Paisajes de ciencia ficción

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| J. Javier Arnau | Poemario CF | Foto cubierta: Ricardo Arellano |
| Diseño cubierta: Santiago Eximeno 37 págs. | Gratis | 2006 |

Por Pily Barba

Portada Paraísos de ciencia ficción

¿Qué se puede hacer destacar —sobre todo para los no entendidos, como es mi caso—, de un volumen que está compuesto, íntegramente, de poesía? Veamos, en primer lugar, diremos que se trata de una obra a la que puede tener acceder todo hijo de vecino: totalmente gratuita y accesible a cualquiera que disponga de Internet. Dicho libro —en PDF—, dada la filosofía de su editorial (Ediciones Efímeras, capitaneada por Santiago Eximeno), como cabe esperar puede ser copiado y distribuido, pero siempre comunicando su auténtica autoría. ¿Y no es eso magnífico? Lo es. Y es que tanto el autor como la editorial, están llevando a cabo una magnífica labor distribuyendo la literatura fantástica y de ciencia ficción.

Y bien, todo esto lo dije en el año 2006, justo cuando Paisajes de ciencia ficción vio la luz por primera vez y mi reseña salió publicada en la revista Alfa Eridiani, pero he de añadir que, actualmente, Javier Arnau ha decidido ir mucho más lejos, dejando además que su encantador poemario se halle online —listo para ser devorado por aquellos que estén dispuestos. De hecho, podéis hacerlo ya mismo clicando aquí. (Y bien pensado, quizá no le ha quedado otra que dejarlo campar libremente porque, bipedestación aparte, tal vez su exuberante poesía no deja de ser su primer medio de transporte).

En cuanto a la magia del librito (porque en definitiva termina siendo breve), y olvidándonos momentáneamente de sus visiones internas, esta se halla, en primer lugar, en su forma de presentarlo, que de hecho vuelve a ser la misma en su versión online: con su sencilla y resultona maquetación, además de la fotografía de Ricardo Arellano que lo acompaña a modo de consecuente comparsa.

Otra curiosidad, que además ayuda al lector a expandir su mente hacia el ámbito que debiera, es el hecho de que la antología esté clasificada en distintos apartados —sin dejar de estar dentro del mundo de la fantasía científica—, y, sinceramente, me parece todo un acierto.

Ficción romántica, el primer rincón, a su vez se ramifica en tres espléndidas criaturitas: “Y una mirada tuya”, “Es el… ¿amor?”, y “Ella”. En Ficción romántica, Arnau nos corteja y muestra el amor, sin ambages ni fronteras, en todas sus vertientes; a través del cosmos o de los píxeles de un ordenador, tanto da, pero siempre lo hace de manera deliciosa, enigmática, y lo más importante, nada empalagosa.

El siguiente apartado, Entre máquinas, no creo que necesite de mayores explicaciones. En esta ocasión, se nos plantean dos nuevos engendros: “.:1:.” y “.:2:.”, así, tal cual, y aquí el verso es puro sincretismo entre el hombre y la máquina. Pero, además, ¿no es cierto que resulta evocadora la denominación cyborg? Pues bien, su autor, se atreve a hablarnos en clave de cyborg, no sintiéndose ni hombre ni máquina, pero de algún modo siendo, al menos mentalmente, el máximo exponente de la creación y de la exploración.

No diré más, salvo que me quedo entre máquinas…

Vigilados, es la tercera parte de estos paisajes, y en ella, “El radio faro” y “El bastión” son sus dos magníficos prodigios, de lo más placenteros, he de decir, y que en esta ocasión enfocan al lector a través de comunicaciones en el cosmos y de la casi certeza de que hay existencia en otros planetas: todos queremos saber, mientras grupos de robots parten y las Megacorporaciones realizan su función. Por cierto, “El bastión”, curiosamente, me ha recordado a la poesía del grupo musical español El aviador Dro y sus obreros especializados. Qué placer…

Y tras el amor, y el hombre y la máquina, llega la luz. Sí, La luz.: con “Puertas” y “El guardián de la luz”, descubrirnos a un Javier Arnau moviéndose sinuosamente hacia el extremo de lo místico y lo espiritual. Lo divino. Lo primigenio. Cierto es que son bellas ambas composiciones, pero, “El guardián de la luz”, se sale (dicho así, vulgarmente): a mi modo de ver, es el mejor poema, con diferencia, de entre todos estos paisajes.

Llegados a este punto, y cómo no podía ser de otro modo, nos adentramos en el maravilloso mundo de las naves en el apartado que lleva el mismo nombre: “Períodos”, “Y tú en mi recuerdo”, “La nave” y “La nave sueña”, nos desvelan momentos de auténtica soledad, de amor nuevamente, y de catástrofes allá arriba en el espacio.

Y después de haber vivido ese puñado de momentos escogidos y delicadamente moldeados por Arnau —en las imaginativas barrigas de metal de nuestros instrumentos de transporte—, rápidamente llega el final. Porque todo tiene que tener un final, ¿no es cierto? Lo que ocurre es que aquí llega demasiado pronto. En El fin, terminamos precisamente con “El último relato” que, a pesar de lo que pueda parecer (por su título y ubicación) termina dándonos un último soplo de optimismo: para concluir, todo lo perdido es encontrado.

La cuestión, en definitiva, es que entre tanta nave, tanta luz, tanto hombre-máquina, una no deja de ver un buen ejemplo a seguir y el poder de esa poesía sin rima de Javier Arnau; comprensible (casi siempre) y placentera; transmisora de alegoría en alegría y, sobre todo, encarnando un género que no debe ser nada fácil trasladar, como es el caso de la ciencia ficción.

Lo dicho, una estupenda baza que merece la pena ser tenida en cuenta. A estas alturas, quien no disfrute de buena poesía de género, está claro que es porque no quiere.

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