Tom Z Stone (Omnium)

| Joe Álamo | Cazador de Ratas Editorial |  Novela negra/Thriller/Zombis | 
|  ISBN: 978-84-945867-5-0  1045 págs. | 2017 | 30€

Por Pily Barba

Portada Tom Z Stone (Omnium)

Allá por el año 2011 Tom Z Stone llegó a mi vida. Con Imagine, la novela debut de este extraordinario investigador, mi visión acerca de los detectives privados y, sobre todo, la de los más que cansinos zombis, dio un giro de ciento ochenta grados. Esto fue así gracias a que ambos mundos quisieron unirse en la imaginación de alguien que adoraba el cine negro, pero a esas alturas, más bien renegaba del género zombi; mi admirado J.E. Álamo, quien, tras una conversación con otro autor a cerca de los muertos vivientes, debió sentir una punzada de… ¡algo!, y queriendo darle una nueva vuelta de rosca, finalmente inventó un cóctel de lo más sugerente y entretenido.

Tom Z Stone nos cuenta la ¿vida?, dejémoslo en experiencias de un muerto que en realidad está más vivo que muchos de los que me rodean. Tom, víctima de un infarto, justo, justito cuando pensaba dejar de lado todos sus vicios (que no eran pocos), pero aun sin saber muy bien qué hacer con su vida (casado y con dos hijos, pero algo hastiado de todo), sin ton ni son, va y se topa con una segunda oportunidad; la de continuar con lo que a las claras viene a ser la temida crisis de los cuarenta y, ya puestos, por qué no, también la de continuar con sus vicios, puesto que, ya que había muerto y resucitado, ¿para qué dejarlos? Por lo tanto, tenemos aquí a un hombre sorprendentemente resucitado; práctico, pero aun en plena crisis existencial, y más que dispuesto a convertir su rutina en algo diferente y sobre todo digerible, de ahí que decida convertirse en investigador privado.

Además, contamos con unos cuantos datos más: Tom Z Stone no fue el único resucitado, junto a él, un sinnúmero de recientes difuntos volvieron a la vida y, dependiendo más que de las causas de su muerte, de su condición o cantidad de masa encefálica a la hora de estirar la pata, estos volvieron como simples reanimados —ese era el caso de Tom—, o por el contrario, como los temidos desgastados (lo que viene siendo el zombi al uso).

Y este es, a grandes rasgos, el universo en el que aterrizamos de sopetón: un universo en el que a pesar de haber pasado ya algún tiempo, no se sabe aún la causa del denominado Fenomeno Reanimación, salvo que afectó solo a los muertos. También y, sorprendentemente, en este nuevo cosmos, los reanimados (esos que no se lían a bocados con cualquier bicho viviente), son tratados con respetado y la razón es bien sencilla: son personas prácticamente normales, sin latido cardíaco, eso está claro, pero por lo demás, salvo algún que otro pequeño inconveniente más, personas casi corrientes con recientes derechos adquiridos. Ahora bien, y aquí viene una de las partes que más me gusta, esa en la que el destino de los zetas me recuerda casi al mismo de los replicantes, de Ridley Scott: todos los que se levantaron ese fatídico 7 de agosto de 2012, tras cuatro años aproximadamente de no-vida, volverán al lugar del que salieron, pero, desgraciadamente, en calidad del zombi de las pelis de Romero.

Con este hándicap, y en este punto exacto, es donde tenemos a ese señor Stone sin problemas económicos (gracias a una herencia familiar), y totalmente al margen tanto de su familia como del resto de su círculo de conocidos de toda la vida. Y es que Tom siente que nada de su pasado le pertenece, y que los suyos, no querrían estar junto a él salvo por compasión y/o presión social. Efectivamente, ya lo he dejado caer: aquí los zombis, mientras no se convierten en desgastados, aparentemente son bien vistos. Algo totalmente inusual y uno de los temas clave, aunque no lo parezca, de la novela. Porque en Tom Z Stone (Imagine) no se trata solo el rollo zombi con sombrero y gabardina y pipas del calibre no sé cuál… Imagine habla, entre muchas otras cosas, de derechos humanos. Perdón, zombis.

Además, según vamos adentrándonos en esta primera novela que conforma la trilogía Tom Z Stone (Omnium) (por cierto, el título de cada una de sus partes es toda una declaración de intenciones), por supuesto se nos ofrecerá un caso central en el que Tom se deja todo menos la vida (porque no la tiene), y así, transitaremos dentro de los pensamientos y sentimientos de alguien que, en el fondo, desde que resucitó, se ha sentido muy, pero que muy solo y asustado, y tal vez por esta misma razón, destila ese sentido del humor sarcástico que no para de utilizar a modo de ametralladora (y que no deja de ser uno de los puntos fuertes de su personalidad). Así es. Obvio, ¿verdad? Se trata de un mecanismo de autodefensa. Al igual que lo es su sarcasmo, su aparente imperturbabilidad e, incluso, sus vicios, tras los que a veces esconde sus preocupaciones… pero en el fondo, siempre en el fondo, dejando toda esta dura fachada a un lado, tendremos a un tipo noble, honesto y, por encima de todo, a un caballero. Esto lo he descubierto sobre todo en mi relectura de esta primera parte de Tom Z Stone (Omnium).

Respecto a la trama, no voy a entrar en detalles, pero, efectivamente, en Imagine hay un buen puñado de clichés (como no podía ser de otro modo), sin embargo, también está esa vuelta de rosca de la que os hablaba, en la que se tratan sentimientos profundos, soledad, humanidad (me repito necesariamente) y más… A grandes rasgos, puedo añadir que la base del argumento principal en Imagine es bastante lineal, sin grandes complicaciones, pero lógicamente con algún que otro giro insospechado y sobre todo el de ese certero final. Y si ya de por sí la primera entrega es fácil de digerir, se aligera aún más a base de inclusiones varias; anécdotas del FR, entrevistas a personajes de lo más variopintos (esto además hace que, a veces, avance la trama), noticias… Lo que en conjunto la convierte en una historia original y muy divertida, ya que, dentro de todo ese berenjenal de artículos, entrevistas, y narraciones de algunas resurrecciones, tenemos la aparición de amigos de Joe Álamo y gente en general del fándom, siendo estos periodistas, enterradores, zombis, o lo que se tercie. También hay mucho homenaje a grandes figuras del arte, porque Álamo, en el fondo, también es un «poquito» mitómano. Y ahí llegamos al homenaje que más me tocó la fibra sensible: The Beatles, tratados por Álamo con un inmenso cariño. Pero hay más, y algunos muy evidentes…

Respecto a sus personajes secundarios, estos tampoco tienen desperdicio, y menos aun cuando saltas a la segunda parte de Tom Z Stone (Omnium), titulada de manera independiente Let it be.

Decía Joe Álamo en nuestra última entrevista que Mati, el love interest de Tom, no solo había sido uno de los personajes que más había triunfado entre sus lectores, sino que había quien opinaba que era incluso mejor que Tom. Yo no llegaría a tanto, pero es cierto que está muy a la altura. Y hay más, muchos más: Garrido, gerifalte de la brigada FR; divertido, entrañable… otro pilar clave en la vida y las novelas de Tom Z Stone. Y más…

Respecto a Let it be, esta se podría leer de manera totalmente independiente puesto que Álamo ha sabido enlazar con Imagine sin necesidad de tediosos resúmenes o repeticiones, algo muy inteligente por su parte y, sobre todo, digno de agradecer. Precisamente, da lo justo de su trabajo anterior para continuarlo aquí: incluso cuando casi toda la novela transcurre dentro de un flashback, tenemos solo lo necesario incluyendo todo lo referente a su personaje principal y a esos secundarios que vuelven a asomar, gloriosamente, sus narices.

Además, nos encontramos una nueva rutina en la que los reanimados ya no están tan bien vistos. La euforia inicial ha pasado, y la sociedad ha vuelto a dejarse llevar por sus problemas de siempre, su mediocridad, y su egoísmo.

Tom, por otra parte, en estos días está algo más paranoico de lo habitual; sabe que cada vez le queda menos tiempo para convertirse en un terminal, así que decide someterse a una terapia experimental intentando así retrasar su impepinable deterioro. Mientras tanto, como cabe esperar, tiene lugar un nuevo caso mucho más enrevesado que el anterior, en todos los sentidos; por la puesta en escena, por los personajes y sus respectivas mentes/fechorías/vidas, y por la mala baba que arrastra en general; mucha más violencia, sangre, y crueldad también a nivel psicológico.

¿Esto qué significa? Efectivamente, Álamo está más implicado. La hipnótica existencia del «monstruo», se ha apoderado de su creador de tal modo que en esta nueva aventura se aprecia perfectamente no solo su comodidad y regocijo, sino sus increíbles ganas de darlo todo, traduciéndose en un universo mucho más rico y una prosa más contundente y poética cuando esta ha de serlo. Emocionalmente, en Let it be, Joe Álamo está comprometido hasta las trancas: totalmente enamorado y dejándose llevar tal y como lo hace su protagonista, que además de apreciársele con más mala leche (sí, en Tom esto es posible),  también, con un sentido del humor asombrosamente más chungo. Pero, como decía, Tom sobre todo está muy pero que muy encelado por la única fémina capaz de soportarlo (y que afortunadamente no se ha convertido en una mujer florero). Así que se puede decir que en cierto sentido el señor Stone y Joe Álamo van muy a la par.

De nuevo, sé que no he contado gran cosa del argumento, pero no lo veo necesario, solo dejar constancia de que Let it be es una obra mucho más sobresaliente que su predecesora; sorprendentemente más adictiva, y de las tres, mi preferida.

All you need is love, el final de la trilogía, sí tira más del «remembering» aunque sigue sin hacerse pesado, de hecho, hay alguna que otra explicación ciertamente poética. Pero es que además es obligatorio, y no solo porque el señor Tom Z Stone vuelva de aquel sitio donde se dejó caer hecho unos zorros, abandonándonos a todos mientras manteníamos el corazón en un puño, sino porque, de nuevo, tendremos la suerte de volver a disfrutar de personajes secundarios conocidos que, siendo más amigos o más enemigos, insisten en seguir la estela de Tom.

Por supuesto nos enfrentamos a un nuevo caso a pesar de que esta vez nuestro protagonista se niega de verdad a trabajar —el señor Stone se siente tan vulnerable y humano, que está dispuesto a cumplir con todas esas ideas de futuro que ahora tiene metidas en la cabeza—, pero, como siempre, de poco le servirá. Una vez más, se verá impelido a poner toda SU carne en el asador, presto a proteger a víctimas y amigos hasta las últimas consecuencias. Entre tanto, se implicarán sujetos de lo más dispares, y habrá multitud de intereses generados; abusos, dolor, rabia contenida y una sed de venganza que terminará arrasándolo todo. De hecho, y dado que esta sed de venganza no es liberada por un solo individuo, es impresionante el escenario final que termina presentándose: un auténtico circo de varias pistas donde el autor es capaz de mantener un maravilloso suspense sin bajar el ritmo en ninguna de ellas.

Y encima la novela empieza por el final, algo harto arriesgado y que a Joe Álamo no parece importarle, porque va y nos cuenta el estado de Tom sin cortarse un pelo, y de esa guisa, nos lleva, tristes y ansiosos, a un nuevo flashback que se remonta al final de Let it be y sigue hasta concluir en un The End digno de la gran pantalla.  Y lo más gracioso es que la emoción no decae; incluso cuando sabemos con bastante antelación quién se está cobrando tantas vidas, y a pesar de que la fórmula no es exactamente igual que la de las dos anteriores —Joe ya no juega tanto con el fándom y sus jocosos artículos periodísticos, por ejemplo. Y también los Beatles han pasado, forzosamente, a mejor vida.

Algo también muy llamativo es que, a pesar de su sentido del humor de siempre, ya sabéis, bruto, socarrón… de fondo, se percibe que All you need is love desprende mucha más tristeza (aunque también pudiera ser que fueran solo apreciaciones mías), y también es la historia más directa de las tres. ¿Será la implicación, evidente, del autor hacia su obra y el crecimiento conjunto? Debe ser, porque otra prueba inequívoca de que Joe Álamo ha ido subiendo el listón y ha apostado todavía más fuerte, es la inclusión de algún momento lujurioso; más explícito que ninguno anterior, pero que se me sigue quedando un poco raro cuando tenemos a un tipo más caliente que un balonazo en una oreja y sigue pensando en su miembro en términos de «pene» (algo muy común, por otra parte, entre muchxs de nuestrxs autorxs. Y digo yo, si estamos apostando fuerte y dejamos salir nuestro instinto animal, ¿no deberíamos dejar de cogérnosla con papel de fumar en una escena como la que se describe? (No temáis, no voy a hacer spoiler). Es solo una apreciación, porque por lo demás, me ha encantado la apuesta.

Concluyo declarando lo obvio: he disfrutado profundamente de un ejemplar que, a pesar de pasar las mil páginas, se deja leer con una facilidad preocupante. ¿Será que estoy enganchada a toda esta locura zombi, de sombrero y gabardina, y drama y sangre y misterio, atiborrado de salidas descacharrantes y palabras malsonantes? ¿Será eso? ¿Serán sus personajes, zombis o borregos, entrañables y seductores? No sé. No sé qué es exactamente, pero sea lo que sea tengo claro que estoy atrapada y, ahora, solo me queda sentir una gratitud infinita por los buenos ratos que he pasado leyendo, a la par que una tristeza inmensa por estar obligada a esperar, cual quinceañera enamorada, a esa próxima precuela: ese The Fool on The Hill donde, en teoría, disfrutaré nuevamente de ese caballero buenazo, pero bastante cabrón, que es Tom Z Stone, aunque me temo que tal vez no sea el mismo que, prácticamente, acabo de conocer: ese que nos viene a enseñar que, para estar vivo, e incluso amar apasionadamente, es necesario contar con algo más que con el latido de un corazón.

© Copyright de Pily Barba para NGC 3660, Noviembre 2017

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