La máquina de la felicidad

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|  José Antonio Suárez | Espiral CF | Colección: Espiral CF nº58 | CF | 328 págs. |
| 2016 | 15€

Por Diego Prado

José Antonio Suárez presenta en La máquina de la felicidad un interrogante al que la ciencia nos viene enfrentando cada vez con más dudas que certezas: ¿Qué nos define? ¿Somos una suma de impulsos nerviosos que se pueden regular? ¿O existe algo más que nos hace «únicos»? El autor, recurriendo a una amplia cantidad de personajes y a complejas relaciones entre ellos, trabaja desde múltiples ángulos y en forma exhaustiva la pregunta.

La historia se desarrolla en lo que podríamos suponer un futuro cercano (o quizás un presente oculto) en Madrid. El Dr. Albino, un neurocirujano devenido en Dr. Amor es llevado al bajo mundo por un ex colega. Al hacer valer una deuda lo fuerza a trabajar en un laboratorio clandestino para adentrarse en el cerebro y modelar la conducta del individuo.

Su amigo, el Dr. Andrés Millán, es un psicólogo respetable que trabaja en un hospital público. Su proceder profesional intachable es la contracara de Albino, pero su reciente separación le trae conflictos económicos y emocionales. Estas circunstancias lo empujan a engañar a su ex esposa para que se someta al tratamiento del Dr. Albino sin informarle de los efectos.

Completan el primer grupo de personajes Max, el ex colega del Dr. Albino, y el Dr. Rafael Llorens, jefe de departamento en el hospital de Andrés. El primero vive como criminal debido a su adicción a la bebida; el segundo es forzado a actuar en contra de sus principios cuando ve a su hijo amenazado.

Este grupo sirve de contraste en la historia por dos puntos principales: el primero, son los doctores, el grupo colegiado, el «brazo ejecutor» de la ciencia; el segundo, ninguno de ellos es influido por medios tecnológicos para comportarse de modo ajeno a ellos, sino que son «coaccionados» por factores externos («a la antigua», se podría decir).

Lo que nos lleva al resto de los personajes: una prostituta que es «salvada» por la religión; un gay castrado por el padre del novio y un investigador del gobierno con sutiles signos de complejo de inferioridad que empieza a sufrir ataques de ira y lagunas de memoria. Todos ellos víctimas de unos microdispositivos llamados sondas conectomaque permiten manipular los impulsos de los sujetos.

El personaje más destacado de este grupo y que se lleva la mayor parte del libro es Félix Leal. Félix perdió la vista cinco años antes y acepta someterse a una operación ilegal para volver a ver. El implante no solo le devuelve la visión, sino que le permite ver mucho más que un ser humano normal.

También trae consigo una «bendición» oculta: la liberación de las inhibiciones de Félix. El personaje evoluciona a lo largo de la historia, cometiendo actos cada vez más reprochables. ¿Es este el verdadero Félix, que se encontraba atrapado por el condicionamiento social? ¿O acaso el joven Leal se encuentra atrapado bajo una personalidad que lo somete a sus caprichos?

Todos estos matices de la misma pregunta son condimentados con una velada compulsión consumista, ataques de fanatismo religioso y cambios en gustos musicales. Está claro en la novela que el cerebro es moldeable, influenciable, ¿pero hasta qué punto no lo es ya? Los avisos publicitarios estimulan el interés con imágenes que apelan a nuestros deseos. Las drogas dan placer que luego es buscado con más ahínco,  la comida es condimentada para maximizar el ansia de ser consumida. La música busca en la armonía y la repetición que el individuo se relacione con ella. Las tecnologías invasivas solo dan un paso más.

Como dijimos antes, la historia involucra una serie amplia de personajes y relaciones, en los cuales se va moldeando cada una de las preguntas que el autor abre. El trabajo de José Antonio Suárez a la hora de llevarnos a través de ellos hace que se puedan seguir con facilidad; los personajes son sencillos, se mantienen consistentes a lo largo del relato y hacen participar activamente al lector de sus propias dudas (y certezas) morales. Las relaciones son claras, sin ambigüedades, dando espacio al lector para reflexionar con los personajes.

La máquina de la felicidad va saltando entre la anticipación y el ensayo crítico. El autor busca en forma consciente darnos la sensación de que esto ya está ocurriendo. Para eso provee amplia información científica de los avances tecnológicos, tanto de los que sabemos que existen como de los que no. Su minuciosidad en estos últimos les presta una verosimilitud tal que obliga a pensar que estos existen ya en algún laboratorio secreto de avanzada.

Uno podría pensar que al explorar el tema en tan diversas vertientes la historia pierde protagonismo, pero no es el caso. Las varias tramas que se desarrollan son claras, se mueven, e intercalándose ágilmente, confluyen lenta pero consistentemente hacia un final que cierra todos los arcos argumentales, pero deja abiertas todas las interrogantes filosóficas.

© Copyright de Diego Prado para NGC 3660, Diciembre 2016