La moderna Atenea

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| Mª Concepción Regueiro Digón | Grupo A.J.E.C. | Col. Albemuth 16 | Fantasía | 
| ISBN: 9788496013384  168 págs. | Año 2008 |

Por Pily Barba

Portada La moderna Atenea

Tras la lectura de La moderna Atenea, de Mª Concepción Regueiro, me he dado cuenta de que mi admiración hacia ella ha ido aumentando, exponencialmente, al igual que mi interés hacia todo lo que ha narrado a lo largo de sus casi ciento setenta páginas. Bien es cierto que, como autora, ya le tenía echado el ojo: anteriormente, disfruté de esa espontaneidad que la caracteriza —y que a mí tanto me gusta—, en algunos de sus relatos, y de la que, para colmo, aquí vuelve a hacer alarde ad infinitum. Pero es que además de esa frescura y facilidad a la hora de transmitir, también pone un enorme cuidado al concebir su nuevo escenario. No obstante, como decía, aquí me topaba por primera vez con la muestra más extendida de su obra, e, insisto, una vez visto el resultado, de ahí mi creciente admiración.

¿Y cómo lo ha hecho? Pues tenemos entre manos una historia de nuestros tiempos a la par que otra del siglo diecinueve, y tan intrigante la una como la otra, tan absorbente la una hacia la otra que, tal vez de manera fortuita, o tal vez de manera obligatoria, terminan fagocitándose y sumergiendo al lector, entre ambas, en un sinfín de morbosos y fascinantes hechos.

Entrando un poco más en detalle, todo da comienzo a raíz de los primeros artículos redactados por Magda Luiz —concienzuda periodista—, para la publicación El prodigio de las letras. Estos artículos, desgraciadamente, se publican con su autora ya en la tumba, puesto que un trágico accidente nos la arrebata justo cuando, ingenuos lectores, acabamos de saber de su existencia. En ellos, la difunta Magda reaviva el recuerdo y, en definitiva, lo que terminó siendo la misteriosa existencia de una mujer que, según parece, habitó el siglo diecinueve. Dicha dama, aunque no parecía tener mucho de especial —salvo un estupendo estatus y una excelente educación—, bajo cuerda, terminó revelando a una extraordinaria persona; una mente inminente; una promotora incansable: Dorotea Suances. La magnífica dama, que vivió en lo que en la actualidad de La moderna Atenea se convirtió tras su muerte en la Casa de la Cultura de la comarca donde se edita precisamente El prodigio de las letras, no deja de mostrar atisbos de una inteligencia brillante, a la par que un amor infinito hacia la filantropía, desmenuzados de manera ciertamente intrigante de la mano de esas antiguas cartas que, fortuitamente, llegaron a manos de la autora de los artículos inconclusos sobre Dorotea. Además, dichas cartas, también desvelan cómo fue que ciertos personajes terminaron siendo su mano derecha; la admiración que Dorotea despertaba hacia los demás, su envolvente carisma, los intereses de ésta trasladados y grabados a fuego en la consciencia de sus acompañantes… Y, por supuesto, esa actividad secreta por la que luchaba; eso que se dio en denominar, precisamente, La moderna Atenea.

Pero estas cartas son solo el comienzo, después, tendremos siempre a modo de publicación —carta o incluso e-mail—, otras opiniones e historias de personas que aparentemente tienen alguna pieza más del puzle que es la vida y alrededores de Dorotea Suances. De este modo comprobaremos lo que ya dije: ambos siglos acaban enredándose, y el secretismo y la oscuridad del diecinueve, a veces terminará aprisionando a nuestro siglo; a aquellos que se ven tremendamente hipnotizados por la historia de Dorotea, y a esos otros que la acompañaron en el pasado porque, dicho sea de paso, si hay algo que también es digno de destacar en esta narración, es el número de personajes interesantes que hay en ella: expuestos de manera escrupulosa, cada uno en su época e imprimiendo su presencia con una tremenda fuerza.

En La moderna Atenea, Mª Concepción Regueiro no ha desarrollado solo una historia interesante y asaz original (lo último no se puede decir de muchas novelas), sino que ha mantenido este estatus durante toda su extensión y le ha proporcionado, asimismo, un final que ha terminado haciéndome sentir verdadero orgullo. Además, el derroche de imaginación es constante, y no digamos lo inteligente de la trama (¿eso ya lo he dicho?), tan, tan coherente que, al término de mi lectura, me he visto obligada a buscar información en Internet. Ya sabéis, por si acaso… Pero no, no he encontrado nada. Y, sin embargo, habría sido tan interesante, tan inquietante. No obstante, todo ha salido de la imaginación de la autora. Y qué imaginación tiene…

Por otra parte, al leer La moderna Atenea es más que evidente que Mª Concepción no escribe por escribir, así que, del mismo modo, aquellos que la leáis, tenedlo claro: no leeréis por leer. En mi caso, desde la primera página he tenido una sensación que hacía tiempo que no tenía: cada palabra leída, ha sido disfrutada: cada nuevo párrafo, despertaba más curiosidad y ganas de continuar. Y eso es toda una proeza por parte de la autora. Y para el lector, en este caso, para mí, una sensación apabullante: una experiencia inmensa.

Así que ahora, ya sí lo tengo claro: Mª Concepción Regueiro Digón es una de nuestras modernas Ateneas, y yo, personalmente, no pienso perderla de vista.

© Copyright de Pily Barba para NGC 3660, Marzo 2017