del género fantástico (literatura, cine, vídeo, cómic, juegos…) y material de magnífica calidad. En 1994, Gigamesh reaparece con un número 4 en el que Julián Díez se estrena como director, cargo en el que continuará hasta el número 31, en el 2002. La labor de Julián Díez al frente de Gigamesh es crucial, al cuidar hasta el extremo todos los detalles de una publicación que se convierte en la más sólida del fándom y punto de referencia inexcusable. Se publican los primeros relatos en España de los autores más representativos del género fantástico reciente (Ted Chiang, Greg Egan), se potencia la presencia de autores nacionales (con relatos importantes como “Círculo de hombres”, de León Arsenal“El sueño de la razón”, de Armando Boix“Entre líneas”, de José Antonio Cotrina“Días de tormenta”, de Ramón Muñoz“Escurzón“, de José Miguel Pallarés), se acostumbra a los lectores a leer ensayos clásicos sobre el género y se forma al equipo de críticos y ensayistas mejor preparado de la historia del género en España, que colabora más allá de la revista Gigamesh (véase el ensayo Las cien mejores novelas de ciencia ficción del siglo XX, La Factoría de Ideas, 2001).

La consolidación de la revista permite expandir el negocio. En 1998 se lanza la revista Stalker, especializada en cine fantástico y con Armando Boix como director, sustituido en el 2000 por Alejandro Salamanca y un año más tarde por un servidor. Ediciones Gigamesh inaugura su colección de libros en 1999, alternando novedades con reediciones. En el 2001 abre una tercera revista, Yellow Kid, dirigida por Rafael Marín y centrada en ensayos sobre cómic. En el 2002, Julián me cede el testigo en la revista Gigamesh. Sin embargo, no desaparece del fándom. Aparte de la coordinación de los libros de ensayo de La Factoría de Ideas, Julián selecciona la Antología de la ciencia ficción española. 1982-2002, que constituye un hito para el género en España: es el primer título español editado por Minotauro, abre el camino a la publicación de otros trabajos (La espada de fuego, de Javier Negrete) y reúne, por primera vez para muchos aficionados de reciente incorporación al fándom, los relatos más representativos de la ciencia ficción española en el periodo transcurrido desde la publicación de Lo mejor de la ciencia ficción española, la selección de Domingo Santos, de la que el trabajo de Julián Díez se puede considerar una continuación cronológica y una magnífica piedra de toque para comprobar la evolución del género en España. Por último, Julián colabora con Luis G. Prado como coantologista de Artifex Segunda Época.

El fanzine de Luis G. Prado evoluciona lentamente pero a paso firme durante la segunda mitad de la década de los 90. De ser un fanzine más, bajo la denominación de El Fantasma, amplía progresivamente sus miras y su ambición y pasa a denominarse Artifex, aunque manteniendo la numeración de su precursor. Con su formato DIN A4, se convierte en el punto de referencia de los autores nacionales. Su número 16 todavía ostenta el privilegio de ser el número individual de publicación que más candidaturas ha obtenido en una papeleta de los Ignotus. Durante este periodo de crecimiento (1996-1998), El Fantasma Artifex sientan las bases del actual Artifex Segunda Época, antologías de relatos españoles y de autores de lengua castellana en formato libro de bolsillo. Como coeditor figura Julián Díez y, a lo largo de sus cinco años y diez números, se puede afirmar sin temor a engañarse que es la fuente principal de buenos relatos nacionales. En las páginas de las publicaciones de Luis G. Prado (con o sin Julián Díez como compañero de fatigas editoras) han aparecido algunos de los mejores relatos de León Arsenal (“En las fraguas marcianas”), Armando Boix (“El Uno inefable”), Daniel Mares (“Gómez Meseguer y el ogro Santaolaya” y “Los herederos”), Rafael Marín (“La canica en la palmera”“La sed de las panteras” y “La piel que te hice en el aire”), Ramón Muñoz (“El paso del mar calmo”, “Las sombras peregrinas” y “Bajando“), José Miguel Pallarés (“Nuestra Señora de la Vela”), Félix J. Palma (“Amor interactivo”“Aquel tren donde fuimos tan felices”“Reflejos”“Los desprendidos” y “Morir en la bañera y otras lamentables casualidades”), Joaquín Revuelta (“Si pudieras ver Niágara”) y Eduardo Vaquerizo (“Seda y plata”“Una esfera perfecta” “Negras águilas”).

Todavía se produce un nuevo crecimiento: Luis G. Prado se atreve a editar libros. La colección Artifex Minor es un banco de pruebas, del que salen títulos tan recomendables para el estudioso del género en España como los dos volúmenes de Cuentos de la Tierra Vaga, de Enrique Lázaro, y De Profundis. Antología crítica de literatura fantástica, que reunía seis relatos de autores españoles significativos del periodo (León Arsenal, Eduardo Vaquerizo, Daniel Mares, Félix J. Palma, Carlos F. Castrosín y Armando Boix), seguidos de otros tantos ensayos bio-bibliográficos sobre los autores, obra de Ramón Muñoz y servidor. El siguiente salto es la colección Artifex Estelar, en la que se publica a Juan Miguel Aguilera y Rafael Marín (Contra el tiempo), Ángel Torres Quesada (Sombras en la eternidad) y la serie de space opera camp formada por Piscis de Zhintra y Piscis: Arena, de Víctor Conde. A estas alturas, Luis G. Prado ya tiene en marcha la web Bibliópolis, acaso la página de crítica literaria sobre género fantástico más importante en lengua castellana, dirige los siete números de la revista 2001 (uno de los puntales del género durante año y medio, junto con Gigamesh y Solaris) y pone en marcha la colección Bibliópolis Fantástica. Se puede afirmar que, por actitudes y aptitudes, Luis G. Prado va a desempeñar un papel crucial dentro del desarrollo del género en España en los próximos años, del mismo modo que Domingo Santos marcó las décadas de los 70 y 80, Miquel Barceló hizo lo propio con los 90 y Julián Díez está marcando los años del cambio de milenio.

El panorama de los fanzines y revistas no queda ahí. Los últimos años de los 90 ven surgir nuevas publicaciones, algunas de las cuales se mantienen hasta la actualidad. No faltan las publicaciones en formato electrónico. Acaso la más original sea Qliphoth, coeditada por Santiago Eximeno y Francisco Ruiz y consagrado a las mitologías. No es la única: ahí están The Plague (de Javier Álvarez Mesa y José Antonio del Valle) y Pulsar (de Sebastián Font y Juan Carlos Valero), por ejemplo. También abundas las páginas web con contenidos más literarios, como la citada BibliópolisAlephNGC 3660, la cada vez más pujante Cyberdark y las ya clásicas El Sitio de Ciencia Ficción y El Archivo de Nessus.

Entre las publicaciones que se han afianzado en los últimos años, resulta inevitable hablar de ValisSolaris y PulpMagazine, como punta de lanza de un fándom en el que existen otras iniciativas, ya sean fanzines o boletines asociativos, como DataFinis TerraeFramauroLa PlagaLovecraft MagazineMenhirNitecuento y Nexus.

Valis inició su andadura como El Melocotón Mecánico. El crecimiento del fanzine granadino editado por Raúl Gonzálvez del Águila intenta seguir un modelo muy similar al de Artifex. Una vez consolidado el fanzine, Gonzálvez del Águila da el salto y lo refunda como Valis, con formato similar al de una revista, lomo pegado y mayor ambición en los contenidos, que alternan críticas, artículos y relatos nacionales y extranjeros. Junto con el cambio de denominación, edita una colección de libros, Albemuth, que hasta el momento ha publicado títulos de autores destacables como Eduardo Vaquerizo (Mentes de hielo y noche), Daniel Mares (Una luz en la noche) y José Antonio Cotrina (Mala racha) y va a comenzar a publicar autores extranjeros, con Greg Egan (Teranesia) como plato fuerte.

Solaris es un producto de La Factoría de Ideas. La editorial de Juan Carlos Poujade, especializada en cómic y juegos de rol, se plantea hace unos años entrar en el mercado de la literatura fantástica «de calidad» y lo hace lanzando casi simultáneamente la revista Solaris (dirigida primero por León Arsenal y en la actualidad por el propio Poujade) y la colección Solaris FicciónSolaris está enfocada a un público amplio y ofrece información abundante, reseñas breves no menos abundantes y artículos divulgativos. Es, como bien señala su subtítulo, una «Guía bimestral de literatura fantástica» y, en un panorama expansivo del género como el actual, parece estar jugando bien su baza como elemento captador de lectores para el fándom. Esta captación se puede producir bien a través de las tiendas especializadas en cómic y juegos de rol (el público natural de Solaris), bien a través de los kioscos, mediante revistas como las difuntas Asimov de Megamultimedia, Pulp! de Sulaco Ediciones y 2001 de Equipo Sirius, o la actual Galaxia, también de Equipo Sirius, dirigida por León Arsenal.

PulpMagazine es el ejemplo más acabado de un fenómeno que podríamos como postmoderno: el redescubrimiento de la literatura fantástica pulp española de los años 50 a 70, los llamados bolsilibros o «novelas de a duro».  Hacia mediados de la década de los 90, en paralelo a los intentos rupturistas que propiciaban fanzines como Núcleo Ubik, se redescubre la Saga de los Aznar, obra de Pascual Enguídanos (con el seudónimo G.H. White), el resto de los autores españoles de bolsilibros (Alan Comet, Louis G. Milk, Clark Carrados…), la más rancia space opera anglosajona (E.E. «Doc» Smith, E.R. Burroughs, Jack Williamson) y en general toda la tradición puramente escapista de la ciencia ficción. Este movimiento está auspiciado por una generación de aficionados de cierta edad, generalmente de posición económica acomodada y coleccionistas inveterados. Pedro García Bilbao pone en marcha Ediciones Silente, que publica un interesante ensayo a medias con Carlos Saiz Cidoncha (La gran saga de los Aznar), reedita algunas de las novelas de la serie de Enguídanos, pone en marcha una colección dedicada a novelizar actualizaciones de la Saga por parte de jóvenes autores enamorados de la serie (Carles Quintana, Mario Moreno) y aglutina a su alrededor y el de la web El Sitio de Ciencia Ficción un grupo de aficionados que comienzan a organizar las denominadas AznarCones. Dentro de este grupo destacan José Carlos Canalda, autor de un ensayo erudito, bien documentado y fundamental para entender la época de los bolsilibros (Luchadores del Espacio. Una colección mítica, PulpEdiciones, 2001), el tándem formado por Eduardo Gallego y Guillem Sánchez (con su serie del Unicorp) y el ya citado Mario Moreno.

Pero Silente es una pequeña editorial consagrada a las fanediciones. Este grupo de aficionados necesita una publicación donde dar a conocer sus trabajos y su labor de rescate nostálgico. El medio es PulpMagazine y su factótum es Román Goicoechea. A lo largo de ocho números, el fanzine crece, alcanza unas tiradas superiores a las de algunas revistas especializadas semiprofesionales y crece, con la publicación de separatas que contienen novelas íntegras y, más tarde, con el lanzamiento de varias colecciones simultáneas bajo el sello PulpEdiciones. El ritmo de edición de PulpEdiciones es equiparable al de editoriales grandes como Minotauro y netamente superior al de, por ejemplo, Nova CF y Ediciones Gigamesh. Junto con su tarea de rescate de clásicos de la era del pulp, en los últimos tiempos están reeditando obras completas de Fritz Leiber y han lanzado una colección de novelas cortas de autores españoles que incluye las ya necesarias reediciones de Estado crepuscular, de Javier Negrete, y Seis, de Daniel Mares.

El fenómeno de recuperación de títulos españoles tiende a incrementarse en los últimos años. Parece que la literatura fantástica de los años 70 a 90 ha producido un fondo suficiente de obras de interés, un llamémosle canon que, a estas alturas, está en condiciones de ser reeditado periódicamente sin que ello suponga riesgo comercial alguno, para que lo conozcan las nuevas generaciones de aficionados. Siguiendo esta lógica, se han reeditado Mundos en la eternidad, de Juan Miguel Aguilera y Javier Redal (Equipo Sirius), El Señor de la Rueda (PulpEdiciones) y Viaje a un planeta wu-wei (Asociación Avalon), de Gabriel Bermúdez CastilloLágrimas de luz, de Rafael Marín (Ediciones Gigamesh), los cuentos de Tierra Vaga, de Enrique Lázaro (Artifex Ediciones), La plica de Balbino el Viejo, de Gerardo Muñoz Lorente (Equipo Sirius), Estado crepuscular, de Javier Negrete (PulpEdiciones) y la Trilogía de las Islas (Timun Mas) y la serie del Orden Estelar (Ediciones B Robel), de Ángel Torres Quesada.

Paralelamente, el mercado de novedades españolas parece asentarse, no sólo en el ámbito de la fanedición, sino en el de las colecciones especializadas. Nova CF publica todos los años de la década de los 90 al menos un título español, además de los volúmenes con los premiados en el premio UPC. Minotauro parece seguir sus pasos. La evolución de los autores ha sido positiva y, cierto, aún queda mucho camino por recorrer, pero en líneas generales la situación es mejor que la existente a principios de los 90. La creatividad y fuerza que se han perdido en el camino han sido sustituidas por un mayor oficio.

La generación de los autores de Nueva Dimensión tal vez sea la que peor parada ha resultado en este periodo. Domingo Santos, el motor del género entre los años 60 y 80, prácticamente no ha escrito material nuevo destacable, salvo el relato “Mi esposa, mi hija”. Carlos Saiz Cidoncha publicó su mejor obra, Memorias de un merodeador estelar (Miraguano), una entretenida space opera narrada con lenguaje de novela picaresca. Gabriel Bermúdez Castillo publicó Salud mortal (Miraguano), Instantes estelares (Miraguano) y Demonios en el cielo (Espiral CF). Ángel Torres es el autor de esta generación que más novedades ha reeditado (las series del Orden Estelar Las Islas del Infierno), publicado y (dato muy importante) escrito: Los vientos del olvido (Gadir CF), La dama de plata (Júcar), Sombras en la eternidad (Artifex), Un paraíso llamado Ara (Espiral CF) y Wyharga (Miraguano). En general, no han aportado nada nuevo a la ciencia ficción de los últimos diez años.

Por el contrario, la «generación perdida», los autores que crecieron literariamente tras el cierre de Nueva Dimensión y el consiguiente decenio de hibernación del fándom, ha obtenido un rendimiento ascendente.

Rafael Marín, tras escribir una de las novelas clave de la ciencia ficción española (Lágrimas de luz), comenzó la década de los 90 ganando el primer premio UPC (“Mundo de dioses”) y publicando su obra más ambiciosa, La leyenda del Navegante (Miraguano). Tras un periodo de reflexión y desengaño, plasmado en algunos artículos en los que prácticamente renegaba del fándom, inicia la década del 2000 con una hiperactividad impresionante: a su labor como traductor añade las de guionista de cómic, director de la revista Yellow Kid y recupera la fe en sí mismo como escritor, ofreciendo sus mejores cuentos (recopilados en La sed de las panteras y otros relatos), dando el salto a la novela costumbrista y, en resumen, mejor estilista y argumentista que nunca. Junto con Ángel Torres Quesada, Rafael Marín se mantiene como la punta de lanza de la siempre interesante y muy activa ciencia ficción gaditana, con autores como Félix J. Palma (“Mi última noche con Donna”“Reflejos”“María Calaveras”“Aquel tren donde fuimos tan felices”“Morir en tu bañera y otras lamentables casualidades” y “Los desprendidos”) o Joaquín Revuelta (“Más tequila” y “Un racimo de infiernos”), ensayistas como Ángel Olivera y editores como Luis G. Prado. Otro autor andaluz destacable es el malagueño Juan Antonio Fernández Madrigal, poseedor de un registro propio muy interesante.

Elia Barceló publicó una antología de sus relatos de los 80 (Sagrada), una novela tan controvertida como inocua (Consecuencias naturales), algunos relatos magníficos (“La estrella” y “Ritos”), un libro de ensayo sobre la obra de Julio Cortázar (La inquietante familiaridad) y a continuación se sumió en un silencio narrativo, casi paralelo al de Rafael Marín, que se rompió con una nueva etapa en su carrera, alternando la escritura de novela juvenil con una fantasía madura de altos vuelos, muy pulcra estilísticamente y alejada de experimentalismos anteriores que la equipara con los mejores autores de género fantástico nacional. La publicación de El vuelo del hipogrifo (Lengua de Trapo) puede ser un primer paso para convertir de verdad a Elia Barceló en aquello que, para publicitar su obra a primeros de los 90, se repitió hasta la saciedad: la gran dama de la ciencia ficción española. Por desgracia, Elia Barceló es la única escritora consistente de género fantástico del fándom. Las publicaciones especializadas nunca han parecido atraer a las autoras, con contadas excepciones como la propia Elia Barceló, Adolfina García, Georgina Burgos o Susana Vallejo; las tres últimas, por cierto, inactivas desde hace años. Este desinterés contrasta con el hecho de que el soporte del mercado editorial en España sea precisamente el público femenino, lo cual, dicho sea de paso, podría explicar la condición de ghetto de la ciencia ficción y sus aún escasas cifras de venta. Parafraseando a Julián Díez, quien afirma que si el género no vende en España tal vez se deba a que carecemos de un Michael Crichton nacional, a lo mejor sería necesario disponer también de una Anne Rice autóctona. Sólo así se conseguiría movilizar al público femenino, por otra parte crecientemente activo en las publicaciones, concursos literarios y actos del fándom y equiparar su subrepresentada presencia a la que tienen en el género fantástico español mainstream, con autoras como Cristina Fernández Cubas, Carmen Martín Gaite, Ana María Matute o Pilar Pedraza. Otra posible vía de escape podría ser la elegida por Elia Barceló, centrarse en la literatura juvenil, y en ese sentido la obra de Laura Gallego (El Valle de los Lobos) podría servir de aviso para navegantes.

Juan Miguel Aguilera ha abierto otros dos caminos que pueden contribuir a profesionalizar el género fantástico español: el mercado extranjero y el guion cinematográfico. Las dos novelas del ciclo de Akasa-Puspa escritas a dúo con Javier RedalMundos en el abismo e Hijos de la eternidad, fueron saludados en su momento como el punto culminante de la ciencia ficción española y, pese a que literariamente dejaban que desear, lo cierto es que marcaban distancias con respecto a lo que se había hecho hasta aquel momento, tanto por la ambición temática como por el marco tan perfectamente planificado de las obras como por la respuesta del público. Los primeros años 90 vieron la publicación de otras narraciones (“Ari, el tonto”En un vacío insondable, “Maleficio”), literariamente más satisfactorias pero que agotan la fórmula. Tras la fallida El refugio, Aguilera y Redal disuelven su tándem narrativo y, a partir de ese momento, el primero explota como ilustrador y escritor. El relato “El bosque de hielo” es probablemente la mejor narración de ciencia ficción hard de todos los tiempos. La locura de Dios constituye un meritorio intento de fantasía histórica con componente científico, aventura, viajes y personajes históricos (Ramón Llull), que ayuda a Aguilera a salir fuera de España, en concreto al mercado francés, donde ha publicado Rihla (una ucronía que da la vuelta a la conquista de América) antes que en España. Además, Aguilera ha probado suerte con el guión cinematográfico, con StrandedNáufragos, que fue dirigida por María Lidón «Luna» y novelizada por el propio autor, en colaboración con Eduardo Vaquerizo. Pese a no ser un gran estilista, Aguilera es el autor más ambicioso de la ciencia ficción española, por ello no sorprende su proyección internacional.

El último de los autores relevantes de la «generación perdida» es Joan Carles Planells. Después de publicar relatos tan interesantes en los escasos fanzines que funcionaban durante la década de los 80 (“¿Cómo mataremos la tarde del domingo?”, en Cuasar) y escribir alguna novela aún inédita, se centra en sus labores de corrector de estilo y articulista, con varios trabajos realmente meritorios que aparecieron en las páginas de BEM. Hacia mediados de los 90 aparece su novela El enfrentamiento (Miraguano), una inteligente sucesión de líneas temporales paralelas en torno a una Cataluña alternativa, y unos cuantos relatos de auténtica calidad, entre los que destacan “Otro día sin noticias tuyas”, “Postales del laberinto”“De muerte y dolor” y “Una oveja negra y varios lobos”. Realmente es una lástima que Planells no se prodigue más, su estilo inconfundible hace de él uno de los autores más personales de la ciencia ficción española y nos hace recordar a toda una generación de autores como Juan José Parera (“La amenaza”), Fernando Fuenteamor y Roberto R. Toyos que, de haber perseverado, podrían haber hecho que el boom de los 90 se produjese antes.

La generación de autores surgidos en los años 90 tiene una proyección de futuro aún mayor que la «generación perdida», aunque no todos han alcanzado la cima de sus posibilidades. Existe un consenso generalizado en considerarlos como la mejor generación de autores de la ciencia ficción española y, aunque el peso de los Marín, Barceló, Aguilera y Planells es mucho, lo cierto es que de aquí a unos años podrían superarlos en logros y en calidad.

Resulta obligado comenzar con una referencia a César Mallorquí. Se puede decir que Mallorquí convulsionó el fándom de los 90 con una serie de relatos absolutamente modélicos, recopilados casi todos ellos en el libro indispensable para entender el género en España durante los últimos quince años: El círculo de Jericó (Nova CF). La experiencia de Mallorquí en los campos publicitario y de guion televisivo se plasma en una serie de historias muy bien estructuradas y resueltas, escritas con un lenguaje directo y un estilo ágil, una ambientación casi siempre en tiempo presente que les hacía ganar en inmediatez y les confería un aire de reportaje que en cierto modo acercaba la ciencia ficción española del momento a la muy olvidada (y querida por Mallorquí) Nueva Ola. No hay más que leer “El rebaño”“La pared de hielo” o “El decimoquinto movimiento” para darse cuenta de que nos hallamos ante un autor que podría perfectamente ser profesional en el mercado anglosajón. Éste es el concepto clave de la obra de Mallorquí: se vale de las técnicas narrativas de la Nueva Ola y, en general, de toda la buena ciencia ficción anglosajona de los años 60 y 70 para, a continuación, ambientar las tramas en España (la Barcelona de “La casa del doctor Petalo”, su cumbre literaria, o el Madrid ucrónico de “El coleccionista de sellos”) o introducir personajes típicamente españoles, como el gitano Gedeón Montoya que protagoniza “El mensaje perdido” y La vara de hierro. Si Aguilera es el abanderado del trasvase de autores españoles a mercados extranjeros, Mallorquí fue la avanzadilla del fándom en la literatura juvenil, en la que ha cosechado dos premios Edebé y un Gran Angular y publicado media docena de novelas, algunas de ellas tan buenas como sus buenos relatos de género fantástico (La fraternidad de EihwazLa catedral o Las lágrimas de Shiva). No podemos olvidar la labor ensayística de Mallorquí, que tal vez haya pasado desapercibida pero ha influido en buena parte en el acercamiento de la crítica especializada y los organizadores de las últimas HispaCones a los autores españoles de género fantástico ajenos al fándom.

El otro puntal de la literatura fantástica española de los 90 es Javier Negrete. Su maestría en el campo de la novela corta (es habitual en el palmarés del premio UPC), así como su interés en acercar los subgéneros clásicos del fantástico (la fantasía heroica y la space opera) a la antigüedad clásica (es profesor de griego), le dotan de una marcada personalidad. Su retrato de personajes es probablemente el más consistente de todos los cultivadores españoles del género. Asimismo, resultan dignos de mención su versatilidad y un punto romántico que dota a sus obras de auténtica alma. A lo largo de esta década, Negrete ha escrito obras del calibre de “La luna quieta”Estado crepuscularNox perpetuaLa mirada de las furias (una space opera realmente versátil que homenajea a Jack Vance) y La espada de fuego (una fantasía heroica ejemplar, al nivel de los títulos anglosajones). Si ya nos hemos referido en un par de ocasiones a la frase que afirma que el género necesita un Michael Crichton español con quien el lector ajeno al mundillo pueda identificar a la ciencia ficción española, se puede afirmar que, con una mínima reescritura y suficientemente publicitado, Javier Negrete tiene todos los pronunciamientos para alcanzar este objetivo. Al igual que Mallorquí y Barceló, Negrete se ha adentrado en el género juvenil, con la encantadora Memoria de dragón (Edebé).

Si las extensiones largas han hecho importante a Negrete, la renuencia a escribir novelas es precisamente lo que ha impedido otorgar a León Arsenal el reconocimiento que se merece. Se puede afirmar que, junto con César Mallorquí, Arsenal es el cuentista por excelencia de la literatura española de fándom y su antología Besos de alacrán y otros relatos (Metrópolis Milenio) es otro de los libros de lectura inexcusable para quien desee hacerse una idea de qué es lo mejor de la producción nacional. El discurso postmoderno de Arsenal, sustentado en un conocimiento sólido de la época pulp del género y la edad de oro de la space opera (Vance, Burroughs) y una asimilación encomiable de los mecanismos de las últimas tendencias literarias, queda patente en relatos como “En las fraguas marcianas” “El centro muerto”. Arsenal se ha adentrado sin miedo en el terror (“Todas las noches”, “Círculo de hombres”), la space opera (“Besos de alacrán” y “El agente exterior”) y la fantasía de raíces hispanas (“Ojos de sombra”). En esta última vertiente, Arsenal tiene una novela inédita, Máscaras de matar, en la que mezcla hábilmente la fantasía heroica a lo Robert Howard con las tradiciones fantásticas españolas, en particular gallegas. Un desarrollo lógico de esta idea es la incursión de Arsenal en la novela histórica de aventuras, de la que hasta ahora ha publicado El hombre de la plata y Las lanzas rotas. La labor de Arsenal dentro del género no se queda ahí. Ha sabido crear un personaje a partir de su proverbial idiosincrasia (ex marino mercante, es el alma mater de la TerMa, conversador inveterado, reflexoterapeuta y echador de cartas), lo cual lo hace atractivo a efectos mediáticos, como prueban su labor de conducción del programa radiofónico La Compañía Interplanetaria y sus tareas de dirección de las revistas SolarisPulp! y Galaxia.

Nos hemos referido a la TerMa. Mallorquí, Negrete y Arsenal se deben en buena parte a la tertulia madrileña, pero no son los únicos autores de proyección que se han formado en torno al restaurante chino Kindu.

Pedro Pablo García May publicó algunos relatos interesantes (“Forastero en esta tierra”) para permanecer apartado del género durante unos años, dedicado a su labor periodística y a la escritura de libros divulgativos, antes de regresar a finales del 2003 con la publicación de una novela en Minotauro.

Carlos Fernández Castrosín es otro caso de autor apartado voluntariamente del fándom. Tras invadir las publicaciones especializadas durante el bienio 1994-1995, este devoto admirador de Julio Cortázar y J.G. Ballard ralentizó su ritmo de trabajo y pasó de escribir relatos en los que siempre destacó su manejo del punto de vista (“Los viejos días de la contracultura”“Desde el sol hasta el centro de la tierra”“Los que esperan”) a adentrarse en el terreno de la novela, con trabajos como BrumoseLos subterráneos Cinco días antes.

Daniel Mares, por el contrario, siempre ha permanecido dentro de las fronteras del fándom, lo cual es en cierto modo un desperdicio, pues las características de sus obras (ágiles, de escritura sencilla y, como quien dice, muy juguetonas) lo hacen idóneo para intentar el asalto del público juvenil. Novelas como Seis “La máquina de Pymblikot”, probablemente sus mejores trabajos en extensiones largas, merecen darse a conocer entre un público más amplio. Asimismo, perfeccionó involuntariamente el subgénero llamado «de cachava y boina» con su relato “Gómez Meseguer y el ogro Santaolaya”, deliciosa historia ambientada en una España alternativa en la que un cazador de recompensas intenta acabar con una amenaza monstruosa. Otras historias memorables de Mares son “Un candado para la caja de Pandora” “Los herederos”.

Ramón Muñoz es probablemente el más «anglosajón» de los autores de la TerMa, en el sentido de que la literatura fantástica que escribe es la que mejor ha sabido captar las últimas tendencias del género hecho en los países anglosajones, pese a lo cual ha sido capaz de escribir una historia tan típicamente española como “Las sombras peregrinas”, una visión muy tenebrosa de la España semimítica que ha hecho fortuna gracias al auge del subgénero de la «cachava y boina». Temática y literariamente, sus relatos no difieren en mucho de la ciencia ficción que se podría publicar en revistas como Interzone. Su relato más recordado es “Días de tormenta”, historia de la lucha de unos médicos voluntarios españoles en una Camboya cuya población adolescente está siendo diezmada por los efectos de las minas antipersonas. Siempre dentro de sus coordenadas personales y su pesimismo casi existencialista, Muñoz ha ido desgranando relatos meritorios como “El paso del mar calmo”“Bajando” o “Los cazadores de nubes”. Si lleva a buen término la novela que está escribiendo en la actualidad, podríamos estar hablando definitivamente de uno de los autores importantes de la ciencia ficción española de la década.

Eduardo Vaquerizo es un caso extraño. De formación técnica, destaca como uno de los mejores estilistas del género. Su relato “Una esfera perfecta” es un ejemplo de ambientación y de construcción de escenarios fantásticos. La novela corta Rax, tal vez su obra más conocida, presenta una vuelta de tuerca muy original sobre la temática de la realidad virtual. Es, al igual que Negrete, un autor muy versátil y disciplinado, pese a que aún necesita mejorar su técnica. Otras obras destacables de Vaquerizo son “Seda y plata”“Negras águilas” (buena muestra de su querencia por la historia alternativa), Mentes de hielo y noche y la novelización de Stranded.

José Miguel Pallarés proviene del mundo del cómic, donde fue guionista, y en la actualidad está más centrado en labores editoriales. Su producción literaria, marcadamente pesimista hasta límites casi autoparódicos, dio un giro con la publicación de una serie de relatos de fantasía relacionados con las leyendas aragonesas (otra vez la «cachava y boina») y en general con las tradiciones fantásticas madrileñas, terreno en el que ha publicado sus mejores relatos: “El catador”“Escurzón”“Una escasa diferencia” y “Nuestra Señora de la Vela”.

José Antonio del Valle es la cabeza visible de la última generación de autores provenientes de la TerMa y, sin duda, quien posee en estos momentos mayor proyección de futuro. Ha hecho fortuna con sus fantasías históricas, generalmente ambientadas en un mundo muy personal de franquismos alternativos y reconstrucciones muy escrupulosas desde el punto de vista histórico del primer tercio del siglo XX y sus protagonistas políticos. La guerra de África, el primer franquismo y la querencia por la ucronía configuran relato a relato un universo personal que, por temática y calidad literaria, hacen de él un firme candidato a dar el salto al mundo editorial  mainstream. Como coeditor del fanzine electrónico The Plague (y su hermano en papel, La Plaga), Del Valle está realizando una labor importante, al publicar a muchos de los jóvenes valores que están empezando a configurar el relevo generacional de la ciencia ficción española, con Santiago Eximeno, Luis Astolfi, Sergio Parra y Javier Álvarez Mesa como posibles valores seguros. El madrileño Lorenzo Luengo ha rozado el fándom, pero no ha terminado de caer en él, pues en el último año está empezando una brillante carrera de ganador de concursos mainstream que hacen suponer que la apenas decena de relatos de corte erudito publicados por él durante este bienio serán prácticamente toda su producción fantástica. Una pena: el fándom español todavía no está en condiciones de prescindir de alguien que ha escrito narraciones como “La paradoja de Barthes”“El proceso de los monos” o “Julius Wilson”.

Fuera del ámbito de la TerMa, el panorama es igualmente esperanzador. El asturiano Rodolfo Martínez ha sido durante años el autor más prolífico del fándom, y también el más popular, al compaginar su labor como escritor con tareas de articulista y animador de las listas de correo de Internet, así como organizador de las AsturCones. Tras publicar algunos relatos en los años 80, su talento se dispara a mitad de década de los 90 con sus relatos protagonizados por el entorno del hacker Vaquero y el universo referencial de Drímar“Un jinete solitario”, su obra fundamental, viene a unificar ambos escenarios y personajes, tarea que ya prefiguraban las novelas La sonrisa del gato (la más asequible del autor, ideal para comenzar su seguimiento) y Los celos de Dios. Junto con esta subserie, podemos hablar de otra, más experimental, compuesta por el relato “La carretera” y las novelas cortas “Un agujero por donde se cuela la lluvia” “Las brujas y el sobrino del cazador”. A medio camino entre ambas, Martínez escribió su novela más ambiciosa y fallida, Tierra de Nadie: Jormungand, en la que sólo destacaban sus primeras sesenta páginas. Otro bloque temático importante en su obra está constituido por los homenajes a Arthur Conan Doyle, que han dado la que probablemente sea su obra larga más conseguida: Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos (a reeditar por Bibliópolis Fantástica en el 2004). Junto con Martínez han madurado otros autores asturianos, el más destacable de ellos Javier Cuevas (que será recordado por relatos como “Contramedidas”“Ojalá pudiera olvidarte”“La torre de la serpiente” y sus heterodoxas conferencias desmitificadoras) y José Luis Rendueles.

No podemos olvidarnos de Armando Boix. Ya hemos hablado de él al referirnos a sus labores editoriales, como director de Ad Astra y Stalker. Su erudición enciclopédica hace de él uno de los articulistas más brillantes del género en España. Como narrador, destaca por el empleo de elementos históricos mezclados con influencias de los grandes autores fantásticos de principios del siglo XX. “El noveno capítulo”, “El ayudante de Piranesi” “Wolfgang Amadeus Mozart, tú que estás en el infierno” recrean un mundo referencial a medio camino entre la actualidad y la narración histórica con elementos ocultistas o de terror puro. Su único relato destacable de ciencia ficción pura, “El sueño de la razón”, no deja de seguir el mismo modelo, sólo que suplantando el escenario histórico por un futuro próximo. En los últimos años, Boix dio el salto a la novela juvenil, con steam punks como El jardín de los autómatas y aventuras coloniales como Aprendiz de marinero, y ha reducido al mínimo su producción narrativa para el fándom, para pasar a escribir directamente para los mercados francés y alemán. Boix destaca entre los escritores radicados en Cataluña que comenzaron a escribir en los años 90, pero no es el único. Junto con David Soriano, Joan Antoni Fernández, Eugenio Barragán y Alejandro Vidal, el más destacable de estos autores es Manuel Díez Román, tal vez el autor ciberpunk por excelencia de la ciencia ficción española gracias a relatos como “Río de acero ardiente” “Cualquier noche puede salir el sol”.

José Antonio Cotrina es otro autor de fantástico que paulatinamente ha ido saliendo a las colecciones de fuera de género. El universo referencial de este vitoriano conjuga una fantasía erudita con homenajes a Antoine de Saint-Exupèry (“Entre líneas”) y cuenta en su haber con relatos importantes como el ya citado y “Lilith, el juicio de la Gorgona y la sonrisa de Salgari”“Soñando Soberbia” y “Tiempo muerto”, con la que ganó el premio UPC. Cotrina no es el único autor vasco (en torno a la TerBi o tertulia de Bilbao y la colección Espiral se ha constituido un núcleo de autores prometedores como Roberto Ruiz o David Calleja). En lo que eufemísticamente podemos denominar «resto del Estado español» desarrollan su obra autores como el albaceteño José Antonio Suárez (Nuxlum El despertar de NuxlumEquipo Sirius, y Rebelión en TeluraEdebé) y el canario Víctor Conde (la muy ambiciosa El tercer nombre del Emperador, ambientada en el Metaverso, que hace concebir esperanzas de que pronto nos ofrezca una novela importante y la más gamberra e intrascendente serie protagonizada por la desinhibida agente Piscis de Zhintra). Incluso fuera de nuestras fronteras, al igual que Elia Barceló (residente en Innsbruck, Austria), el talaverano afincado en Berlín José María Faraldo está dando rienda suelta a sus inquietudes folkloristas con relatos de la España rural como “Las Varillas” o “María la Mataculebras”.

El panorama de la literatura fantástica de fándom es, pues, variado y ofrece unas posibilidades realmente esperanzadoras de futuro. La amenaza de que el edificio se venga abajo continúa existiendo, pero poco a poco se van consolidando los cimientos para constituir un mercado profesionalizado que garantice la continuidad de todo el esfuerzo acumulado durante tres décadas. Enlazando con el chiste de la manzana arrogante con el que empezaba este ensayo, podemos afirmar que cuanto mejor es el estado de la narrativa fantástica de fándom en España, menos nos atenaza el ombliguismo autocomplaciente, más conscientes somos de que el fándom no es más que una parte del mercado de la literatura fantástica española y que ésta, a su vez, no es más que una parte del género, ni siquiera la más pujante, en absoluto la más rentable. Resultaría igualmente interesante hablar de esa literatura fantástica escrita fuera de las fronteras del fándom, poner en cuarentena las afirmaciones gratuitas acerca del carácter innovador del subgénero «de cachava y boina» (una manera como otra cualquiera de rebautizar la inmensa corriente fantástica española rural con elementos folklóricos e históricos, visible en las obras de autores gallegos como Álvaro Cunqueiro, Manuel Rivas y Suso de Toro y catalanes como Joan Perucho), dudar de la revolución que está suponiendo el auge de las ucronías «franquistas» en el fándom español (cuando En el día de hoy, de Jesús Torbado, llegó a ganar el premio Planeta), defender la compatibilidad entre los autores que a un lado y otro del ghetto propugnan un acercamiento a Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y otros renovadores del relato corto fantástico (Juan José Millás o José María Merino se entenderían muy bien con Elia Barceló, por ejemplo), argumentar con razones sólidas por qué toda la buena literatura de terror española se está escribiendo fuera del fándom (Pilar Pedraza, José Carlos Somoza o Cristina Fernández Cubas), defender a capa y espada Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza como la mejor novela paródica de ciencia ficción española o realizar por fin un análisis serio de la importancia de la novela juvenil (Joan Manuel Gisbert, Jordi Sierra i Fabra, José María Latorre), el nicho de mercado más prometedor y tentador a que puede aspirar cualquier aspirante a escritor fantástico que se precie. Son asuntos muy interesantes y, sin duda, merecerían un ensayo más extenso que el presente, pero se escapan un poco de la función inicial de estas apostillas a la tesis de Florence Behm, más enfocada a la ciencia ficción y fantasía producidas dentro del fándom. Sin embargo, no conviene perder de vista ninguno de estos aspectos, pues todos ellos son líneas de fuga que pueden ayudar a engrandecer la literatura fantástica española: el acercamiento entre autores de género fantástico de fándom y los ajenos a él no haría sino devenir en un apasionante intercambio de ideas, ambas partes saldrían beneficiadas y, más importante, tal vez descubriéramos que somos nosotros los interesados en que estas barreras sigan existiendo, en virtud de una especie de proteccionismo o aislacionismo que sólo contribuye a limitar las miras de la literatura fantástica en España.

La manzana del chiste sigue mirando hacia sus compañeras, erguidas en lo alto del manzano, con resentimiento y envidia por sus comentarios ponzoñosos acerca de su madurez (como si fuera algo malo), desengañada por haber madurado, por haberse caído del guindo, cuando en realidad debería estarles infinitamente agradecida por haber compartido con ellas su periodo formativo, enseñarles a perder el complejo de superioridad que da permanecer infructuosamente en lo alto del árbol, conminarlas a madurar sin que ello suponga elemento vergonzante alguno ni renuncia al lugar del que vienen y aceptar gustosa su sino natural, su papel en un ciclo natural que tal vez se haya demorado durante mucho tiempo. La literatura fantástica española del fándom ha alcanzado una encrucijada que, si todo va bien, nada se tuerce y sobre todo si sus protagonistas perseveran, puede ser definitiva. Puede que nunca vuelvan a darse las circunstancias actuales para asentar el género en España, configurar una serie de mecanismos estables que garanticen una continuidad y darlo a conocer tanto a los otros autores de literatura fantástica que escriben en España como a los lectores y editores extranjeros. Si hace diez años la tesis de Florence Behm se escribía en el momento más fascinante que hasta entonces había vivido la ciencia ficción española (un incipiente despegue de futuro incierto), su reedición en el 2003 llega en otro momento apasionante: el de saber si ese despegue se ha concretado en resultados concretos y estables. Aún nos falta perspectiva para saberlo. Tal vez el autor de las apostillas de la próxima reedición de este trabajo único nos pueda dar la respuesta.

 

FANZINES Y REVISTAS ESPECIALIZADOS  [INDICE]

Años

Números publicados

Fanzine-revista

Editores

Lugar

Características

 1966

1

2

6

Dronte

Vigil, Martínez, Santos

Se convierte en Ediciones Dronte

B

Dronte: pájaro de la Isla Mauricio exterminado
por los hombres.

Intento de establecer un contacto con aficionados extranjeros.

 fin
1967

7

Anticipación

Ed. Ferma

Vigil, Santos.

B

18,5´13. Agradable presentación.

Especie de colección de Ferma.

Relatos de todas las nacionalidades.

Desaparece por problemas administrativos

Primavera

sólo 1

La Yema del Huevo

Vigil

B

abril

 dic.
69

=45 meses

n° 100

 n° 84

=17 n°

CuentAtrás

Carlos Buiza

Md

50 % narración

15 % crítica

12 % informació

11 % ilustración

11 % estudio

Multicopista. 50 p.

P (periodicidad): 2,6 meses

abril

sólo 1

A Spaniard on the SF Works

Vigil

B

50 % info

30 % estudio

20 % narración

unas 10 p. en inglés para tomar contactos.

distribución europea

The Friendly BEM

Vigil

B

En inglés para tomar contactos.

Spainfan

Vigil

B

julio

abril 70

feb. 72

1

3

4

El Fantástico

(y científico) Torito Bravo

Vigil

B

65 % narración

27,5 % info

critizine de 4 p.

P: 17 meses

1968

enero

2otoño 82

1

148

Nueva Dimensión

Ed. Dronte

Director:
Santos

B

revista mítica de la CF en España

artículos, cartas, relatos info…

septiembre

abril 69

1

2

Sol 3

Vigil

B

75 % narración

15 % info

10 % ilustración

10 p.

diciembre

 julio
73

=56 meses

julio 69

1

29

1

Fundación

Minifundación

Jaime Rosal

B

44 % info

40 % narración

12 % ilustración


8 % estudio

16 p.

P: 1,8 meses

uno de los más longevos.

(¿todavía en 75?)

durante su servicio militar

1969

3enero

enero 70

junio70

marzo-junio
71

dic.71

abril
72

=40
meses

1

13

1

1

6

1

2

=22

Ad Infinitum

primera
época

boletín
de urgencia


” info

segunda
época

Ed. CLA

dirige Rodríguez Metón

luego C. Frabetti

B

50 % narración

27 % info

16 % ilustración


6 % estudio

24 p. 300 ejemplares.

P: 1,8 meses. Mensual el primer año.

Boletín del CLA

En la época, es el que alcanza mayor difusión.

A partir del nº 6, editado también en inglés.

diciembre

feb. 70

1

2

Epsilon Erídani

J.L. López, Fdo Saez, M. Darias, J.
Sabaté

Sta Cruz de Tenerife

50 % narración

24 % ilustración

18 % info


4 % estudio

46 p.

P: 2 meses

1970

4sept 69/feb 70

julio
73

75
por lo menos

1

11

Homo Sapiens

Jaime Palañá

Molins de Rey (B)

33 % narración

32 % info

15 % ilustración

10,7 % estudio

24 p.

P:
3,7 meses

mayo

sólo 1

Tránsito

J.L. Gorochategui

lA Coruña

70 % narración

17 % ilustración

12,7 % info

50 p.

mayo

0 (sólo 1)

Laser

Ed. CLA

dirige C. Frabetti

Md

37 % crítica

34 % estudio

14 % ilustración

14 % info

38 p.

septiembre

enero 71

1

2

Uuuuh !

CLA

Federico Sánchez

B

42,5 % narración

19,6 % ilustración

14,5 % estudio

11 % info

11 % crítica

26 p.

interés sobre todo hacia el terror, y también a la CF.

octubre

sept. 72

marzo 73

1

6

Cyborg

J.J. Cagigal,

J.Ma. Galiano

Reus

(Tarrag)

33,5 % ilustración

24 % info

19 % crítica

17 % narración

6,4 %estudio

36 p.

P: 4 meses

+ suplemento informativo Krakatuk
(cómic CF y F)

1971

5nov.

1

Lux Daemoniarum

J.I. Salazar

Vitoria

47 % narración info

33 % ilustración

13,8 % info

18 p.

1972

6oct.

0 (sólo 1 nº)

Space Rat

Jaime Palañá

87,5 % info

12,5 % ilustración

4 p.

1973

7marzo

sept.
73

1

=4

Nova Omega

J. Pallejá

Sustituye Cyborg

33% info

22% estudio

22% ilustración

20% narración

12 p.

1974

8primavera

79

abril
80

marzo
80

verano
82/83

1 (180 pts)

17

nueva
numeración

3/4

=6

Zikkurath

se
convierte en revista

Fco. Arellano

luego
Fuenteamor y C. Reñé. es el máximo responsable

Md

50 % narración

primeros nº de 30 p. y de mala calidad.

Elegido mejor fanzine europeo de CF en EuroCon IV en Bruselas en 1978.

Promueve tertulias y premios.

Especial atención a los españoles. Se orienta hacia la literatura
marginal (nova-expression y ficción especulativa). Constante presencia de la violencia, del sexo, de la droga y del rock‘n roll. Manera de escribir
diferente, crítica exacerbada.

carácter vanguardista

oct.

enero 75

1

2

Sword and Sorcery

M.A. Arenas de Pablo

colaboran J.L.González Lago, J.L.Fuentes,
R. González, Cidoncha, A. Salcedo

Md

42 % narración

26 % ilustración

26 % estudio

6
% info

25 p.

En un principio coeditado con Zikkurath.

Su n° 2 anunciaba su emancipación y aparición como Génesis

Dedicado a la F y CF

1976

9enero

=7
meses

1

=4 nº

Génesis

J.L.González Lago, M. Andrés,
M.A. Arenas…

Md

70 % ilustración

15 % narración

14 % estudio


3,5 % info

30 p.

P: 2 meses

Literatura y cómics de temas F.

Metrópolis

(Andal)

CF y F

Psicosis

M.L. Cuesta Capilla

Jaén

Terror y F

Wendigo

Asturias

Cómics

Entamu Galactica

Ángel de la Calle…

CF y F

sept.

Trip

J.V. Rojo

Val

 

 

1977

10

Xarabatz

J.J. López

Lejona

=«reunión en el bosque»

75 pts

Cómics, relatos, F.

sólo 1 n°

Ech-Pi-El

M.A. Barral García

B

 

 

Tarrakomix

Tarrag

Cómic con mucha referencia a la CF.

Módulo

Publicado por alumnos del Instituto
Juan de Garay.

Dirige Redal

Val

 

 

1978

11oct.

sólo
1 nº

Futura

J.L. González Lago

Md

Editado durante la H 78.

Ilustraciones y dibujos de F y CF.

Autores españoles y extranjeros.

1979

12marzo

dic.
83

1

=8

Blagdaross

A. Santos, P. Calleja, J.M. Nebreda.

luego, Alberto Santos y A. Gonzalo

Md

P: irregular

Calidad de textos y maquetación.

Predominan narrativa F e ilustraciones.
También cómics, artículos sobre F, CF, F heróica, terror…

A principios, fundamentalmente Lovecraft

verano

(poca vida)

El Jarabe Pulmonar

Asociación de CF y F de la facultad
de Ciencias Geológicas de la Complutense

Md

75 pts

CF, relatos, poesía, bastante cómic.

Todo de autores nacionales, excepto
un par de cosas extraídas de la revista OMNI

sólo 2 n°

Fanzine de CF, Droga, Muerte y el
Mundo

J. Gómez García, Fco García

miembros de la SECF

Md

Formato folio

Tendencia marginal

El Fanzine de la CF Española

.J. Aroz González

Bilbao

Dedicado enteramente a autores nacionales

se transforma en If

sólo 3 n°

If

Ficción especulativa, nova-expression

participan autores extranjeros

en el n° 4, =Caos

+

otoño

1

=3 n°+1 extra

Terminal

Lorenzo Díaz

Md

27´20. 60 p. 150 pts.

Predominan las ilustraciones de gran
calidad, críticas, artículos sobre ilustradores, dibujos de cómic, escritores
de F y CF, traducciones de relatos.

Parecido a Fan de Fantasía

oct.

84

1

=8 nº

Space Opera

M.A. Martínez

Md

80
a 120 p. 325 pts.

Fanzine de lujo. Portada a todo color.

Relatos españoles y extranjeros, artículos
y numerosas ilustraciones.

CF clásica y contenido que fue mejorando

Publicó novelas integras y ensayos.

matrimonio: desaparece

oct 79/ enero 80

junio 83

1

=8 nº +

7 boletines de info

Fan de Fantasía

J.L. González Lago

Md

20´27. 60 p.

n° 1 =200 pts. Hasta 500 o 600 pts.

P: irregular

Calidad de papel e impresión.

Mención en la H 79 y mejor fanzine del año 1980 (Mecanoscrítica)

Artículos, críticas sobre CF y F, con numerosas y magníficas ilustraciones, cómics… españoles y extranjeros.

Muchos artículos de Cidoncha, E. Serra, J.M. Lalanda, J.C. Planells.

desaparece por problemas eco.

1980

13enero

verano/fin

81

1

=4 nº

Morpho

Carlos Aguilar

Md

30´20. 40 p.

calidad de impresión

primer fanzine dedicado al cine F.

principios

finales

1

(=nº4 de If)

=desap.

Caos

J.J. Aroz, R.R. Toyos, P. Gutiérrez
=grupo Caos

Bilbao

utiliza nuevos conceptos: ficción
especulativa.

dedicado enteramente a autores esp.

relatos, artículos.

desaparece por problemas eco.

sólo 1 nº

Future-Vision-1

Carmelo Rosales

Las Palmas de G.C.

21´15. 16 p.

sólo 20 ejemplares

!!Pompóm!!

formato reducido

Gnomo

Juan Gascón

Aldaya

(Val)

22´16. 32 a 44 p. 25 pts.

CF y F de esp.

ilustraciones de Morata, Molero…

sólo 1 n°

Los Mitos de Cthulhu

publicado por Fan de F

Md

Fanzine especial con artículos,
relatos, bibliografía.

oct

0

=4 nº

Transylvania Express

Salvador Sáinz

Reus

(Tarrag)

24´17. 60 p.

Cine CF y F

edita
también un boletín informativo.

finales

sólo 1 n° (?)

Marginalia

Fco Arellano

Md

entre libro, antología y revista

dedicado a literaturas marginales

gran calidad de textos

CF, F pura, heroic-F, sobrenatural…

relatos, cómics, críticas

finales

Mecanoscrítica

Luis Salvador

B

21´15. 44 p. P: muy irregular

critizine

CF, críticas de libros, cine, juegos,
cómics

A partir de feb. 81

dic.

verano
82

84

1

7

8

Kandama

Miquel Barceló

B

21´15. 124 p. P: trimestral.

impresión en offset.

Casi revista profesional. Estilo ND.
vitalidad y entusiasmo

CF, críticas, artículos,
relatos, noticias

muchos autores esp.

1981

14principios

junio 83

oct. 83

nov. 84

 

hacia 90

1

5

6

7

=14 nº

Maser

J. Y J.J. Parera

Md

21´15. 60 p. 150 pts. P: irregular

Impresión en offset

como Kandama en Md.

Orientación asimoviana.

uno de los mejores fanzines por contenido

Todo de autores esp.

relatos, ilustraciones, artículos

en junio de 1983, convoca un concurso de ilustraciones y relatos.

junio

3

=3

Blake-Hole

Carmelo Rosales

Las Palmas de G.C.

21´15

brutalmente interrumpido por mili

Bitzkrieg Bop

Josep Ma. Casasús Rodó

Tarrasa

(Catal)

24 p. 75 pts. fotocopias

música, cómics, CF

=2

Water Cosmik

J. Gimenez, G. Muñoz

Md

50 pts

mayoría de cómics, relatos
poesía, CF.

Zero Cómics

Equipo Zero y Anella y A. García

B

24´17. 60 a 70 p. 150 pts.

jóvenes dibujantes de calidad (Toni
Garcés, Morata…). CF y F

Uribe

Agustín Jaureguizar

Md

folios grapados con textos a fotocopia,
distribuidos gratuitamente a editores…

sólo 1 n°

Neutrón

S. Palos Domenech

Tarrasa

(Catal)

11´7,5

minifanzine

sept.

3

Gothic

Eduardo Escalante Avila Ruy Riva

Md

Mediocre impresión, pero entusiasmo
e interesantes temas de cine CF y F

oct.

84 =fin

1

Terminal: Autores de Cómic

Lorenzo Díaz

Md

Sustituye Terminal y dedica monográficos
a autores de cómics.

finales

Bathory

M. Lapuesta Mediavill

Viscaya

Cine CF y F

finales

nov. 83

mediados 91

1

11

=18 n°

Tránsito

Alejo Cuervo

A finales del 84, J.M. Ortiz, J.C.
Planells…

B

21´15. 80 p. P: irregular

Fanzines excelente de los más perdurables
y heterogéneos, con carácter propio. Denso en calidad

noticias, críticas, cine, música,
polémicas, correo, ilustraciones, radio, premios, convenciones… sobre
CF y F

1982

15abril

5

Alien

Ed. Cedisa 

112 p. 300 pts.

buena composición, interior a color,
pero nada nuevo.

finales

sigue en 87

11

Opción

Luis M. Pérez Armendi, Pedro M. Rodrigo

Santurce

Vizcaya

tradición «pulp» por su presentación.

primer fanzine con subvención municipal

Literatura y ficción

sobre todo intención de literatura marginal

Relatos, artículos, poesía

todo de esp.

1983

16principios

1

=2

S/F

Carlos y Celso Yañez García

El
Ferrol

67 p. 160 pts.

CF, relatos esp. poesías…

contenido flojo desaparece: matrimonio

Silente

Pedro A. García Bilbao

Guadala-

jara

mecanografiado

Nova

Guillermo Bou Bouza, Fabián Esteban
Shalekamp

Palma de Mallorca

oct.

=4 n°

Serie B

Pedro Calleja

Md

cine CF

1984

17enero

0

=3 n°

Maravillas

SECF

Fco.
Arellano

Md

65 pts

boletín de la SECF

artículos,
críticas, algunos relatos

feb

1

Centro Riscal, Fanzine informativo.
Primera Expo

Ministerio de Cultura y RNE

Expo 16-21 feb. de 84

audiovisual, vídeos: Segrelles,
Makoki, Radio Futura.

participación de Negrete, A. H. Palacios,
Alfredo Lara

Io

S. Martín Sánchez

B

CF y F

realizado por una sola persona

Magma

León

subvencionado por el ayuntamiento

2 000 ejemplares de tirada

color. Cómics, CF.

Orbis Tertius

Sevilla

tirada de 2 000 ejemplares.

color. Cómics, CF y F.

Plastic

depende del Círculo Andaluz de Tebeos

Sevilla

Trimestral

CF y F

invierno

 90

1

Berserkr

M. Berlanga Fernández

Málaga

P: 6 meses

especializado
en heroic-fantasy

1985

18set/oct

finales 91

1

11


(sigue)

Gigamesh

=Revista/prozine

Alejo
Cuervo

B

P: muy irregular

hasta n° 11, pequeño fanzine de novedades
bibliográficas, noticias y algunos cuentos. La revista decepcionó.

sigue la moda y las tendencias actuales

n° 3 =especial cyberpunk

1986

19marzo

sólo
1 nº

Van Helsing 

Fdo. Martín

Md

Cine

junio

sólo 1 n°

Planeta Prohibido

J.A.
Adame, J. Reboto

Md

sólo relatos de CF

Excalibur

J. Palacios Trigo

Md

Ciclo artúrico…

1987

20

3

Zombi

J.
Fernández Massa

Palma de Mallorca

Mediocre
impresión

Cine
F, críticas.

El Camello

A. Santana Alonso,

J. Núñez Fernández,

R. Trujillo…

Las Palmas de G.C.

Cómics y esporádicamente, relatos
de CF

nov/dic

sólo
1 n°

HAL

M.A. Barral,

M. Ordóñez

excesivamente breve

Cine F

1988

21

BBS Libro de Arena

grupo Interface

Andorra

fanzine electrónico interactivo que permite una circulación muy rápida y flexible de info, mensajes, noticias, comentarios, bases de datos y material

verano

sólo
1 n°

Ogham

J.C. García Herranz

 

 

1989

22oct.

93

1

3
(sigue)

Sueño del Fevre 

Licántropos
Asociados: Carlos Díaz, J. Carrasco Maroto.

Md

150/200 p.

P: anual

documentación abundante sobre cine,
literatura, relatos, críticas. (CF. T. F)

n° 3: especial Mitos de Cthulhu

marzo
90

7    (fin)

Nexu

J.A. Adame

Md

CF

junio90/

enero 91

principios 92

6/7

8/9    (sigue)

Fandom

M.A. Martínez

Md

Boletín internacional de info bibliográfica
sobre CF, F y terror.

Se reproducen portadas y características
generales…

1990

23principios

abril
91

=4
(fin)

No Ficción

Grupo
Interface: R. de la Casa, Pedro Jorge Romero

Andorra

Canarias

Acabado técnico, cuidada y limpia
maquetación. Calidad de traducciones.

Estudios de CF

feb.

Aboriginal SF

68 p.

relatos americanos

dic.
91

principios 93

7

8

Elfstone

Ed. grupe Elfstone

S. G. Solans

Zarag.

300 pts

realizado sin muchos medios

más F que CF

relatos, artículos sobre F, CF y terror

Boletín Skywalker

M. Silva Grosso

Sevilla

3

Avalon

M.A. González Mirou

Vizcaya

presentación mediocre pero contenidos sólidos. Buena documentación.

sobre todo fantasía
heroica.

 

 

1

Orphia

F. relatos americanos

feb 91

agosto 92

junio 93

3

11

=16
(fin)

Star Ficción

Ed.
Zinco, S.A.

Vigil

Revista. Versión española de Starlog

actualidad nacional, correo de lectores,
libros, cómics, video, juegos, reportajes…

Sobre todo cine de CF y F.

El Grito

J. y J. Palacios

Md

P: anual

dedicado principalmente a la literatura de terror. Música, cine, libros.

92

11

2 000 Maniacos

Manolo Valencia

Val

P: 3 meses. Alta tirada: llega a vender más de 700 ejemplares.

Aspecto cutre. Excelentes contenidos.

Temas variados, pero esencialmente cine «gore» y pornográfico. No es CF.

verano

mediados de 1993

1

7
(sigue)

Lhork

C.J. Cuevas Freije

Md

Fanzine oficial del Círculo de Lhork.

Sobre todo F.
heroica.

agosto

marzo 93

1

29
(sigue)

BEM

grupo Interface

Andorra

=«Big Eyed Monster», monstruo de ojos saltones.

125 a 375 pts. P: mensual

newzine, prozine.

Premiado mejor fanzine en la H91,
y mejor fanzine del año 91 por Gigamesh. realizado con ordenador e impresora
láser (calidad y rapidez)

noticias de F y CF, artículos, relatos, info

todos los relatos publicados son de
autores hispanos.

nov

=8
meses

1

=8
(fin)

Blade Runner Magazine

Ed.Manhattan Transfer y Jaime Rosal

dirige C. Mesa

colaboran Vigil y Santos

B

450 pts. P: mensual.

revista de CF, F, y sobre todo cine.

Intento fallido según los aficionados.

1991

24

Factoría

grupo
Interface

Andorra

Sólo relatos de autores hispanos.

Publicado con BEM

primavera

sólo
1 n°

Dorian

G. Urrero Peña

Md

84 p. Tirada de 300 ejemplares.

artículos y relatos de F. Estilo culto
y fino

junio

1

Tenebrae

Licántropos Asociados

Eduardo Escalante Ávila

Md

200
pts. P: 7 meses.

cine
y literatura de terror y F.

nov/dic

marzo 93

junio 93

julio 93

verano 93

0

4

(0)

(1)

5

Pórtico

(express)

   “

boletín de la AEFCF

Coordinador de los Ex.

Eugenio Sánchez Arrate

Actual
coordinador del boletín: Álvaro

B

Md

A partir de junio de 1993: los Express= Hojas informativas de mayor periodicidad
incluyendo noticias, novedades, asuntos internos…

Boletín= cuentos, artículos de fondo, críticas, crónicas, comentarios…

250 pesetas. (50
pág.)

1992

25agosto

4

Action

Superhéroes

Ed. Zinco, S.A.

Vigil

B

        

fanzine/revista

cómics.

junio

9

Fangoria

        

artículos sobre cine de CF y F.

Hiperion Cómics

Ángel Olivera

Sevilla

B. Md

fotocopias. tirada reducida.

no estrictamente CF.

A partir del n° 3, contenido space opera

principios

principios 93

6

El Maquinista

La General Edición

Val

P:
bimestral

info y cómics

abril
92

verano 93

1

3

Aullidos

Licántropos Asociados

Manuel Aguilar

Eugenio Sánchez Arrate

Md

Boletín de info F.

esencialmente sobre cine. (CF.
T. F)

sept.

BBS Activity Software

J. Rodríguez,
J.M. Rus, P. Fernández

B

gratuito

Aplicación
informática, juegos, charlas, incluye una área única y específica de CF y F: CiFi.

finales

Gandiva

Andrés Rodrigo

Val

12 p. de CF y F.

Lothlórien

grupo
Elfstone.

Santiago Gª Solans

Zarag.

boletín informativo de F, centrado en la crítica. Libros, cómics, cine…

1993

1

2

Vértigo

Licántropos Asociados

M. Aguilar García

Md

cine puro

dic.

1

Kernel BEM

grupo Interface

Andorra

revista electrónica de F y CF.

1993

26feb/inv.92

Mayo-junio

1

2

Cyber Fantasy

AEFCF

Alberto
Santos

Md

Tirada de 1 500 ejemplares. 66 p.
550 pts.

revista/prozine
de literatura F. P: Trim.

cuentos, buenas
ilustraciones, contenido
bueno y variado.

principios

1

Parsifal

Ed. Asociación Juvenil Cartafueyu

dirige
J.L. Rendueles Antón

Gijón

20 p. 250 pts.

cuadernos de poesía y literatura F.

1

Estel

Ed. STE (Sociedad Tolkien Española)

Zarag

Elche

8 p.

boletín de la asociación

calidad de info.

  

Flash Back

E. Comas, A. Busquets

Val

375 pts. portada plastificada a color.

cine

Versus

Ángel y Lou

B

8
p. tamaño folio. P: irregular.

cómics,
CF, literatura F, noticias,
comentarios.

Flashback

Md

Cómic y cine.

Factor Trek

Grupo Mayrit

Md

F. del club de fans de Star Trek de
Md.

verano
93

1

Cygnus

Ricardo Oyón

Navarra

CF y F.

 

BIBLIOGRAFÍA  [INDICE]

 

ANTOLOGÍAS

Antología Española de la Ciencia FicciónEdhasa, Barcelona-Buenos Aires, 1967.

Antología de la Ciencia Ficción en Lengua Castellana, Castellote, Madrid, 1972.

Premio UPC 1991. Novela Corta de Ciencia FicciónEd. B, Nova CF, B, Abril 1992. Incluye:

“Mundo de dioses” Rafael Marín Trechera

“El círculo de piedra” Ángel Torres Quesada

“La luna quieta” Javier Negrete.

Visiones Propias, Selección de Julián DíezEd. AEFCF, Madrid, octubre 1992. Incluye:

“El dragón está suelto” Pedro Pablo García May

“Cromatóforo” León Arsenal

“El relevo” Adolfina García Orellana

“El celador” Félix J. Palma

“Recuerda, aquellos sueños, nosotros tres” Juan Manuel Santiago

“El piso maldito” Pedro Pemau

“Un cuento de Vir Boogliest” José Ignacio Ocaña

“Tormenta” José Antonio Cotrina.

 

NOVELAS-RELATOS

Aguilera y Redal:

Mundos en el abismoUltramarGrandes Éxitos de Bolsillo, Barcelona, setiembre 1988.

“Ari el tonto (una historia de Akasa-Puspa)”BEM n° 20, mayo 1992.

“La parábola de Aquiles y la liebre”, (Redal), Kandama n° 4, otoño 1981.

“Los que duermen”, (Redal, comentario), Kandama n° 4, otoño 1981.

 

Barceló, Elia:

Sagrada, Ed. BNova CF, Barcelona, mayo 1989. Incluye:

“Sagrada”

“Nosotros tres”

“Minnie”

“Una antigua ley”

“Embryo”

“La dama Dragón”

“El jardín de las flores que se columpian” 

“La mujer de Lot”

“Aquí estamos todos juntos”

“Piel”

“Cobarde”, BEM, julio 1992.

“La estrella”, BEM n° 13, octubre 1991.

 

Bermudez Castillo, Gabriel:

La piel del infinitoEd. DronteColección ND, B. 78.

El Señor de la RuedaEd. Espasa CalpeAlbia Ficción, Md, 1978.

El hombre estrellaUltramarGrandes Éxitos de Bolsillo, B, 1988.

Salud mortalEd. MiraguanoFuturopolis, Md, 1993.

“Tiempo de Milagros”Pórtico n° 4, Md, marzo 1993.

 

Frabetti, Carlo:

“Sodomáquina”ND n° 15, mayo-junio 1970.

 

Mallorqui, César:

“El mensaje perdido”, Cyber Fantasy n° 1, invierno 1992.

 

Marin Trechera, Rafael:

“El acorazado Vladimir”ND n° 146, B, agosto 1982.

Lágrimas de luz, Ed. Fénix/DronteLibros de Nueva Dimensión, B, 1984.

Unicornios sin cabezaUltramarGrandes Éxitos de Bolsillo, B, julio 1987. Incluye:

“Un payaso arrepentido”

“Habrá un día en que todos”

“Otros días, otros sueños”

“Mein Führer”

“Ángel exterminador”

“Nunca digas buenas noches a un extraño”

“La luna pálida”

“Un ligero sabor a sangre”

“Como el paisaje roto”

“Dos caminos de la arena”

“Métalas”

“De entre la niebla”BEM n° 13. Octubre 1991. (Premio de la Concejería de Juventud de Cádiz 1987)

“A tumba abierta”BEM n° 15, diciembre 1991.

“Mundo de dioses”Premio UPC 1991, Ed. BNova CF, B, abril 1992.

La leyenda del Navegante (3 tomos), Ed. MiraguanoFuturopolis, Md, 1992.

 

Palma, Félix J.:

“Mi última noche con Donna”, BEM n° 18, marzo 1992.

“El celador”Antología Visiones PropiasEd. AEFCF, Md, oct. 1992.

“Desde siempre y por siempre”Cyber Fantasy n° 1, Md, invierno 1992.

“Muerte por catálogo” (Premio Aznar 1992). Pórtico n° 5, Md, verano 1993.

 

Saiz Cidoncha, Carlos:

La Caída del Imperio GalácticoEd. Espasa CalpeAlbia Ficción, Bilbao, 1978.

 

Santos, Domingo:

GabrielEdhasaNebulae, Barcelona, 1962.

“La canción del infinito”Antología española de CFEdhasa, B, 1967.

Futuro ImperfectoEdhasaNebulae n° 50, Barcelona, 1981. Incluye:

“Smog”

“Negocios del corazón”

“Extraño”

“El programa”

“Señor su cuenta no existe”

“Una fábula”

“Encima de las nubes”

“…Si mañana hemos de morir”.

Hacedor de mundosUltramar, Grandes Éxitos de Bolsillo, B, nov. 1986.

“Ensayo de proyección prospectiva # 3”, BEM n° 16, enero 1992.

 

Solana, Guillermo:

Los siervos de la ISSSCOEspasa CalpeAlbia Ficción. Md, 80.

 

Torres Quesada, Ángel:

“El hombre de la Esfera”Antología Española de CFEdhasa, Barcelona. 1967.

Los hombres de Arkand, (A. Torkent), BrugueraLa Conquista del Espacio n° 101, Barcelona, julio 1972.

Muerte en Undar, (A. Torkent), BrugueraLa Conquista del Espacio n°106, B. agosto 1972.

“Dios de Dhrule”, (2 partes), ND n° 122/123, abril/mayo 1980

“Dios de Kerlhe”, (2 partes), ND n° 133/134, abril/mayo 1981

“El ángel malo que surgió del sur”ND n° 141, 1982.

Camino abierto a las estrellas,  (A. Torkent), BrugueraHéroes del Espacio n°178, setiembre 1983.

Las Islas del Infierno, UltramarColección Grandes Éxitos de Bolsillo, B, enero 1989.

Las Islas del Paraíso, ”    febrero 1989.

Las Islas de la Guerra,  ”     marzo 1989.

La dama de plataJúcarEtiqueta Futura, Md, julio 1991

“El círculo de piedra”Premio UPC 1991. Ed B, “Nova CF”, B, abril 1992.

“Un casino para el infierno”Círculo Andaluz de Tebeos n° 13, Sevilla, 1992.

 

REVISTAS-FANZINES

Animal, Extra 1 Especial Aviador Dro.

BEM, revista mensual de fantasía y ciencia ficción, Ed. Grupo Interface, Andorra.

      n° 1 agosto 1990

      n° 8 abril 1991

      n° 9 mayo 1991

      n° 12 agosto-set. 1991 

      n° 29 marzo 1993

Blade Runner Magazine, revista de ciencia ficción y fantasía, J. Rosal, Barcelona.

      n° 1 nov. 1990

      n° 2 dic. 1990

      n° 3 enero 1991

      n° 5 marzo 1991

Caos, fanzine de ficción especulativa, Bilbao, 1980.

Cyber Fantasy, revista de literatura fantástica, Alberto SantosEd. AEFCF, Madrid,     

      n° 1 invierno 1992.

Dorian, G. Urrero Peña, Madrid, n° 1 primavera 1991.

ElfstoneEd. Grupo Elfstone, Zaragoza, n° 7 dic. 1991.

Fandom, boletín internacional de información bibliográfica de ciencia ficción, fantasía y terrorEd. Miguel A. Martínez, Madrid.

      n° 6/7 junio 1990-enero 1991

      n° 8/9 principios 1992

Gadir’ 92, HispaCon, encuentros de ciencia ficción, Cádiz, 16-18 de octubre de 1992.

KandamaEd. Miquel Barceló, Barcelona, n° 4. otoño 1981/ n° 6. 1982.

Laser n° 0, publicado por el CLA, Carlo Frabetti, Madrid, 1970.

El Libro Español n° 265, especial dedicado a la CF en España, Madrid, enero 1980.

Maser, Juan José y Jesús Parera, Madrid, n° 5 junio 1983/ n° 7 nov. 1984.

Nexus, J.A. Adame, Madrid, n° 7 marzo 1990.

No Ficción, estudios de ciencia ficción, Ed. Grupo Interface, Andorra.

      n° 2 mayo-agosto 1990                                              n° 4 abril 1991

Nueva DimensiónEd. Dronte, Barcelona.

      n° 8                                                                                 n° 122 abril 1980

      n° 13                                                                               n° 123 mayo 1980

      n° 15 La CF en el Teatro, mayo-junio 1970            n° 124 junio 1980

      n° 28 Especial Cine, enero 1972                              n° 126 ag-set 1980

      n° 59 set-oct. 1974                                                       n° 129 dic. 1980

      n° 113 junio 1979                                                         n° 133 abril 1981

      n° 118 dic. 1979                                                            n° 146 agosto 1982

      n° 120 feb. 1980

Opar, aventuras y fantasía, Alfredo Lara y Rosa Maroto, Madrid, n° 1 nov. 1992.

Pórtico, boletín de la AEFCF, Madrid, n° 0 nov-dic 1991  n° 5 verano 1993.

Pórtico Express, hoja informativa de la AEFCF, Md. n° 0 junio 1993-n° 1 julio 1993.

Tenebrae, fanzine del fantástico, Eduardo Escalante Ávila, Madrid, n° 1 junio 1991.

Tránsito, Alejo Cuervo, Barcelona

      n° 6 mayo 1982.

      n° 8 nov. 1982.

      n° 10 junio 1983.

      n° 14 feb. 1986.

Zikkurath, F. Fuenteamor, Madrid, n° 15 agosto 1978.

 

LIBROS DE ESTUDIO

Barceló, Miquel: Ciencia ficción-Guía de lecturaEd. B, “Nova CF”, B, set. 1990.

Bogdanoff, Igor: La Science FictionSeghers, Colección Clefs, Paris, 1976.

Raynaud, Jean: Utopies et réalités: Spécificité du recit de Science Fiction américain de 1958 à nos JoursThèseUniversité de Paris III, 1980.

Saiz Cidoncha, Carlos: Historia de la ciencia ficción en España, Organización Sala Editorial, Colección Apartado de historia y humanidad, Madrid, 1976.

La ciencia ficción como fenómeno de comunicación y de cultura de masas en EspañaTesisUniversidad Complutense Md, Col Tesis Doctorales, 1988.

 

ARTÍCULOS SOBRE ESCRITORES

Aguilera y Redal: Entrevista para BEM n° 10 junio 1991.

“Mundos en el abismo e Hijos de la eternidad: cómo se hicieron”No Ficción n° 4 abril 1991.

Barcelo, Elia:  “Elia Barceló: la autora”BEM n° 16 enero 1992.

Bermudez Castillo, Gabriel:  “Auge de los libros de ficción científica”, por G. de Frutos, Pueblo Año XXXII n° 9 782, 10 de febrero de 1971.

“El hombre deberá renunciar a muchos progresos de la civilización, entrevista con Gabriel Bermúdez, autor de novelas de ciencia ficción”Amanecer, 22 de octubre de 1976.

“Gabriel Bermúdez, premio nacional a la mejor novela de ciencia ficción por su obra La piel del infinito”Amanecer, 19 de diciembre de 1978.

Entrevista: “La ciencia ficción es la vacuna del futuro”La Verdad, Cartagena, 31 de diciembre de 1991.

“La ciencia ficción española, en el mejor momento de su historiaLa Verdad, Cartagena, 20 de septiembre de 1992.

Entrevista para BEM, Andorra, 1992.

Especial Gabriel Bermúdez CastilloPórtico n° 4, Md, marzo 1993.

Marín Trechera, Rafael:

“Rafael Marín: l’ enfant terrible”Maser n° 5, mayo 83.

Sección el autor y su obra, No Ficción n° 3, set-dic. 1990.         

Saiz Cidoncha, Carlos:

“El autor”, Maser n° 7 (?).

Santos, Domingo:

Dossier Domingo SantosKandama n° 4 otoño 1981.

Torres Quesada, Ángel:

“La caída del Imperio Galáctico: carta abierta a Carlos Saíz Cidoncha”ND n° 113 junio 1979. 

Especial Ángel Torres Quesada, Círculo Andaluz de Tebeos, revista de información y divulgación cultural, Sevilla, n° 13, 1992.

 

OTROS ARTÍCULOS-ENSAYOS

“Acción mutante”El País Guía 5 de febrero de 1993.

Aguilar, Carlos:

“Gritos en España (noventa años de cine fantástico-peninsular)”, 93.

Casa, Ricard de la:

“¿Fandom español?”No Ficción n° 3 set-dic 1990.

Castagnio, Raúl H.:

“Ciencia ficción y crítica social”Nueva Dimensión (?)

Díaz, Carlos:

“Historia de los fanzines fantásticos (1966-1990): El fandom en España”Blade Runner Magazine, 1990.

Frabetti, Carlo y L. Paramio:

“Introducción a la SF como literatura crítica”ND (?)

Martinez Montalban, José Luis:

“Los fanzines de SF en España (1966- 1976): un estudio estadístico”ND n° 120, febrero 1980.

Rosal del Castillo, Jaime:

“Apuntes para una historia del fandom español: Los Fanzines”ND, (?)

 

OTROS DOCUMENTOS

Cartas de autores.

Cinta de música (grupos con tendencias fantacientíficas).

Grabación de la emisora de radio Adicción en Onda Verde (108 de la FM), dedicada a cine, cómic, televisión y fanzines, el día de la presentación del fanzine Opar de Alfredo Lara.

AGRADECIMIENTOS FLORENCE [INDICE]

Quiero expresar mi agradecimiento a todos los que pusieron su granito de arena en la realización de esta labor. Más particularmente a Alfredo Lara López que, con entusiasmo, me proporcionó fanzines, libros y toda clase de información, me llevó por las librerías especializadas de Madrid y por primera vez a la tertulia de la AEFCF. Deseo agradecer a sus socios por su simpatía, su aliento y sobre todo por convertirme a la comida china del Kindu. Gracias también a Carlos Cidoncha por darme un ejemplar —tan codiciado— de su tesis, que fue una impagable fuente de datos y a autores como Gabriel Bermúdez y otros, que no dudaron en mandarme artículos o entrevistas. También agradezco a Ángel Torres Quesada, primero por las revistas que me mandó y luego por su calurosa acogida con Mary en Cádiz. Gracias a todos ellos, la realización de la tesina y este año no fueron penosos, sino todo lo contrario.

Indice capítulos 

© Copyright de Florence Behm para NGC 3660, Marzo 2017