Sueños peligrosos

 

Por Blanca Mart 

«Nosotros dos, señor,

os daremos protección mientas dormís

y velaremos por vuestra seguridad».

La tempestad (Shakespeare)

 

Portada A la sombra de Mercurio, Blanca MartEn el año 1998, me publicaron una novela, una space opera titulada La Era de los clones, que en su versión íntegra se tituló A la sombra de Mercurio y en su traducción al catalán Els Fills de l’Atzar. Esta aventurera novela que cambiaba de título y se publicaba en diferentes países y en diferentes idiomas, tenía un protagonista, un bravo y algo presuntuoso piloto austral llamado Al Braker.

Braker viaja a mundos recónditos, llega a Los Confines, pilota cualquier tipo de nave; valiente y decidido, siente fascinación por el espacio exterior y los diferentes tipos de naves que pueblan el universo. Podría decirse que es un tipo valiente, pero ¿cuál será su kriptonita? Algo muy sencillo: el sueño inducido, o mejor dicho la hibernación.

Dice el piloto en la novela citada, en una carta a la profesora Whissita Lena Reed:

«Whissita: No creas que cuando estás hibernando todo es sencillo y perfecto. Todos procuran estar tranquilos antes de iniciar el proceso porque saben que puede ser muy desagradable dormirse en un estado de excitación. Aun así, se pueden dar dos situaciones: una —la mejor—, es algo similar a cuando te ponen anestesia. Estás ahí, tranquilo, y de pronto te despiertas y piensas: “caramba, me tengo que hibernar”. Y no. Ya ha pasado todo. Estás despertando después de días o meses de descanso.

Esa es la situación buena.

La otra situación que se puede dar es ambivalente: ocurre cuando un resquicio de tu mente escapa y sueñas. No son sueños normales. Hay una bruma que no te permite soñar en plenitud y una tensión que no te permite dormir en el olvido.

Sabes que el tiempo está pasando y tú estás atrapado en una burbuja. Y si un peligro te acechara, lo intuirías y no podrías hacer nada.

Creo que me ha tocado la segunda situación».

¿A qué viene tanta preocupación? Total ¿qué puede ocurrir tras un sueño reparador en hibernación? Si se considera que viajan en complejas y poderosas naves, que realizan sofisticadas acciones en el espacio exterior, el riesgo de una hibernación es mínimo bajo el amparo de la poderosa maquinaria en la que están instalados sistemas de alta tecnología. Veamos algunos ejemplos:

Portada Una noche de veinte mil años, Iván GuevaraLa novela del escritor Iván Guevara titulada Una noche de veinte mil años, inicia así: Abrió los ojos. La oscuridad perduró en sus retinas durante algunos segundos. Luego, comenzó a percibir una tenue penumbra que no le era del todo extraña, aunque tardase en recordar dónde estaba.

Paso a paso, Guevara nos va trasmitiendo detalles de la situación en la que el protagonista se encuentra:

«… Sintió frío… Su cuerpo. No podía moverlo… el lento y acompasado fluir de su respiración… supo que estaba vivo, aún antes de recordar quién era… El sarcófago en el cual se encontraba comenzó a girar lentamente… se abrió la cristalina tapa cilíndrica Los sistemas de autorreparación habían funcionado con precisión suiza… para consultar el calendario estelar. Encendió el monitor y la fecha lo sacudió como un terremoto».

Así arranca la novela titulada Una noche de veinte mil años, título que nos indica que el inicio de la aventura va a ocurrir muy lejos de la fecha que se esperaba. No sabemos en absoluto lo que ocurrirá, habrá que leer la novela, pero sí tenemos el indicio de que la precisa máquina de hibernación ha originado una debacle temporal.

En el filme El Planeta de los simios, basado en la novela de Pierre Boulle, y llevada a la pantalla en 1968 por el director Franklin Schaffner, cuatro astronautas duermen hibernados, protegidos en el tiempo por la tecnología. Han salido de la Tierra en 1974 y la computadora registra la fecha de 3978. Tres de los astronautas despiertan en condiciones normales, salen de sus cápsulas. La soldado Stewar, única mujer de la expedición, ha muerto, está disecada, a causa de un fallo en el equipo de animación. Nunca saldrá de la cápsula protectora.

En ocasiones nos encontramos con toques de humor en ese tráfago de las poderosas cápsulas que nos permiten sortear las leyes de la relatividad. En la Antología de Cuentos Hispano-Mexicana 1818. Origen, El autor Tony Jim, nos presenta una divertida space opera titulada Nave grande, ande o no ande, en la que las cápsulas actúan como eficientes y molestos despertadores:

«Programé las coordenadas de destino y me puse a dormir…  al cabo de unos minutos un zumbido me despertó…  Llegué a la conclusión de que era un despertador,… alargué la mano… para pararlo. Pero nada… ¿Qué es tanto escándalo? Nada. Control rutinario. Se debe despertar al piloto cada doscientos años».

Parece que la eficiencia del control de la nave, no impide que una de las pasajeras llegue cuatrocientos años tarde a su coronación, pues es una princesa a la que el piloto Jim, protagonista principal, debe despertar.

Recurre al beso legendario y también a otras técnicas menos depuradas:

«Y así volví al hangar de la nave. Busqué el nicho de la princesa, levanté la tapa y me puse a zarandearla…  Mire… Tengo un TUP, un dispositivo de desplazamiento espacio-temporal…».

Los métodos usados por el piloto Jim, que por otra parte sufre desorientación y amnesia selectiva, no son los clásicos en la narrativa de ciencia ficción pero nos permiten disfrutar desde el humor, de una situación, como mínimo, inquietante.

Cartel PassengersCitemos ahora el filme Passengers (2016), del director Morten Tyldum.

Una cápsula se abre, y el joven colono, dispuesto a emprender una nueva vida en un nuevo lugar, en el espacio exterior, se encuentra sólo entre miles de pasajeros dormidos. Parece que sus conocimientos técnicos son numerosos pero esas aplicaciones no sirven ni para entrar en la sala del capitán ni para conseguirle la lujosa comida de algunas máquinas selectivas ni para poder introducirse de nuevo en la cápsula e inducirse el sueño. El resultado puede ser demoledor y el joven terrestre toma una decisión, que, ética o no, le permita sobrevivir ante el fallo de la cápsula de hibernación. Porque abrir otras cápsulas, sí sabe.

No puedo dejar de citar aquí la interesante serie Dark Matter. Esta vez no parece error de las cápsulas, pues los pasajeros salen de ellas incólumes, dispuestos a la vida y a la aventura; sólo un pequeño detalle puede turbar su disposición vital: han perdido la memoria, no saben quiénes son ni cuál fue su vida pasada. La aventura está servida y nos llevarán a través de ella, en esa magnífica nave, Raza, a estaciones espaciales, a faros en la noche, saltos en el espacio, tan eficientes y repetitivos que nos transportan con total facilidad, al núcleo de la space opera.

Cito aquí el cuento breve del autor mexicano Aldo Alba, “Nuevo Mundo”, publicado en la antología Cuentos del Alba en el año 2002; en él, habla de un mundo maravilloso: «…bajo el brillante sol retozaban aves, insectos y saurios entre la abundante vegetación, en los lagos y ríos que se multiplicaban en el horizonte…».

Pero parece ser que lo que el autor llama la Brigada Criogenizada, no llegaría a ver esa maravilla pues «…el sistema había fallado», «las modernas cápsulas de material epoxico…». E inmediatamente sabemos lo que ha pasado y que la Brigada Criogenizada no despertará.

En otros casos puede ocurrir lo contrario, y así ocurre en el cuento de Begoña Pérez Ruiz, titulado, “¿Sueñan las heroínas con mujeres que arrastran cajas?”.

Nos presenta la autora, «las cápsulas de sueño inducido permanente, las vainas del sueño». En este caso no hay problema puesto que los individuos del viaje, o traslado o experimento, no deben despertar. «Todas las cápsulas de sueño están en perfecto estado operativo». Perfecto. ¿Por qué entonces dos cápsulas comparten sueños?

Portada Tigre, tigre, Alfred Bester«¿Una conexión de sueños entre dos ocupantes de vainas desvinculadas?». ¿De nuevo, un error?

Largo es el camino hacia la perfección.

La narrativa de ciencia ficción nos ofrece continuamente experiencias que nos plantean la gracia y genialidad de sus autores.  En la extraordinaria novela, Tigre, tigre, de Alfred Bester, (1955), el protagonista Guy Foyle, de cero habilidades según su ficha técnica, queda encerrado en un armario metálico, que no en una cápsula, al salir despedido al espacio por la explosión de su nave, la Nomad. En ese armario protector sobrevive cuando ve acercarse una nave a la que pide auxilio. La nave Vorga-T:1339 pasa junto a él, le ve y le abandona a su suerte.

El odio y el ansia de venganza darán fuerza al navegante para luchar por su vida. Y también el espacio increíble de un armario de herramientas en medio de la oscuridad infinita.  La venganza arrastrará a Guy Foyle que, trastocado en Edmond Dantés, luchará sin descanso tras un objetivo claro: sobrevivir y vengarse de la nave Vorga. Verdaderamente el autor utiliza un elemento nada sofisticado pero la idea entre hilarante y aterradora, ese armario metálico salvador, desafía la aparente perfección de las sofisticadas cápsulas.

En realidad, son muchos los filmes y las novelas que inician, o tienen su desenlace en esas cabinas dadoras de posible vida. Recordemos solamente los dos excelentes Aliens: Alien, el octavo pasajero Alien, el regreso. Esas cabinas que parecen siempre funcionar a la perfección, de donde los navegantes salen en plena vitalidad, dispuestos a entrenarse marcialmente, a desayunar con gran entusiasmo y a emprender la aventura más arriesgada. Nos están hablando de unos cuantos saltos en el hiperespacio, de unos cuantos miles de años ahorrados a la desazón y la incertidumbre, de la posibilidad de recorrer casi impunemente el Universo. De la emoción freudiana provocadora y confortable. De renacer.

Cartel Alien, el regresoHay una cierta solemnidad iniciática en las cápsulas de hibernación, una atracción irresistible desde el momento en que aparecen ante el lector o el espectador. La sugerencia, el cuestionamiento es: ¿por qué están ahí?, ¿cuánto tiempo llevan?, ¿tienen sueños?, ¿sentirán alguna sacudida hípnica recordándoles que son primates terrestres?, ¿qué ocurrirá cuando despierten?, ¿serán los mismos, tendrán exactamente la misma humanidad en ese camino sin conciencia a través de un tiempo relativo?

Es un momento de atención a la eternidad. Se oye el clic o el runruneo o el silencio teñido de hielo y de aire, y esperamos. Los astronautas están a punto de abrir los ojos. ¿Qué historia puede surgir de ese misterio?  Imposible prescindir de la cápsula de hibernación, del sueño peligroso pero seductor que nos brindan los delirios científicos.

© Copyright de Blanca Mart para NGC 3660, Febrero 2018

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