Pórtico: esa insólita puerta hacia las estrellas

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| Frederik Pohl | Ultramar Editores Título original: Gateway |  Año 1977 294 págs. |
| ISBN: 84-7386-475-1  | Premios Hugo, Nébula y John W. Campbell

Por Pily Barba

portico

Cuando mencionamos Pórtico, sinceramente, ¿quién piensa en el misterioso planetoide hallado de manera fortuita orbitando en nuestro Sistema Solar? Nadie, ¿no es cierto? Al decir Pórtico, antes pensamos en el artefacto creado en su interior por esa raza alienígena de la que todos hemos oído hablar, pero que ninguno conocemos, ¿verdad que sí? Es más, sé que ahora todos pensamos lo mismo y temblamos al imaginarlos partiendo, tal y como debieron hacerlo hace miles de años, tranquila y pacíficamente; abandonando, tras su marcha, los túneles venusianos y lo que ahora denominamos como Pórtico. Haciéndolo sin causa justificada, sin indicios que nos aclaren por qué decidieron que todas sus creaciones debían ser desechadas junto al que ahora se ha convertido en nuestro Sistema Solar.

Y bien, ya que ha salido el tema de los Heechees, ¿verdaderamente pensáis que con el tiempo llegaremos a averiguar algo más sobre ellos? Yo personalmente creo que no, y perdonad que sea tan pesimista. Pero teniendo en cuenta que, a estas alturas, todavía somos incapaces de elaborar una hipótesis plausible… ¿Cómo pudieron abandonar Pórtico y lo que esta creación significa, cuando absolutamente todo funciona? (Aunque ya nos gustaría saber cómo). ¿Quién es capaz de encontrarle lógica a algo así? ¿Pensáis acaso que su propia obra los decepcionó? ¿Se cansaron de ella? Pero entonces, ¿por qué no borraron sus huellas sin más? ¿Por qué no destruyeron todo y se esfumaron dejando las cosas como estaban cuando llegaron? Estooo, ¿alguno de vosotros cree que lo hicieron adrede, que esperaban que descubriésemos sus creaciones y así conocer su existencia?

Bien, voy a dejar este tema a un lado puesto que ya sabéis cuál es mi opinión, y no solo estoy convencida de que no averiguaremos gran cosa, sino que tampoco pensaban que una raza como la nuestra evolucionaría aquí, en el Sistema Solar. Y ya puestos, mucho menos que llegaría a tropezar con todo lo que ellos dejaron, por eso mismo no se molestaron en borrar nada. Pero me gustaría volver a Pórtico, si no os importa, porque sigo sin comprender por qué la mayoría de la gente, cuando se refiere a Pórtico, lo hace limitándose a pensar en el mayor y más fructífero negocio dirigido y explotado exclusivamente por nosotros, los terrestres. ¿Alguien podría aclarármelo? ¡Pórtico no es sólo eso! Pórtico es mucho más. Espero que estéis pensando lo mismo que yo, que siempre tiene que haber gente que hable de oídas. En fin… Lo que está claro es que Pórtico es, ni más ni menos, que una salida rápida y directa, aunque incierta e insegura, hacia cualquier punto del cosmos. Sí, ya sé que lo sabéis, y también que se trata de un pasaje gratuito hacia el fracaso en el mejor de los casos, o el triunfo como meta prácticamente inalcanzable: el sueño a veces y siempre la pesadilla. La vida o la muerte…

Pero hay gente que no sabe todo esto y a ellos debemos instruirlos: deben saber que no se trata sólo de algo creado por otra raza y aprovechado más tarde por nosotros. Pórtico es algo más. Es algo grande. En el fondo, algo hermoso, y sin la cooperación conjunta no podremos convertirlo en el perpetuo pasaje hacia nuestro futuro: hacia el futuro de la humanidad.

***

En su obra, Frederik Pohl se recrea en un futuro no demasiado lejano donde además de dar cabida a los habituales elementos de cualquier obra de ciencia ficción que se precie, realiza el más increíble de los recorridos por uno de los mundos más inquietantes y aún desconocidos para casi todos nosotros: el del yo interno, el de la primera persona, el de nuestra subconsciencia.

Dejando a un lado la trama (no sin cierto esfuerzo), quizá este sea uno de los mayores atractivos de la obra: la increíble humanización de sus personajes. Insisto, no sólo sus peripecias, sino sus sentimientos, pensamientos y emociones. Y entre toda esa humanización, lógicamente se encuentra la más elaborada de todas, la más atractiva, la del personaje principal Robinette Broadhead, un héroe o antihéroe (según se mire), paranoico, inseguro, miedoso y a veces con muy mala uva. Robinette es un pobre hombre que en el fondo es sólo eso, un desgraciado, y  que consciente de su infortunio, dedica su vida a analizar todos y cada uno de sus pensamientos; los desgraciados acontecimientos de su pasado, a la gente que le rodea, a la vida en general, y aun encontrando la lógica natural de las cosas, sigue siendo incapaz de dejar de sentirse culpable.

Y para aderezar todo esto, en Pórtico también se dan cita grandes dosis de sexo, drogas, alcohol… en general todos los vicios, defectos y virtudes de la raza humana, no solo los de Robinette.

Frederik Pohl define y describe la vida del ser humano tal y como es, pero en este caso, transportada a las Empresas Pórtico, Inc. ¿Y qué más se le puede pedir a esta magnífica obra? Pues lo que Pohl nos da: una narración cargada de continuas contingencias, donde cada personaje está definido a la perfección siempre teniendo en cuenta el lugar donde transcurre la historia; un lugar cargado de misterio, durante una misión excitante; una rutina, la del personaje principal, realmente interesante. Y cómo no, una historia de amor que lleva a Robinette y al propio lector a preguntarse a cerca de muchas cosas.

Y después de años … reflexiones sobre Pórtico en el presente

Cuando una obra resulta ganadora de los premios más importantes del panorama cienciaficcionero estadounidense, es porque algo muy gordo se encierra en su interior, y Pórtico, es el ejemplo por excelencia de ese encierro. Dicha novela, fue una de las más premiadas y aún continúa siendo una de las más aplaudidas y admiradas de este nuestro querido género de soñadores.

Bien, sinceramente, no tengo constancia de cuándo fue que leí aquella primera entrega de La Saga de los Heechee, pero sí es cierto que guardo prácticamente los mismos recuerdos y sensaciones de ella. Aquello que comentaba hace tiempo ahí arriba (de manera romántica y cariñosa porque así reposó y reposa en mi cabeza), sigue teniendo exactamente el mismo enfoque tras años. Por otra parte, guardo con el mismo cariño el recordatorio de aquellos ratos de lectura en los que, incluso yendo en transportes públicos, a punto estuve de pasarme de parada o tropezar por continuar leyendo hasta el último momento. (Andar y leer no son compatibles con una crisma entera y saludable).

Pórtico, esa primera parte de la aventura, sigue siendo uno de mis libros preferidos, una obra redonda que, sin ningún tipo de remordimiento, di a leer a algunos amigos consiguiendo automáticamente su «reenganche» a la ciencia ficción, o en otras situaciones, el enamoramiento de la obra de Frederik Pohl. Y es que Pórtico no falla, fue, es y será, una de las creaciones más importantes y cautivadoras de este género nuestro. Ésta, allá en los setenta, puso los pelos de punta al dibujar un escenario tan inquietante acompañado de un sinnúmero de posibilidades para el lector: fue un compendio de situaciones dramáticas, morbosas, económicas, científicas, y sobre todo psicológicas, porque, Pórtico, por encima de todo, sigue siendo una historia sustentada en la psicológica.

Por ello, después de varios años, creo que sigue mereciendo la pena traspasar esa puerta hacia las estrellas. Y también es por esto que he decidido rescatar este pequeño homenaje que un día escribí, con la mejor de las intenciones, intentando una vez más darle entrada a aquellos lectores ajenos a la obra de Pohl; a esa tetralogía que no deberían perderse: La Saga de los Heechee, cuyo mismo comienzo es este Pórtico.

© Copyright de Pily Barba para NGC 3660, Agosto 2016

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