WhiteStar

| VV.AA. | Palabaristas | Coordinadora: Cristina Jurado  | Antología solidaria |
| 444 págs. | Diciembre 2016Precio mínimo 2,99€  |  

Por José Andrés Hidalgo

Portada Antología WhiteStar

Acepté leer este libro para posteriormente reseñarlo, ya que, a priori, el planteamiento de una antología de relatos basada en las canciones o personajes de Bowie me parecía una tarea sugerente y atractiva. También el hecho de que los beneficios de este fueran a parar a la Asociación Española Contra el Cáncer, una acción, por otra parte, muy bella y necesaria.

He de decir pues que, en las algo más de cuatrocientas páginas, encontré buena calidad literaria, relatos en general bien escritos y estructurados, pero muy a mi pesar, muchos de ellos faltos de ideas atractivas, de chispa; de algo que me motivara y enganchara, y es que un buen número de ellos parecían como sumidos en una especie de apatía argumental… No sé. Personalmente, no me vale que se conciba una historia cualquiera y luego se introduzca, casi con calzador, alguna frase o referencia explícita extraída de cualquiera de las letras de Bowie.

Por esta razón, si no os importa, trataré de exponer modestamente aquellos que me atrajeron y donde encontré más interés personal.

La antología comienza con una pequeña narración de Sofía Rhei, “It’s only forever”, de apenas unos párrafos a modo de inspiradora prosa poética: «Lo que podría llamarse destino decide el universo y el ojo estalla de dolor. Abrirse al futuro conlleva el ardor de los cambios». Bonito comienzo, sí. A este le sigue otro relato, “Whitestar”, de Israel Alonso, que además de darle título a la antología, nos muestra a un comandante «Tom» bajo los efectos algo alucinados de cierta droga necesaria, preparado para un épico viaje espacial y quizás interdimensional… Pinceladas del “Space Oddity” se cuelan y encajan en la narración de un hombre que cae desde la cumbre de la fama, hasta la mayor de las profundas pesadillas personales. Y precisamente con el título de “Space Oddity”, Carmen Moreno se marca otro ejemplo de prosa poética bastante inspirada: «Diga a mi mujer que la amo. Y que el exterminio tardará en suceder, que dé de comer al perro, y nunca se asuste de la noche, porque acoge la noche todos sus sueños». Pero hay un ejemplo más, Loli Molina, con su “Llegué a Marte un miércoles”, que constituye en sí mismo un pequeño viaje descriptivo del entorno marciano, poblado esta vez por personajes del «universo Bowie», es, del tercer ejemplo poético reseñado, el que más me gustó.

El breve “La araña de Marte”, de Ángel Luis Sucasas, nos cuenta con extraña calidez, casi poética, cómo un grupo de artrópodos marcianos se preparan para su viaje hacia un lejano, ansiado y mítico «planeta azul»… En “Mr. Merrik”, Eduardo Vaquerizo nos muestra a un Bowie que, como actor teatral en Broadway a principios de los años ochenta, se vio en la tesitura de tener que encarnar el papel de Hombre elefante. Vaquerizo, esta vez lo sitúa ficticiamente en los momentos previos al estreno y, así, observaremos a un Bowie lleno de miedos e inseguridades, al igual que le sucede a toda esa gente que le rodea en dicha empresa. “Y eso era el amor moderno” de Iván Canet Moreno, desprende gran sensibilidad narrando la búsqueda de identidad de un joven durante el despertar de su sexualidad, en un hipotético Londres post-multibrexit a nivel europeo. Por otra parte, hay pequeños guiños, cómo no, a varias de las películas en las que David Bowie participó. Tal es el caso (al menos en el título) del relato de Jorge Lacuadra “¡Feliz Navidad, Mr. Bowie!”, de bella factura y bien escrito, quizá pecando de un exceso descriptivo de los entornos y las situaciones, pero atractivo, al fin y al cabo. También en “La Olvidadera (Tu mundo se viene abajo)” de Aída Albiar, se construye una ingeniosa historia paralela o alternativa a la estupenda película Labyrinth, aunque en este caso se trata de una narración mucho más inquietante y en un tono muy diferente al del film. En “I’m deranged”, de Teresa Mira de Echevarría, un soldado retirado adquiere un ente artificial femenino y comienza así una relación de tintes lisérgicos, al mismo tiempo que una particular comunión consigo mismo. Por último, mencionar “Lástima que fuera una puta”, de Juan Manuel Santiago. Este, es un relato en primera persona extraordinariamente pormenorizado a muchos niveles. En él, se nos habla del transcurso del tratamiento con quimioterapia del propio autor, alternado con múltiples referencias musicales, que aportan un punto algo distendido al, por momentos, ya de por sí crudo relato. Por cierto, como fan de Philip K. Dick me resultó grato que fuera nombrado por Juan Manuel Santiago en varias ocasiones. Bravo por él.

Y ahora vuelvo un poco al principio: haber mencionado poco más del veinticinco por ciento de los relatos que contiene WhiteStar, no me parece algo demasiado halagüeño. Aun así, diré que estos que he destacado merecen mucho la pena e, insisto, a pesar de que el resto no me han encajado, en general el nivel literario es bueno y se aprecia que sus autores saben perfectamente lo que hacen. Pero sigue sin valerme. ¿Será que mis expectativas con respecto a esta antología eran demasiado altas? Tal vez. Lo mismo son cosas mías, pero no puedo dejar de preguntarme por qué todas las historias no están embebidas, del mismo modo, en el universo que se nos prometía.

Para terminar, no quiero quitarle mérito a todo el trabajo hecho en conjunto; al empuje de su coordinadora y su buena intención, y mucho menos al apoyo del resto de los autores. Verdaderamente es encomiable. Por eso os animo a colaborar con esta iniciativa y sacar vuestras propias conclusiones.

© Copyright de José Andrés Hidalgo para NGC 3660, Diciembre 2017

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