Nuevo mundo

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Por Félix Díaz

Ktacrick y Crokroc discutían.

—¡Me habías asegurado que este planeta estaba libre! —decía el primero.

—¡Es que lo está! ¡Este continente está libre!

—¿Y esos bípedos endoesqueléticos del otro continente? ¡Ya no puedo avisar a la nave colonizadora!

—Los bípedos no van a evolucionar, ni serán capaces de llegar a este continente. Eso te lo puedo asegurar.

—¡No me lo creo! Tendremos que hacer una exploración temporal.

—¡Pues adelante! No me preocupa. Verás cómo el mundo seguirá estando vacío.

 

Todo había empezado cuando los dos exploradores llegaron a un nuevo mundo. Su misión era preparar el terreno para la colonización.

El nuevo mundo, al que de momento llamaron así, Nuevo Mundo, con total falta de originalidad, era un planeta de tamaño medio, con agua líquida y atmósfera oxigenada. Tenía una biosfera muy completa, incluyendo algunos animales inteligentes, pero ninguno que pudiera calificarse como «habitante», es decir, seres a los que hubieran debido dejarle el planeta a su disposición e intentar contactar con ellos.

Las normas de la Federación Galáctica establecían claramente cuando un animal tenía el desarrollo intelectual mínimo para ser considerado un posible miembro de la Federación y cuando, en cambio, se le trataba como animal irracional.

El Nuevo Mundo tenía dos grandes continentes irregulares. El primero era alargado, de norte a sur y fue el elegido por Ktacrick y Crokroc para establecer su base, lo que hicieron en una llanura del semicontinente norte. El otro continente era más irregular, con una masa predominante en sentido este oeste y una prolongación hacia el sur conectada por un delgado istmo.

Crokroc aseguraba que a efectos estadísticos bastaría con estudiar uno de los continentes.

—Cualquier especie racional habría colonizado los dos continentes —decía.

Ktacrick estaba de acuerdo, pero creía que, para estar seguros, deberían revisar también el Continente 2. Crokroc no coincidía en esta cuestión.

—El presupuesto no nos lo permite. Disponemos de pocos créditos y además hemos de darnos prisa. La nave colonizadora ya está cargada con los colonos hibernados y cada día que permanece en órbita es un gasto de créditos que no se puede asumir.

—Venga, Crokroc, ¡siquiera una exploración de tanteo en el subcontinente sur, que es el más adecuado! Está bastante cerca y es más cálido.

—¡Ni hablar! Voy a avisar por ansible para que envíen la nave. Este mundo está libre.

 

Crokroc dio el aviso y la nave se puso en marcha. Ya no podrían entrar en contacto con ella hasta que se hallara en las cercanías del sistema: a velocidades relativistas el ansible no funciona correctamente.

Mientras tanto, Ktacrick seguía erre que erre, hasta que Crokroc optó por ceder.

Una revisión al azar no tenía por qué afectarles. Y su compañero se quedaría tranquilo.

Hicieron un viaje al subcontinente sur-2. Eligieron una zona llana, con pocos árboles. Y hallaron unos bípedos muy interesantes.

Eran endoesqueléticos, como todos los grandes animales del Nuevo Mundo. Es decir que carecían de un esqueleto externo, a diferencia de Ktacrick y Crokroc.

Estos bípedos eran relativamente grandes, aunque no tanto como algunos de los animales locales (todos ellos mayores que los del Continente 1), ¡y usaban herramientas! Además, vestían con pieles y conocían el fuego.

—¿Son racionales? —preguntó Ktacrick.

—No. Según el test de la Federación, no llegan al nivel mínimo.

—Pero, ¿no pueden evolucionar? En ese caso podrían llegar al nivel.

—No lo creo. Son muy pocos y están muy mal repartidos. Lo más probable es que se extingan.

—Si no se extinguieran y evolucionaran podrían llegar a ser racionales. El planeta dejaría de estar vacío. ¡Justo cuando llegaría la nave colonizadora!

Las naves colonizadoras eran lentas, pues tardaban miles de años en recorrer el espacio. Los exploradores no sólo debían asegurar que los mundos colonizados estuvieran libres, además que permanecerían así durante los miles de años del viaje.

 

Ktacrick y Crokroc discutieron durante varios días. Y finalmente decidieron viajar al futuro con su cronomóvil.

Salieron del lugar de su base en el Continente 1 y se adentraron quince mil años en el futuro. Era lo que tardaría la nave en llegar.

Se encontraron con un lugar muy cambiado. La campiña vegetal del pasado se había convertido en un paisaje artificial.

Una superficie dura de piedra sintética era el suelo. Grandes paredes verticales, claramente artificiales, se extendían a ambos lados, formando ángulos perpendiculares. Las paredes eran lisas, conformas cuadradas y rectangulares.

El cielo apenas se vislumbraba en la parte más alta de aquel valle artificial. Y no era un cielo azul, tenía nubes oscuras que hablaban de gases de origen artificial.

El ruido era constante. Ruido de máquinas.

—Parece que la nave ya llegó, Ktacrick. Esto parece una ciudad típica.

—Pero las proporciones, Crokroc, no me convencen. Parece estar creada al tamaño de un ser más grande que nosotros.

—¡No digas boberías! Venga, vamos a salir de este valle oscuro. Aquí no hay más que basura.

Salieron a una calle más amplia. Enormes vehículos la recorrían a gran velocidad. Grandes edificios se alzaban hacia el cielo.

Y vieron a los habitantes. Eran bípedos endoesqueléticos, claramente evolucionados a partir de aquellos del subcontinente sur-2. Y no hacía falta hacer el test de la Federación. Eran evidentemente racionales y tecnológicos.

—Parece que tenías razón, Ktacrick —dijo Crokroc.

La enorme extremidad inferior de uno de aquellos seres cayó sobre ambos y los aplastó.

 

—¡Eh, mira Robert esta cucaracha que acabo de aplastar! ¿No te parece que tiene un aspecto raro? ¡Como si estuviera vestida! ¡Joder, y la otra también!

—Charles, se diría que te preocupas por dos cucarachas salidas de la basura. ¡No me vengas ahora con boberías!

—Pues a mí me dio la impresión de que… ¡Bah, no importa!

© Copyright de Félix Díaz para NGC 3660, Septiembre 2016