Los príncipes de madera

|  Daniel Pérez Navarro | Editorial Cerbero | Colección: Wyser nº3 | CF | 2017 | 
| ISBN: 978-84-946422-2-7185 págs. 5€

Por Pily Barba

Portada Los príncipes de madera

Hace ya unos cuantos años, los suficientes como para hacerme dudar de si había leído o no una versión primigenia, tuve la fortuna de, efectivamente, catar Los príncipes de madera aun cuando, según me ha comentado hace unos días el propio autor, fue una versión muy distinta y distante de esta que ahora podemos disfrutar. Aun así, y en el caso del capítulo inicial, tan impactantes me parecieron en su momento ciertas circunstancias, que este, en su segunda lectura, reverberó de tal modo en mi cabeza que me llevó a experimentar esa extraña sensación de estar rememorando una situación ya vivida, o de haber soñado todo lo que estaba leyendo. Y me ha encantado percibirlo así. Me ha resultado curioso… mágico, de algún modo.

También llevaba tiempo sin leer una historia que se abriera paso de una manera tan fría, tan rápida, y a la vez tan directa, al igual que lo hacen su lenguaje y los propios personajes. Pero esto es así solo al principio, y es algo que, por otra parte, era imprescindible si Daniel Pérez Navarro quería evolucionar en consonancia a la historia personal de cada uno de sus protagonistas, pero también con respecto a la trama y a la hora de aproximarse al lector. Es decir, la fórmula que sigue nuestra querida novela, no es otra que la adecuada para generar esa sensación de que todo termina estando debidamente coreografiado y dejar así un regustillo la mar de satisfactorio.

Eso sí, Los príncipes de madera comienza de algún modo despistando al lector, dándole la bienvenida mediante pequeños y asépticos empujoncitos, mientras este no para de preguntarse qué es lo que va a suceder, por ejemplo, con la chiquillería del nuevo colegio que se nos acaba de presentar. ¿Y dónde estará la ciencia ficción? ¿Será ciencia ficción muy próxima, o futura? ¿Nos quedaremos en el colegio? ¿Volaremos al espacio?

Afortunadamente, la ciencia ficción y el sentido de la maravilla no se hacen de rogar, asomando y elevando las expectativas en su segundo capítulo. Al mismo tiempo, también ha ido creciendo la expectación respecto a cierto grupito de chavales, Los cerebritos de Collins, mayormente conocidos como «cafeteras» por el grupo antagonista y macarra de turno. La panda de Collins, lo único que sabe tanto de su congregación como de ellos mismos como individuos, es que están siendo preparados para ir, en un futuro próximo, a la luna de Agarttha, puesto que han de encargarse personalmente de la extracción de Jebo. Pero ¿es por esto por lo que parecen tener algo malo? ¿Son menos seres humanos que el resto de sus compañeros por el simple hecho de tenerlo todo tan claro y ser intelectualmente más competentes que la media?

Nadie parece saberlo, mientras todo resulta cada vez más extraño en el entorno del instituto Huygens, un entorno en el que, dicho sea de paso, no hay ni una fémina. ¿A que da que pensar? También que la música ocupe un lugar eminente, al menos con respecto a los chicos de Collins, aunque diría que incluso lo hace en el día a día del propio autor (me da que la narración lleva más de Daniel Pérez Navarro de lo que creemos). Ésta, la música, en concreto la pieza El príncipe de madera de Bartók, siempre despierta un mundo de sensaciones dentro de la mente de los muchachos hasta que, finalmente, consigue que salte la liebre. Eso sí, seréis vosotros los que tendréis que averiguar en qué sentido. Al igual que, una vez finalizada la lectura, veréis por qué en Los príncipes de madera nada es blanco o negro, es decir, a pesar de las apariencias y dependiendo de la perspectiva, casi no hay malos ni buenos, sino más bien dominadores y dominados; intereses creados por unos y por otros, y una lucha constante por saber la verdad y obtener así la libertad.

Por cierto, me veo en la obligación de apuntar que, aunque el nudo central de la novela no es del todo original, poco importa, puesto que posee una contextualización magnífica, y una vez el lector acierta a ver dónde radica realmente la fuerza de ese nudo, es cuando descubre lo que su astuto autor ha pretendido desde el principio; darle una nueva y encantadora vuelta de tuerca poniendo ni más ni menos que tanto a la ciencia ficción como al ser humano en su sitio.

En pocas palabras, a pesar de la brevedad de la narración, no os dejéis engañar, Los príncipes de madera no solo encierra una entretenida historia espacial, sino que además nos ayuda a pensar sobre ciertos aspectos del ser humano; muchos de los más positivos, pero sobre todo los más negativos y deshumanizantes de nuestra especie.

© Copyright de Pily Barba para NGC 3660, Septimbre 2017

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