¿Por qué? – Reed.

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Por Carlos Alberto Gómez Villafuertes

Corría con desesperación, intentado escapar al destino que habían sufrido el resto de sus compañeros. Los destrozados cuerpos quedaron a sus espaldas mientras sus matadores se precipitaban sobre él.

A su derecha se produjo un impacto estremecedor que hizo retemblar la superficie. El golpe fue tan violento que durante unos desesperados instantes sintió que volaba por los aires hasta golpearse violentamente contra el suelo.

Todavía aturdido miró a su alrededor buscando un refugio, algo donde esconderse, y se lanzó a toda velocidad hacia una gigantesca estructura que se alzaba poco más allá, sostenida por cuatro ciclópeos pilares. Con un último esfuerzo se ocultó bajo ella, justo cuando otro demoledor impacto hacía retemblar de nuevo el piso a sus espaldas.

Se detuvo unos instantes, tratando de recuperarse. ¿Por qué esa persecución? ¿Por qué no podrían vivir en paz con aquellas criaturas? Al fin y al cabo, éste era su mundo, su hogar y lo había sido para su especie durante incontables generaciones…

Un estruendo apocalíptico interrumpió sus cavilaciones, mientras toda la estructura bajo la que se escondía era alzada en el aire por aquel poder inmenso que le perseguía.

De nuevo volvió a correr, buscando algún sitio donde ocultarse y esquivando los brutales impactos que caían a su alrededor. ¡Sí! ¡Allí! ¡Un posible refugio! Una oquedad lo bastante grande para él, para poder esconderse.

Con un último, desesperado esfuerzo, alcanzó su objetivo, y se introdujo en la cueva justo cuando otro impacto golpeaba tras él. La presión del aire le empujó violentamente contra el interior.

Se estremeció sin poderlo evitar. Al fin estaba a salvo, al menos de momento. Se disponía a explorar aquella cavidad, cuando un horrible sonido sibilante estalló a su alrededor y una nube semilíquida entró a presión por la entrada de su refugio, bañando el lugar donde se ocultaba y su propio cuerpo.

Sintió el penetrante olor del veneno, y casi inmediatamente, comenzó a sacudirse en espasmos incontrolables. Se sentía arder por dentro, aniquilado por aquella sustancia que le arrebataba la vida rápidamente. No podía respirar, sus órganos internos parecían querer estallar…

Un último pensamiento cruzó su mente, entre las agonías de la muerte.

¿POR QUEEeeeeeeé…? Su cuerpo se sacudió con un último estremecimiento y finalmente murió.

Allí quedó. Solo. Hinchado por el veneno y horriblemente inmóvil.

No pudo ver ni oír la siguiente nube mortal que se esparció a su alrededor, con un gemido cansado, casi sin fuerza, bañando su cuerpo con una nueva oleada de destrucción.

Alguien habló en el exterior.

—¡Niño! Trae otro frasco de insecticida, a ver si nos libramos de estas malditas cucarachas de una vez.

© Copyright de Carlos Alberto Gómez Villafuertes para NGC 3660, Mayo 2017

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