Lenguaje en la ficción prospectiva

 

Por Blanca Mart 

Portada Congreso de futurología, Stanislaw LemEn el universo de la comunicación humana del lenguaje y de los códigos, adentrarnos en la lectura de la ciencia ficción o ficción prospectiva, es algo leve y cotidiano, lleno de riqueza y de conceptos que llevan a la reflexión, que abren el espíritu, que colman el ansia del científico imaginativo, o del aficionado a la ciencia que reflexiona sobre el futuro.

Pero ¿es en realidad así? ¿Este tipo de lectura es algo tan sencillo, liviano, y cercano al lector no entrenado?

Veamos un ejemplo:

En la novela de ciencia ficción Congreso de futurología, del escritor polaco, Stanislaw Lem (1921-2006) podemos leer las siguientes palabras:

«(…) el idioma ha cambiado tremendamente. Se dice “permanecer” por “vivir”, “experimentar” por “existir”, puesto que es posible vivir varias veces. De ahí los verbos frecuentativos (…) la quimera significa un ensueño teledirigido y por encargo; se le pide a la soñadora computadora, que está instalada en la oficina de “suentesis”». [1]

O bien: «Acaba de tener lugar el llamado “clibiscito”, sobre el clima otoñal. Se suele celebrar con un mes de antelación mediante una votación general (…) El mes de septiembre ha de ser soleado (…) El arco iris no sólo se contempla cuando llueve, sino que es posible producirlo de otra manera. El hombre del tiempo se ha disculpado por las nubes imprevistas (…) debido a un fallo de un control técnico».  [2]

¿De qué se trata? ¿De qué está hablando el autor? Conozcámosle: Lem fue hijo de médicos; estudió medicina, trabajó durante la Segunda Guerra Mundial como mecánico de automóviles. Terminada la guerra y ya con su título, se especializó en psicología, estudió ingeniería biológica, teoría de la información, matemáticas, cibernética. Y después empezó a escribir: y en sus obras, bien escritas, literarias, siempre la propuesta científica, la maravilla abocada al futuro.

Cuando leemos a este autor, aparte de seguir una aventura entretenida, o angustiosa, o trepidante, estamos aprendiendo, estamos entrando en el mundo del conocimiento científico, y al conocer su lenguaje sabemos que habría otras posibilidades de manejar la ciencia, o de imaginarla. En todo caso está abriendo nuestra mente a los cuestionamientos, mientras, como en el caso de Congreso de futurología, nos hace sonreír.

¿Disparates? Por supuesto: disparates provocadores, disparates serios, jugando con el contrasentido. Comenté en la reseña de mi autoría [3] sobre dicho libro:

«¿Qué le ocurre a Ijon Tichy, (el protagonista) ese astronauta que de una forma muy lógica y amable nos lleva a un endiablado Congreso donde el delirio nos demuestra la realidad, donde los caminos se abren hacia la burla del Voltaire y el absurdo kafkiano, hacia la desesperada queja oculta de Jonathan Swift?».

Portada Crónicas marcianas, Ray Bradbury«Lean despacio, releyendo la «Orden del día del Congreso», el camino alucinógeno de realidades que se escapan. Conecten con los «contrabandistas de ensueños», cuiden el despilfarro de «energía psíquica», y atentos a la «químico intriga», pero, aun así, bajen con Ijon Tichy a las aguas cenagosas de un futuro pasado».

Naturalmente, no todos los autores de ciencia ficción nos expresamos en un lenguaje que pudiera parecer técnico-científico-futurista.

Ray Bradbury en sus conocidas Crónicas Marcianas nos dice:

«El alba de Marte fue tranquila, tan tranquila como un pozo fresco y negro. Las estrellas brillaban en el agua de los canales. Los amantes dormían abrazados, los niños encogidos…».

Se ha manifestado que la ciencia ficción o ficción prospectiva es una literatura de ideas. Y aunque cualquier género literario lo es, quizás se ha utilizado ese concepto poniendo el énfasis en ese universo de posibilidades que se abren ante el mundo de la ciencia y dan lugar al uso de diferentes códigos y de lenguajes inventados.

Veamos otro curioso ejemplo: La forma de expresarse de Alex, el melómano-muchacho-banda, protagonista en esa novela de 1962, prototipo de la ultra violencia, de la violencia absurda: La naranja mecánica de Anthony Burgess (1962). En ella se plantea no sólo la violencia extrema llevada a cabo por un grupo de delincuentes dirigidos por Alex, sino también los métodos educativos empleados para «rehabilitarle». El método pedagógico basado en las técnicas de Pavlov, tratando de crear un reflejo condicionado contra la «violencia, usando la violencia»: condicionamiento y tortura para moldear el comportamiento humano. El sadismo del joven delincuente sometido al sadismo institucionalizado.

Portada La naranja Mecánica, Anthony BurgessEn esta novela de ficción prospectiva podemos encontrar muchos registros, pues la crítica social está presente, también la violencia, el sadismo, las normas de la sociedad, la educación posible… Como siempre, el cúmulo de ideas y propuestas desarrolladas en un futuro y del que la ciencia ficción hace gala.

Otra cuestión impresionante, es el lenguaje que el autor «inventa» en esta obra, a modo de un lenguaje-jerga-argot codificado para la banda. «Crichó, drugos, joroschó, tolcochar, cancrillos...». Palabras nuevas deformadas, derivadas del ruso, reinventadas, humorísticas, crueles.

Pero que Anthony Burgess sabe colocar con lógica adecuada para que el lector no pierda el sentido del discurso y capte no sólo la aventura o la posible reflexión inducida, sino también, la cruel expresividad del joven en toda su eclosión de violencia y enfermedad.

Y entrando —por poner otro ejemplo pues son múltiples en el género literario que nos ocupa—, en el curioso invento de palabras nuevas necesarias para dotar de realidad la idea o concepto futurista que el escritor imagina, entrando, digo, en una novela de Alfred Bester: Las estrellas mi destino (1956) publicada posteriormente bajo el título de Tigre, tigre, nos encontramos con una palabra: «Jaunteo». ¿Qué es «jauntear»?

Dice Bester  [4]:

«¿Dónde estaban las nuevas fronteras? Gritaban los románticos, sin saber que la frontera de la mente se había abierto en un laboratorio situado en Calisto hacia el inicio del siglo veinticuatro: un investigador llamado Jaunte prendió fuego a su banqueta y a sí mismo (accidentalmente) y lanzó un alarido pidiendo socorro con una particular referencia hacia un extintor de incendios. La sorpresa de Jaunte fue casi tan grande como la de sus colegas cuando se halló al lado de dicho extintor, a veinte metros de distancia de la banqueta incendiada.

»(…) La teleportación —el transporte de uno mismo a través del espacio tan solo por un esfuerzo mental— (…) .

»Estudiaron el Efecto Jaunte con salvaje dedicación».

Portada Tigre, tigre, Alfred BesterLa novela es una verdadera obra de la fascinación hacia el futuro y las múltiples posibilidades de análisis y estudio que encierra. El protagonista, Gully Foyle, hombre de gran fuerza física, torpe e indiferente, despierta cual Montecristo redivido, para dedicar su vida a la venganza. Otro ejemplo del manejo del lenguaje en la ciencia ficción nos lo presenta Bester, en el capítulo dos:

«(…) Eran salvajes, los únicos salvajes del siglo veinticuatro, descendientes de un grupo investigador compuesto por científicos que se habían perdido y habían quedado náufragos… dos siglos antes».

«(…) habían fabricado un mundo y creado una cultura propia… practicando una bárbara imitación del método científico que recordaban de sus antepasados. Se llamaban a sí mismos el Pueblo Científico».

Aquí, el autor, nos presenta una situación en la que la palabra ha perdido su sentido, el concepto es diferente, ya no «significa lo que significó» algún día en el pasado. Partiendo de ello, sitúa al protagonista, Gully Foyle, cayendo por accidente en el Pueblo Científico y entre parodia y terror, el espacioanuta comprende que las palabras: excipiente, gametos, bromuro de amonio, genético, inocular…, no tienen el significado que debieran y que estar a merced de los científicos sobre una herrumbrosa mesa de operaciones, bajo un fluoroscopio destruido, y cortocircuitado, ante un hombre investido con gorro, máscara y delantal de cirujano, no es la situación ideal a la que aspiraría cualquier hombre del espacio.

Otros conceptos que maneja Bester: los «Coleccionistas de Enfermedades, los Creyentes de sótano, la Sensación Megal»; propuestas (pág. 126) en las que una operación transforma la mitad de su cuerpo en una máquina electrónica (cyborg ¿?) o los tatuajes faciales que remiten al sufrimiento frankenstenianio; también desde luego, palabras usuales en este género literario como son androide, robot, telepatía, teleportación… y toda una gama, que empuja a releer y estudiar este clásico del género.

Portada de La primera calle de la soledad, Gerardo Horacio PocayoAhora bien, dentro de esa evolución de la ciencia, la tecnología y la sociedad, el lenguaje científico imaginativo se va adaptando, cambia, se transforma, se enriquece empujado por la imaginación. Como fenómeno consecuente nos encontramos con toda una gama de palabras, expresiones, giros… que en subgéneros o géneros especializados de la ciencia ficción conforman un tipo de expresión propio. Veamos la novela La primera calle de la soledad, (1993) [5] del autor mexicano Gerardo Horacio Porcayo, obra de ciencia ficción y en la línea del cyberpunk: sueños eléctricos, láser, solipsismo, astrofaro, taser, deck, prótesis, conector, nanotecnología, micropor, servomecanismos, cyborg, interfase, laberintos neuronales…

O las palabras de la matemática Martha Camacho en su extraordinario cuento Cybergolem donde el Golem legendario renace cibernético.

En todo ello, palabras que provienen del mundo científico y se manejan en el nuevo discurso narrativo del futuro.

Sin embargo, se hace necesario detenerse a considerar que a pesar de este alarde de imaginación abocada a la ciencia, las novelas de ficción prospectiva, suelen encubrir sus propuestas bajo la apariencia argumental de relatos de entretenimiento: aventuras galácticas o terrestres, narraciones de terror, policíacas…; cualquier género o argumento puede tener cabida en ellas. Y en base a ello, para tratar de delimitar el espacio, les querría transmitir la definición que de este género propone la Enciclopedia de Literatura Garzanti:

«Género literario cuyas tramas ambientadas en el futuro o en otros mundos o en mundos paralelos contemporáneos al nuestro, parten de ideas científicas, generalmente tratadas libremente y sin prejuicios, para crear situaciones límite, paradójicas y provocativas o simplemente fantásticas».

Y sería de interés comentar, para situarnos en un género tan diverso, que «definimos a la ciencia ficción por su contenido, por sus elementos». [6]

Veamos algunos ejemplos de estos elementos: los temas y los seres que le son propios. Son ejemplos de temas: Las alteraciones del pasado, presente o futuro, catástrofes mundiales. Invasiones extraterrestres, utopías/distopías. Extrapolación técnica. Extrapolación social. Mundos imaginarios. Mundos paralelos. Viajes en el tiempo. Viajes en el espacio. Teletransportación. Poderes extrasensoriales. Paradoja…

Son ejemplos de la multiplicidad y diversidad de las criaturas que inventa la ciencia ficción: Frankenstein (prototipo de la creación científica de un ser humano) Cybergolem (propuesto por M. Camacho) los Robots (creación de Karel Capek) los Replicantes (de P. K Dick, perfectas criaturas frankenstenianas…) y generalizando: robots, androides, cyborgs, doppelgangers, clones, mutantes, virus…

Portada Los Dirdir, Jack VanceEn esa clasificación, encontramos también la limitante, pues en el supuesto de que nos adentráramos en las novelas de Philip K. Dick, el espectro se amplía en la dimensión imaginativa, y el autor nos habla de diferentes seres mecánicos, psicocinéticos, protoplásmaticos, androides, replicantes, diferentes tipos de alienígenas, mutantes, inusuales… hasta una gama que se recrea a sí misma en palabras nuevas necesarias para el relato. Otro ejemplo de riqueza y versatilidad son las criaturas del antropólogo y escritor de Ciencia Ficción, Jack Vance; los seres de su tetralogía: Los Dirdir, Los Wankh, Los chasch y Los Pnume, son un verdadero halago a la imaginación y al divertimento.

Naturalmente, este tipo de género, por los elementos que maneja, por los subgéneros (space opera, cyberpunk...) que —valga la redundancia—, ha ido generando, requiere de un lenguaje específico que nos permita entrar en los códigos del futuro.

Porque la ciencia ficción, tiene diferentes enfoques, numerosos registros: La ciencia. El futuro. El cambio, desde luego, pero también los antecedentes: el mito, las utopías, los viajes.

Esa gama inacabable de conceptos y palabras nuevas; ese lenguaje nuevo desde Gilgamesh a Huxley, buscando la inmortalidad.

 

Bibliografía

[1] pág. 98 de Congreso de futurología de Stanislaw Lem, Editorial Bruguera, 1981.

[2] pág. 95 de Congreso de futurología de Stanislaw Lem, Editorial Bruguera, 1981.

[3] pág. 52 de Reseñas estelares, Blanca Martínez, nº 14 de la revista Asimov Ciencia Ficción, 1996.

[4] pág. 11 de Tigre, tigre, de Alfred Bester, Ediciones Martínez Roca, 1981.

[5] La primera calle de la soledad, Gerardo Horacio Porcayo, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1993.

[6] pág. 188 La ciencia ficción historia-ciencia-perspectiva, Robert Scholes y Eric S. Rabkin, Taurus Ediciones, S. A, 1982.

© Copyright de Blanca Mart para NGC 3660, Febrero 2018

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