Montaña rusa

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| Fernando López Guisado | Vitruvio | Antología | 2016 | 275 págs. | 20€ |  
| ISBN: 9788494590405 |  

Por José Jorquera

La antología titulada Montaña rusa consta de veintiocho escritos que van desde el relato clásico hasta el microrrelato, y toca diversos géneros, desde el suspense hasta la ficción científica, y harán las delicias del lector.

Después de leerla, la verdad, me ha quedado un buen sabor de boca. Fernando López Guisado tiene un estilo muy cuidado y descriptivo, y utiliza un lenguaje poético que evoca al lector sin recargarlo, salvo en un par de ocasiones —anecdóticas, diría yo— en las que quizá se excede con las analogías y rompe el equilibro al que nos tiene acostumbrados. Claro que no es de extrañar que su estilo sea tan detallado y evocador, si tenemos en cuenta que proviene del mundo de la poesía. Este estilo elegante, además, posee buen ritmo, lo que permite al lector adentrarse dentro de la historia casi como si estuviese viendo una película. Fernando López Guisado, es capaz de crear excelentes atmósferas que estoy seguro de que gustarán a los lectores. Además, la antología al completo está barnizada con una capa de melancolía y sufrimiento. Sus personajes, están torturados por sucesos de su pasado o por hechos traumáticos que son difíciles de superar. Personajes solitarios, tristes, que buscan algún sentido a sus torturadas vidas. Pero también tenemos historias cargadas de ironía y humor negro, contrastando con fuerza con aquellas otras más intimistas y melancólicas; como en una salsa agridulce. Y es que el autor es capaz de conseguir que el lector experimente diversas sensaciones, que empatice con la pena de sus torturados personajes; que sufra náuseas ante sus relatos más grotescos o desagradables, o experimente el suspense y la tensión de las víctimas, incluso, que disfrute como un niño antes sus escritos más fantásticos.

Fernando López Guisado nos enseña los diversos registros que posee para no dejar al lector indiferente. Como los gustos son como los colores, aquí nos ofrece un menú de degustación en el que explora situaciones, estilos y géneros. Entre las narraciones incluidas, se me hace difícil decantarme por alguna, por lo que voy a mencionar aquellas que más me han gustado o impactado. Su “Montaña rusa” que da título a la antología, es un ejemplo perfecto del estilo del autor, donde introduce al lector ante una situación de tensión continua hasta la llegada al desenlace: una bajada a toda velocidad no apta para cardíacos.

Otra maravilla escondida es “Comegente”, un relato de horror que no tiene nada que envidiar a los creados por Edgar Allan Poe o Henry S. Whitehead. Chapó. Pero no quiero adelantar nada más, porque es magnífico de principio a fin, así que simplemente recomiendo de forma encarecida su lectura. Y también destaco “Reflejo de Lorelai” o “Plastilina”, que hacen experimentar de manera muy vívida la pérdida: dos ideas similares pero con una puesta en escena distinta, en las que se podrá sentir al personaje protagonista y compartir junto a él sus andanzas. El humor más ácido lo tendremos en “Cocina americana” o “Para solteros exigentes”, donde la mezcla de terror e ironía conforman una salsa para que el lector disfrute. No puedo olvidar, faltaría más, sus textos no carentes de crítica como la bellísima “Vacas” y “Ocho patas”, un peculiar cuento visto bajo el prisma de un personaje bastante curioso. Esta montaña rusa de sensaciones que reúne esta compilación, hará que sientas el verdadero horror con la lectura de “Ascenso” o “La imagen”, incluso la náusea en historias crueles como “Princesita de cuento” o “Negocio familiar”.

Diversos formatos y estilos para que cada cual escoja aquél que más le guste. Eso sí, aquí es donde me veo obligado a destacar, como punto negativo, la inclusión de algún que otro error ortotipográfico, así como una maquetación que, en ocasiones, deja bastante que desear: sin una estructura uniforme, con bastantes vías en blanco y texto expandido o contraído, dándole, en conjunto, un aspecto poco cuidado.

Y volviendo a los textos, y ya puestos, siguiendo con aquello que no termina de darle redondez a la antología, el problema de un conjunto de relatos tan diverso, radica en que el lector, a veces, no sabe bien a qué tipo de historia se enfrenta, por lo que este cambio de situaciones o de género pueden dar lugar a equívocos, y tal vez esto provoque frialdad a la hora de enfrentarse a diversos desenlaces. Al menos ese fue mi caso. Lo que sí es seguro, es que no va a dejar indiferente a nadie, ya que estamos ante una lectura de una calidad notable, y, si había alguna duda al respecto, “Tuétano” cerrará el ciclo narrativo mostrándonos a un autor que escribe, como pez en el agua, todo aquello que se propone.

© Copyright de José Jorquera para NGC 3660, Enero 2017