Arturo Rojas, un dibujante metido a novelista

 

Por José Carlos Canalda

Arturo Rojas, un dibujante metido a novelista, José Carlos Canalda

Arturo Rojas en su estudio. Sobre la mesa, uno de sus bolsilibros de ciencia ficción
Fotografía tomada de Gotham News

Uno de los muchos escritores menores —por el número de obras, no por la calidad de las mismas— que colaboraron fugazmente en las colecciones de bolsilibros de ciencia ficción fue Arturo Rojas de la Cámara que, con el seudónimo de Red Arthur —trascripción literal de su verdadero nombre—, fue autor de un total de media docena de novelas, una en Luchadores del Espacio y el resto en Espacio. Estos títulos fueron el número 75 de Luchadores del Espacio —el primero que publicó, allá por 1957—, titulado La ciudad submarina y, ya en Espacio, Intriga en el cosmos (nº 50), Los esclavos de Silón (nº 56), Vagabundos del infinito (nº 61),El juego de la muerte (nº 69) y Un mundo muerto (nº 100). Una de estas novelas fue reeditada en la misma colección Espacio ya en sus postrimerías, mientras todas menos una fueron asimismo reeditadas años más tarde en Galaxia 2001, dándose la circunstancia de que estas reediciones no contaron ni con consentimiento ni tan siquiera con el conocimiento del propio autor; así las gastaban las editoriales, amparadas por la abusiva ley vigente entonces, con unos escritores a los que no respetaban siquiera en lo más mínimo sus derechos de propiedad intelectual.

Puesto que tuve la fortuna de poder contactar personalmente con él, puedo aportar varios datos de primera mano. Nacido en 1930 en la localidad valenciana de Paterna, fue uno de los dibujantes asiduos de Pumby y Jaimito, los dos tebeos de la Editorial Valenciana, en los que firmaba como Rojas de la Cámara. Asimismo publicó en Brugueray en el extranjero, gozando de una merecida fama como dibujante de historietas. Según su página web sus personajes más conocidos fueron CucharitoNabucodonosorGedeónEl genio EustaquioAgente 7-7 a la izquierdaCentauritoAladinoDon Percebe y BasilioAníbalQuico y, para el Reino Unido, Sir Gaslight Gadabout. Actualmente está jubilado en la medida en que lo puede estar un artista, dándose la circunstancia de que su localidad natal le ha dedicado una calle en reconocimiento a su valía como dibujante.

Por el contrario, su actividad literaria fue tan solo un breve paréntesis en su carrera profesional. Según me comentó, su incursión en el campo de las novelas de a duro, iniciada a mediados de los años cincuenta, duró tan solo un par de años —entre 1957 y 1958— en lo que a la ciencia ficción respecta, produciendo un total de poco más de una docena de novelas, de las cuales tan solo seis fueron de ciencia ficción y las restantes bélicas —tres de ellas publicadas en la colección Comandos— y del oeste. Pero Arturo Rojas prefería las historietas a las novelas, razón por la cual no continuó escribiendo. Como anécdota curiosa, cabe reseñar que el motivo por el que escribió su primera novela no fue otro que la apuesta realizada entre él y un amigo suyo acerca de cuál de los dos era capaz de escribir mejor.

Arturo Rojas, un dibujante metido a novelista, José Carlos CanaldaSin embargo, la experiencia de Luchadores del Espacio no debió de ser muy de su agrado, puesto que tras la publicación de La ciudad submarina pasó a colaborar con la colección rival de Toray donde, sin ser precisamente prolífico, sí rebasó con creces a su única aportación a la colección de Valenciana. Tal como he comentado fueron un total de cinco títulos, sin contar claro está las reediciones posteriores, en los que se aprecia, al igual que en el anterior, una clara influencia de autores como H.G. Wells o Edgard Rice Bourrougs, la base literaria habitual en la mayor parte de los escritores españoles de la época.

Pese a su brevedad, la producción literaria de Arturo Rojas resulta interesante de estudiar debido a que este autor reúne todas las características de los escritores españoles de ciencia ficción de serie B de la época. Comenzando por la primera de sus novelas, La ciudad submarina, cabe reseñar que esta apareció en una de las épocas más interesantes de Luchadores del Espacio y que cumple dignamente con su papel a pesar de no ser una de las más significadas de la colección ni tampoco la mejor obra de su autor. De hecho, para ser la obra de un primerizo no está nada mal. Tenemos, pues, una novelita con un argumento típico, una acción aceptable y los habituales tópicos del género, como es recrear un Marte tropical, la cual se lee sin dificultad alguna. Su trama no es otra que la de la Guerra Fría, entonces en todo su apogeo, trasladada a un entorno interplanetario casi sin maquillaje y sin profundizar demasiado en el tema, tal como cabía esperar en una simple novelita de serie B sin mayores pretensiones.

Comienza la narración en la Luna, donde un grupo de venusianos —los malos, feos además tal como exige la tradición de la serie B—, auxiliados por varios traidores terrestres, secuestran a un importante científico junto con su hija. Poco después, cuando su nave abandona sigilosamente el satélite, son avistados accidentalmente por el protagonista, un astronauta vagabundo que se gana la vida transportando mercancías entre los distintos planetas del Sistema Solar. Sigue una serie de peripecias que llevarán a los lectores a Marte, donde los venusianos tienen establecida una base secreta —la ciudad submarina del título—, en el transcurso de las cuales el protagonista logra rescatar a la chica —su padre, el científico, fallecerá heroicamente— al tiempo que logran derrotar en toda regla a los venusianos, desbaratando la red que estos habían logrado tender en Marte.

Intriga en el cosmos relata los intentos de los terrestres por conquistar la Luna, unos intentos que persisten en fecha tan tardía como el año 2010 debido a los sucesivos fracasos cosechados tanto por rusos como por norteamericanos, los cuales han tropezado siempre con una especie de maleficio que les ha frustrado todos sus intentos a lo largo de los últimos cincuenta años. Aunque al principio son estos quienes se enfrentan en la tenaz carrera espacial, finalmente aparecen como terceros en discordia los marcianos, que capturan a los astronautas rusos y americanos que habían conseguido pese a todo llegar a la Luna, trasladándoles a una base que tienen en la cara oculta del satélite, y de aquí son llevados a Marte. Una vez en su destino descubren que el planeta rojo está sometido a una feroz dictadura que planea invadir la Tierra. Condenados a muerte los prisioneros lograrán no obstante escapar de su encierro con el auxilio de un antiguo renegado terrestre y, de vuelta a la Luna, destruyen la base enemiga volviendo a la Tierra en una astronave marciana capturada. Aunque la amenaza de invasión continúa existiendo, nuestro planeta está ya prevenido y a los marcianos les costará mucho trabajo vencernos.

Los esclavos de Silón comienza con un prólogo en el que se introduce al lector en la situación existente en el Sistema Solar allá por el siglo XXX: la Tierra se ha expandido por todos los planetas implantando un imperio en el que, si bien los humanos llevan la voz cantante, todas las demás razas aceptan gustosas su hegemonía, con la única excepción de los habitantes de Plutón. Los plutonianos, celosos de su independencia, plantaron cara a los ejércitos terrestres, los cuales lograron derrotarlos únicamente después de una larga y cruenta guerra que se saldó con la huida de los habitantes del helado planeta a un puñado de asteroides dispersos por las profundidades del Sistema Solar. Implantado en Plutón un régimen colonial, los plutonianos exiliados, convertidos en piratas, hostigan las líneas de comunicaciones terrestres, existiendo el temor de que puedan estar planeando una ofensiva global con la intención de reconquistar su planeta. En este contexto una poderosa astronave de guerra, que repatría soldados de Plutón a la Tierra junto con una importante científica, es capturada por los plutonianos, que la trasladas a Silón, el asteroide que les sirve de refugio. Obviamente los protagonistas lograrán escapar de sus captores, desbaratando sus planes y rescatando a todos los prisioneros que yacían como esclavos de los crueles plutonianos.

Arturo Rojas, un dibujante metido a novelista, José Carlos CanaldaA pesar de lo espectacular del título y de lo atractivo de la portada de su primera edición —un platillo volante descendiendo sobre un astro con la superficie erizada de cráteres—, el argumento de Vagabundos del infinito corresponde a lo que yo denomino ciencia ficción cercana, tanto por la fecha en la que está ambientada (1970) como por lo poco lejano de su escenario, que no va más allá de Marte. La acción de la novela se desarrolla en una época en la cual los viajes a la Luna son ya rutinarios. Un científico está preparando en la Luna el primer vuelo tripulado al planeta Marte, misión para la que recurre al protagonista, un afamado piloto militar que formó parte de la primera misión a la Luna ocho años antes. Una serie de extraños fenómenos —avistamientos de ovnis, rapto de científicos famosos y asesinatos sangrientos—, aparentemente relacionados con la misión a Marte, provocan el accidentado adelanto de la misma, partiendo finalmente la astronave de los protagonistas rumbo a su lejano destino. Aparecen entonces los consabidos marcianos, que resultan pertenecer a dos razas distintas: una de humanos muy similares a los terrestres, y la otra de unos extraños seres —los verdaderos marcianos— descritos por el autor como una mezcla de pulpos y arañas. Tras la habitual condena a muerte de los protagonistas, estos descubren que Marte está sometido a una feroz dictadura que, en su paranoia, está convencida de que la Tierra planea invadirlo. Por fortuna no todos los marcianos están de acuerdo con el dictador, de modo que los disidentes, tras liberar a los cautivos, son ayudados por estos a derrocar al tirano, finalizando la novela con promesas de mutua hermandad entre los dos planetas.

El juego de la muerte se encuentra ambientada en una época relativamente próxima para sus lectores —1973—, iniciándose la narración en la base militar norteamericana de White Sands, donde repentinamente aterriza un extraño cohete de procedencia extraterrestre. De su interior surge su único tripulante, que manifiesta ser procedente de nuestro planeta identificándose como un antiguo combatiente de la II Guerra Mundial, procediendo a continuación a relatar su aventura en una original vuelta atrás que rompe la habitual estructura lineal de este tipo de novelas. En las postrimerías de la II Guerra Mundial un comando de soldados norteamericanos asalta una base secreta nazi donde se está construyendo una astronave capaz de viajar hasta la Luna. Los científicos responsables del proyecto huyen en la propia astronave, en la que logra introducirse el protagonista compartiendo su incierto destino, ya que no puede volver a aterrizar sin riesgo de quemarse en la atmósfera. Por fortuna para los náufragos estos son rescatados por una astronave desconocida procedente de Venus, la cual les traslada a este planeta. Pero las cosas se complican cuando son atacados por una nave pirata, viéndose obligados a realizar un aterrizaje de emergencia en Venus. Los terrestres y los supervivientes venusianos inician una larga marcha desde el polo del planeta, viéndose obligados a lidiar con la peligrosa fauna para ser finalmente capturados por los soldados de un reino enemigo caído bajo la férula de una cruel dictadura. Tanto los astronautas venusianos como los terrestres deciden hacer causa común contra sus captores, logrando dar muerte al tirano e implantando la paz en el planeta. La novela concluye retornando al presente, es decir 1973, explicando el protagonista que en Venus reina ahora la paz, él es uno de los más influyentes personajes del planeta, y que ha vuelto a la Tierra con objeto de trabar una alianza entre ambos astros.

Arturo Rojas, un dibujante metido a novelista, José Carlos CanaldaUn mundo muerto fue la última aportación de Arturo Rojas a la literatura de ciencia ficción. El título hace alusión a la Luna, que resulta ser cualquier cosa excepto un astro muerto… La novela se inicia con una especie de introducción en la que se explica, de forma bastante verosímil teniendo en cuenta la fecha en que fue escrita, los inicios de la exploración espacial. Acto seguido el autor narra la primera expedición tripulada a nuestro satélite, norteamericana naturalmente, cuyos integrantes descubren asombrados la existencia de un cohete ruso que, al parecer, se ha estrellado durante el aterrizaje, habiéndolo abandonado sus tripulantes. Los norteamericanos deciden salir en busca de ellos con objeto de ofrecerles ayuda, descubriendo que en la Luna hay atmósfera respirable, vida y hasta selenitas, los cuales capturan a todos los expedicionarios excepto al comandante de la misión, que logra huir internándose en la jungla. Poco después el fugitivo se encuentra con algunos de los astronautas rusos, siendo capturados finalmente todos ellos por los selenitas.

Reunidos todos los cautivos, norteamericanos y soviéticos, en un calabozo selenita, tienen ocasión de conocer la verdad: los primeros terrestres que alcanzaron la Luna fueron un grupo de fugitivos nazis que se embarcaron en un cohete experimental en los días previos al colapso del III Reich. El autor repite aquí el recurso que ya utilizara en El juego de la muerte, con la diferencia de que en esta ocasión va mucho más lejos. A los alemanes no les había costado demasiado hacerse con el poder frente a los pacíficos selenitas, implantando un remedo del régimen nazi y desarrollando una importante tecnología mucho más avanzada que su coetánea terrestre. Su líder, un demente que se considera sucesor de Hitler, planea invadir la Tierra como paso previo para convertirse en el führer del triunfante IV Reich… Y justo entonces es cuando han irrumpido los terrestres. Obviamente tendrá lugar la consabida revolución que, auxiliada por los astronautas de ambas nacionalidades, acabará culminando con el éxito. Pacificada la Luna, encerrado en un manicomio el demente y conjurado el peligro de la invasión de la Tierra, rusos y americanos retornan a nuestro planeta.

 

NOVELAS DE CIENCIA FICCIÓN DE ARTURO ROJAS 

Título Colección
La ciudad submarina 75 Luchadores del Espacio
Intriga en el cosmos 50 Espacio
Los esclavos de Silón 56 Espacio
Vagabundos del infinito 61 Espacio
El juego de la muerte 69 Espacio
Un mundo muerto 100 Espacio

 

REEDICIONES 

Título Colección
Intriga en el cosmos 357 Galaxia 2001
Los esclavos de Silón 338 Galaxia 2001
Vagabundos del infinito 528 Espacio
Vagabundos del infinito 219 Galaxia 2001
Un mundo muerto 352 Galaxia 2001

 

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© Copyright de José Carlos Canalda para NGC 3660, Mayo 2019

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