Lando Murpt y el nuevo orden

 

Por Patricia K. Olivera

Eran las once de la noche. El complejo del área 51 lucía desierto, solo algunos guardias custodiaban el perímetro iluminado por focos potentes. Una luz se divisó en el cielo, y enseguida el sonido de un vehículo que se acercaba.

Lando Murpt descendió del helicóptero negro y se sujetó la gabardina para protegerse del viento producido por las astas. Se alisó el pelo, de un color artificial indefinido, antes de estrechar la mano del jefe mayor de las Fuerzas Armadas; lo cual acompañó con un gesto del rostro que intentó ser una sonrisa, pero solo logró darle a su expresión un aspecto extraño que se vio acentuado por el tostado exagerado que el solárium, o el maquillaje, conferían a su cara.

Ambos sujetos ingresaron a una barraca de grandes dimensiones. Tras ellos, las compuertas se deslizaron en silencio, como para reforzar la brecha que los separaba del resto de los seres humanos.

Dentro, en una oficina en semipenumbra, en torno a una mesa rectangular, aguardaban varios hombres y mujeres: los presidentes de grandes potencias industriales, y los cabecillas de las familias más ricas y poderosas de la Tierra.

—Buenas noches, damas y caballeros —saludó el jefe mayor con un rictus indefinido en el rostro, y una pose demasiado acartonada—. Esta reunión se pactó con mucha anterioridad, varios, muchos años atrás, porque sabíamos que nuestro momento llegaría. Solo era cuestión de tiempo, al fin tomaremos las riendas y empezará el proceso de colonización. —Los presentes escuchaban sin inmutarse—. Todas las acciones llevadas a cabo nos traen a este momento. Pero dejemos que Lando Murpt nos ponga al tanto de lo que sigue —dijo, haciéndole una seña para que continuara.

—Tenemos el poder definitivo. Mi asunción en las últimas horas a uno de los sillones presidenciales más poderosos sobre la Tierra ha marcado el regreso al modelo que Adolf estuvo a punto de instaurar, el que nos acercaría a la invasión. Pero en esta oportunidad, no nos detendremos hasta dominar cada punto del planeta. Es cierto que tenemos opositores, rebeldes que saben quiénes somos y que están diseminados por el mundo dando pelea a nuestra ideología de terror, opresión y muerte, pero somos más fuertes y poderosos que ellos. Lo lograremos, de forma solapada, como lo estamos haciendo, haremos del ser humano un esclavo ejemplar y nos adueñaremos de este planeta, al igual que hicimos con las otras colonias. Tenemos que continuar la distracción, el bombardeo con información falsa, incentivar el consumismo y el escapismo. Ya nadie puede sustraerse a nuestro dominio, llevamos décadas implantando microchips a través de las vacunas salvadoras. Sin embargo, aún tenemos que luchar contra quienes se resisten a recibir esos «regalos» del gobierno; unos alegando que no son naturales y otros, por supuesto, porque ya saben que estamos aquí y eligieron el otro bando.

»El tiempo apremia, debemos actuar antes de que cada vez sean más los humanos que despierten. A nosotros, ya nos está siendo difícil aparentar ser y lucir como no somos. La gente que nos percibe, no se deja engañar por lentes de contacto ni por peluquines.

»No podemos perder más tiempo, la facción rebelde está en la Tierra casi desde el mismo tiempo que nosotros, y gana cada día más adeptos humanos. Los siguientes pasos requieren de más muros, más pobreza, más hambre, más enfermedades, más contaminación, más guerras, odio y violencia. Y así… la Tierra nos pertenecerá…

 

Sin decir una palabra más, la reunión se dio por finalizada y los asistentes se dispersaron sin mirarse. Afuera, varios helicópteros aguardaban. Antes de salir a dar otra tan cuestionada conferencia de prensa, el presidente Lando Murpt se acomoda la corbata y el lente de contacto que se ha deslizado hacía un lado del ojo bífido. Él está allí, ocupando ese lugar, porque todo se arregló de acuerdo a lo planeado.

Alrededor del mundo, en el corazón de algunos centros urbanos, el ciudadano común protesta con pancartas, y se moviliza pacíficamente por el ser humano, los animales y el planeta. En otras regiones, las guerras, el hambre y la muerte son los principales aliados que inclinan la balanza hacía la hegemonía mundial extraterrestre.

© Copyright de Patricia K. Olivera para NGC 3660, Octubre 2017

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