Rogue One: Una historia de Star Wars

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| Título original: Rogue One: A Star Wars Story | Direc.: Gareth Edwards EEUU | CF |
| Guión: Chris Weitz, Tony Gilroy | Historia: Chris Weitz, Tony Gilroy | 2016133′ |

Por Joan Antoni Fernández

Como diría el Quijote, Sancho, amigo, con la Iglesia hemos topado. No resulta nada fácil reseñar una película como ésta, que entronca con momentos inolvidables de nuestra juventud. Para ser justos, pesa demasiado la nostalgia, el frikismo y ese crío que todavía se remueve dentro de uno. Pero vamos a intentarlo.

La Saga de Star Wars tiene millones de fans en todo el mundo. Por supuesto, no descubriremos nada nuevo al señalar que el promedio de edad de dichos fans resulta bastante alto. Y los fallidos esfuerzos de Lucas en los episodios I, II y III no ayudaron a atraer a más seguidores. Cuando los directivos de la Disney compraron los derechos a George Lucas ya eran conscientes de ello. Así pues, encargaron a J.J. Abrams que revitalizara la historia para enganchar a nuevas generaciones. Ese fue el motivo de pergeñar El despertar de la Fuerza, un intento de reiniciar la Saga.

Aplicando una capa de purpurina dorada sobre la historia, Abrams volvió a contarnos otra vez el mismo cuento. Incluso llegó a convencer a los antiguos protagonistas para que realizaran algunos cameos, aunque Harrison Ford se olió la tostada y exigió que mataran a su personaje. De esa forma, se libraba de nuevas apariciones en otras entregas.

El resultado de todo ello varía según el grado de frikismo de cada cual. Pero digamos que fue un churro y punto. Si el valor de una película se basa por la grandeza de su villano, El despertar de la Fuerza no vale ni un duro. Kylo Ren es el «malo» más ridículo y risible que ha aparecido en toda la Saga. Para correrlo a gorrazos, vamos.

Pero la Disney es una gran productora, eso es evidente, y pretende realizar con Star Wars algo parecido a lo que ya hizo en su día con Piratas del Caribe. Supongo que en breve una copia del Halcón Milenario se convertirá en una atracción más dentro de Disneylandia. Aunque para ello hay que hacer más películas, lograr que los jóvenes se apasionen con las aventuras de los Rebeldes contra el Imperio.

Y no nos olvidemos del importante mercado de las videoconsolas, pieza angular para obtener beneficios. Porque en realidad Rogue One, y aquí ya entramos en materia, da la sensación de ser el anuncio de un futuro videojuego. En especial por la música de Michael Giacchino, también compositor del famoso título Call Of Duty, la cual posee unos acordes muy en sintonía para ser reproducidos en algún dispositivo de plataforma.

Pero a pesar de todo lo expuesto, la película Rogue One se deja ver. Incluso en un par de ocasiones llega a ser entretenida y brillante. El director Gareth Edwards (Monsters, Godzilla) intenta huir del encorsetado mundo de la Saga, y a ratos lo consigue. Nada fácil, teniendo a los productores de Disney tras el cogote. Incluso le obligaron a repetir y cambiar varias escenas.

Que trata de ser un film políticamente correcto es una evidencia. Los de Disney son así, qué le vamos a hacer. La protagonista es una chica, algo que hoy en día está de moda y queda bien, no existe otro motivo de más peso. Igual que sus compañeros son representantes de un amplio abanico cultural: latinos, negros, orientales… En cambio, los malos siempre son blancos e imperialistas.

El tono oscuro que esta película debía tener ha sido desteñido con habilidad. Un producto Disney es lo que tiene: posee un gran empaque formal, pero también un guión no demasiado complicado y sin aristas, apto para todos los públicos. Lástima, porque la presente historia exigía menos risas y ahondar más en unos personajes turbulentos.

Si bien la Star Wars original de Lucas era un copy-paste de La fortaleza escondida de Kurosawa y el cómic francés Aldebarán, entre otras muchas referencias, aquí Gareth Edwards se apoya en el cine bélico de los años 60 y 70. Títulos emblemáticos como El desafío de las águilas, Los cañones de Navarone, Los violentos de Kelly o Doce del patíbulo parecen pesar en el guión.

El problema es que, a pesar de tan buenos mimbres, los personajes carecen de profundidad. Dado que todo el mundo sabe lo que va a suceder, no olvidemos que se trata de desarrollar el texto explicativo del Episodio IV, obtener los planos de la Estrella de la Muerte, lo mínimo que necesitaba el film era que los espectadores empatizaran con sus protagonistas. Pero no.

A la película le cuesta coger el tono. El personaje de la joven rebelde Jyn Erso es interpretado con convicción por Felicity Jones (para mi gusto, mucho mejor que la Rey de Daisy Ridley en El despertar de la Fuerza), a pesar de las lagunas en su deficiente presentación. Su emparejamiento con Cassian Andor (Diego Luna) trata de ser una repetición del de la princesa Leia con Han Solo, pero sin química entre ellos. Andor, demasiado serio, no puede compararse con Solo, y eso se nota.

El resto de personajes también padece de un apresuramiento que nos impide cogerles gran aprecio. A destacar el típico robot gracioso (no tanto), un monje ciego a lo Zatoichi, un asesino a sueldo aún más típico, además de un veterano de la Guerra de los Clones repleto de implantes, interpretado por Forest Whitaker, el cual tiene uno de los finales mas estúpidos y sin sentido que yo haya visto en el cine.

Mención aparte merecen los dos cameos de Darth Vader (el primero completamente innecesario) y el de los robots R2-D2 y C-3PO. Por otro lado, las incorporaciones mediante CGI de Peter Cushing y la pricesa Leia chirrían bastante, aunque la de esta última esté mejor engarzada en el guión, al dar su mensaje de esperanza y cerrar el círculo.

Es curioso, pero entre lo menos malo se halla el personaje antagonista. Ben Mendelsohn da vida a Orson Krennic, pérfido director Imperial y malvado cuatro estrellas de la función. En resumen, digamos que la película avanza desvaída durante gran parte del metraje, hasta que aparece en escena la Estrella de la Muerte; y entonces todo se acelera.

Es al ver volar en la pantalla a los X-Wing cuando somos conscientes de estar ante un episodio de Star Wars. Nos aguarda un final apoteósico, con una batalla rodada de forma brillante, donde de nuevo la sombra de un futuro videojuego se hace patente. Un genuino aire de space opera acompaña los últimos compases del film.

En definitiva, una película correcta, muy de serie B, pero que será juzgada más por ser «de Star Wars» que por sus propios errores y aciertos. Y de ambos tiene muchos.

© Copyright de Joan Antoni Fernández para NGC 3660, Diciembre 2016

| Intérpretes: Felicity Jones, Mads Mikkelsen, Diego Luna, Ben Mendelsohn… |
| Fotografía: Greig Fraser | Música: Michael Giacchino | Productora: LucasFilm |
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