Todos los santos

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PENSAMIENTO PSEUDO-POÉTICO

Por David Jasso

No, no, nada de Halloween, por favor. Mejor Todos los Santos. Halloween suena demasiado a moda importada, a fiesta infantil y a película americana. Sin embargo Todos los Santos, tiene matices más oscuros. Es la noche en la que los difuntos nos visitan. El momento para el retorno. Es más real. Cuando se habla de Todos los Santos no se puede evitar evocar imágenes de figuras avanzando entre la niebla. Acercándose.

La noche de Todos los Santos mi madre encendía candelillas y las ponía en un plato con agua en el pasillo (con ella no se sabía muy bien dónde acababa la religión y dónde empezaba la superstición). Las llamas refulgían y oscilaban como si alguien quisiera apagarlas, pero no soplara con suficiente fuerza.

Cuando yo tenía cinco o seis años le pregunté por qué hacía eso. Ella me contestó (con una carencia absoluta de psicología infantil) que esa era la noche de los difuntos y que las almas de los fallecidos volvían a este mundo para visitarnos y ver cómo estábamos. Así no se olvidaban de nosotros.

Glubb. Ni siquiera supe qué más preguntar. El concepto me desbordó por completo. Miré al final del pasillo, estaba oscuro. Solo sombras. Mi madre me dio un beso. «Y ahora a dormir, cariño», me dijo con ternura palmeando mi brazo.

En aquellos tiempos los zombis modernos aún no se habían inventado. George Romero todavía estaba comprando vísceras para rodar La noche de los muertos vivientes  (sí, si haces cálculos verás lo viejo que soy), pero en mi mente infantil ya comenzaron a desfilar cadáveres descompuestos. Andaban a trompicones y dejaban un reguero húmedo tras de sí.

Yo creía en los Reyes magos y en el ratoncito Pérez, ¿cómo no iba a creer también que había una noche al año en la que los muertos podían volver a visitar a sus seres queridos? Yo ponía pan duro para los camellos y mi madre candelillas para los muertos. No había mucha diferencia.

Esa noche apenas pude dormir. ¿Entrarían los muertos a mi cuarto o se limitarían a cruzar por el pasillo? ¿Serían corpóreos o solo vendrían sus almas? ¿Mi abuela se pondría a mirarme desde los pies de la cama?

Me aferré a las sábanas y permanecí horas despierto vigilando la oscuridad. Por nada del mundo me hubiera puesto boca abajo. Fue una auténtica noche de terror.

Ahora Halloween significa dulces, niños disfrazados y promociones en Port Aventura. Pero yo quiero recuperar esa sensación indescriptible de terror que produce la celebración del día de los difuntos.

Por eso me gustaría que estos días te convirtieras en ese niño inocente y asustado que se tapa con el embozo de la cama hasta las orejas, quiero que escuches con atención por si oyes pies arrastrándose fuera de tu habitación, quiero que vislumbres lo que hay más allá de este mundo.

Considera estas palabras como una candelilla en el plato con agua. Una pequeña vela que guía a los espíritus hacia ti. Deja que su luz amortiguada atraiga a las almas perdidas y desdibuje las sombras que te rodean. Sumérgete en tus propios temores.

Tranquilo, tú sabes que esto solo son palabras.

Pero también sabes que, ahora, los muertos conocen el camino hacia ti.

© Copyright de David Jasso para NGC 3660, Octubre 2016