Simulaciones de vida

| Enric Herce | Wave Books Editorial| Sello: Wave Gold | CF | 254 págs. | 
ISBN: 978-1976948978  | 12,00 € (papel) – 2,99 € (ebook) 2018 | 

Por Pily Barba

Portada Simulaciones de vida

Llevaba demasiado tiempo sin leer a Enric Herce, ahora me doy cuenta. Para colmo, cuando vuelvo a hacerlo, voy y me topo con una novela como Simulaciones de vida de la que, sin duda, se puede decir mucho y muy bueno, pero, sobre todo, que es capaz de proporcionarte tanto placer mientras «deambulas» de situación en situación y de fechoría en fechoría que, sencillamente, continuarías leyendo y leyendo y leyendo… ¡y leyendo!

Bajo un título tan impactante y, a la vez, tan morbosillo, nos topamos con una Barcelona futura e hiper-tecnificada donde todo hijo de vecino funciona a golpe de «log». Efectivamente, se trata del dispositivo estrella de una sociedad que, en muchos sentidos, resulta demasiado próxima a la nuestra, pero en la que sin el susodicho cacharro (ya sea a consecuencia del hurto, del extravío, o de avería) no se es más que un zombi. Y uno bien jodido, he de añadir: un pobre paria insignificante y prácticamente aislado. Ya lo veis, al final, ni móviles, ni súper relojes, ni portátiles, ni narices: todo el mundo ha de tener su log a punto y, solo gracias al dispositivo de marras, podrá interactuar o, mejor aún, vivir sencillamente en este atractivo mundo distópico.

Un momento. ¿He dicho atractivo mundo distópico? Dejadme que piense: pues sí, aunque suene incongruente, lo es. Y, por otra parte, como cabe esperar, no lo es. Me explico: en su vertiente lectora, Simulaciones de vida es una obra tremendamente atractiva, puesto que nos proporciona un buen puñado de personajes (pero uno generoso de verdad, ¿eh?), de todos los pelajes y temperamentos: bien equilibrados y sumamente interesantes. También, toda una increíble cantidad de circunstancias extraordinariamente confeccionadas para casi todos los paladares: con tintes barriobajeros, virtuales, sectarios, románticos, infantiles e, incluso, apocalípticos. Por tener, incluso tiene un perfil que, en cierto sentido y salvando sus grandes distancias, me recordó muy de refilón a las magnífica 1984 (de George Orwell); por aquello del lavado de cerebro buscando el utópico bien común. Pero, como decía, en su cara semioculta, dicha distopía de atractiva no tiene nada (de otro modo no sería distopía). En este futuro descrito por Herce, mujeres y hombres, u hombres y mujeres, son nuevamente oprimidos por unos políticos faltos de escrúpulos, además de ignorados por precarios sistemas de sanidad que, ¡uy, qué raro!, están más de parte de la industria farmacéutica que del ser humano. Y eso por poner unos pocos ejemplos.

Sea como fuere, el desarrollo de Simulaciones de vida es toda una delicia. Y mirad que se trata de una obra harto complicada, con un curiosísimo comienzo en el que podríamos llegar a atisbar cómo una Inteligencia Artificial, que habita la casi obsoleta red bibliotecaria, bebe los vientos por una usuaria. ¡Ahí es nada! No sé cómo suena todo esto descrito por mí, pero os puedo asegurar que este inicio, envuelto con la pátina del cariño y la sabiduría de Enric con respecto al mundo del libro (es filólogo y se gana la vida como bibliotecario; guiño, guiño), abrieron mi apetito lector a toda velocidad.

Pero no os llevéis a engaños: este supuesto enamoramiento, no es más que una pequeñísima y muy engañosa parte —por su aparente claridad y, tal vez, por lo parcialmente manido—, de la gigantesca intriga urdida por la mente de este autor que no duda en subir el listón, a toda velocidad, incorporando y desarrollando más y más porciones de vida casi como si de una metralleta se tratara; algunas, con pequeños, ligerísimos tintes de género futurista, y otras que lo son desde su misma médula. ¿Y cómo se come eso?

Por otra parte, su evolución, a distintas velocidades y profundidades, volved a leer: ¡a distintas velocidades y profundidades!, es tan espontánea, tan brillante, y transcurre de una manera tan inteligente, que no nos es necesario conocer, en ningún momento, los nombres de aquellos personajes a los que les va llegando el turno de volver a aparecer. Sí, hasta ese extremo llega el talento de Enric.

Eso sí, he de advertiros que precisamente en toda esta fórmula tan apabullante y nada común, es donde reside esa complejidad de la que hablaba: en el sorprendente número de vivencias que la componen, número que, por otra parte, no es nada habitual en una historia de esta envergadura (no se trata de una novela demasiado larga). Porque, además, por un lado, toda esa multitud de atractivas subtramas nada parecen tener que ver las unas con las otras. Pero nada de nada. Y según se van desarrollando los acontecimientos y nos aproximamos peligrosamente al final… ¡tampoco! Por otro lado, y llegados a un punto bastante avanzado, lo que lo convierte en algo verdaderamente peligroso, cuando en teoría ya no debería volver a pasar, de pronto va y se nos presenta a otro personaje con bastante peso para todo el desarrollo final. De esta forma, todos aquellos a los que nos gusta anticiparnos, volvemos a vernos arrastrados nueva e irremediablemente a la casilla de la inquietud (y ya van…), mientras nos preguntamos: ¿de verdad esto va a tener una conclusión satisfactoria? ¿Enric va a ser capaz de hacerlo? Admito que en mi caso hubo algún momento en el que no pude evitar desanimarme: aunque todo lo que desarrollaba era condenadamente atrayente y humano (requisito indispensable para tenerme totalmente enganchada. De hecho, hubo momentos en los que me pregunté qué partes podría haber vivido el propio autor porque, de otro modo, era imposible aproximarse tanto a determinados estados de ánimo o inconvenientes físicos si no los ha vivido, aunque fuera de refilón)… insisto, aun así, toda esa convergencia que tan desesperadamente esperaba, no terminaba de llegar, y mientras, el caos seguía precipitándose a marchas forzadas; la caída de nuestra civilización continuaba viniéndoseme encima; los acontecimientos no paraban de desbaratarse e, incluso, alguna que otra muerte se agolpaba a lo largo de las páginas. Y Don Enric Herce seguía erre que erre: maquinando y desesperándome hasta llevarme casi al límite cuando, por fin, justo en el momento en el que parecía que no quedaba ni espacio físico en la novela para darle un fin más o menos digno a todo el desorden que había generado, la coherencia y la razón confluyeron, trayendo consigo la paz que tanto anhelaba y, por encima de todo, la consciencia de que lo que el autor había hecho, era, en definitiva, un trabajo harto complicado y original.

Para concluir, solo quiero añadir que una vez leída Simulaciones de vida y pensando asimismo en la lectura de Ninfea (del autor Francis Novoa), me doy cuenta de que Wave Books Editorial sabe perfectamente lo que hace: es de esas editoriales que, claramente, no se conforma solo con lo bueno. Por esta misma razón, no puedo dejar de darles la enhorabuena por ofrecernos, a estas alturas en las que todo parece haber sido inventado y superado, tesoros tan valiosos y sobresalientes como estos.

© Copyright de Pily Barba para NGC 3660, Junio 2018

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