K-Pax. Un universo aparte

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| Título original: K-Pax | Dirección: Iain Softley | EEUU | 2001 | 120′ | CF |
| Guión: Charles Leavitt (Novela: Gene Brewer) | Música: Edward Shearmur |

Por Pily Barba

Cartel K-Pax

Muchos os preguntaréis a qué viene hablar a estas alturas de K-Pax, una película de 2001 que, aun a día de hoy, tal vez siga siendo arriesgado catalogar de película de ciencia ficción, aunque se haga, y yo la primera. Pero la cuestión es que me he visto obligada a colaborar en el Podcast de Cine Scanners, en su sección “Clásicos desclasificados”, donde se habla de aquellas pelis que tal vez no fueron taquillazos pero que merecen al menos una oportunidad: un visionado atento y a posteriori. Por eso precisamente no he podido dejar pasar la oportunidad de revisitar una de mis películas favoritas. ¿K-Pax? ¿En serio? ¡Pero si no tiene nada! Imagino que os preguntaréis algunos… Vaya, pues yo creo que precisamente tiene mucho de lo que el ser humano necesita, y en estos tiempos que corren, más todavía.

Pero vayamos por partes. Para aquellos que no le hayan dado una oportunidad, abreviaré contándoles que la historia nos habla de un pobre y solitario diablo, Prot (encarnado por un magnífico Kevin Spacey), que dice ser extraterrestre y, por circunstancias de la vida, termina dando con sus huesos en un psiquiátrico. Tras un mes de pruebas y tratamientos que no surten ningún efecto, le pasan “el paquete bomba” a Mark Powell (interpretado por otro gigante: Jeff Bridges), y ahí es donde empieza lo bueno. Entre conversaciones en las que Bridges, como psiquiatra comprometido que es (y un grandísimo ser humano que además sigue creciendo a lo largo y ancho de la cinta), intenta averiguar más sobre la existencia de este individuo, para poder así obtener un diagnóstico de una santa vez, conoceremos a un ser entrañable, distinto, y sobre todo auténtico; todo un personaje que sabe cómo apañárselas para recibir al mismo tiempo que da, con una pose de seguridad, pero sin pedanterías, y unas maneras tan cercanas y ¿humanas? Vaya… que termina encandilando a todos (tanto a los cuidadores del centro como al resto de los internados). Mark Powell, al igual que el propio espectador, no dejará de luchar por intentar discernir qué es lo que verdaderamente le pasa a este tipo por la cabeza, y por supuesto, si es un dichoso extraterrestre o no: por qué siempre se comporta como tal y nunca le pillan en un renuncio, y además, cuál es la razón por la cual sabe tantísimo a cerca de todo (¿por qué las pompas de jabón tienen esa forma? ¡Chúpate esa!) y sobre todo en lo que a datos astronómicos se refiere, llegando a saber incluso más que nuestros propios astrónomos…

Y todavía hay más. El espectador lo descubre cuando empieza a dudar de quién es el que está verdaderamente enfermo (porque en K-Pax no se tratan solo las enfermedades mentales, también la obsesión por el trabajo, entre otras); desde su mente supuestamente alienígena, Prot observa al ser humano y después, le muestra al que va convirtiéndose poco a poco en su colega, en su cómplice, cómo se nos ve desde fuera: sin acritud, sin prejuicios, sino con curiosidad; a veces con admiración y otras veces con triste perplejidad.

Y es que K-Pax, además de ofrecernos una curiosa y auténtica visión de nuestra propia raza (eso es un elemento de pura cifi), es una reivindicación de la misma y, si me apuráis, de paso una crítica a ramas de la medicina como es la de la psiquiatría: que a veces trata porque sí sin haber obtenido un diagnóstico.

Pero claro, decía de la catalogación de K-Pax que era un tanto arriesgado hablar de ella como de ciencia ficción, puesto que luego llega la otra cara de la moneda, esa en la que nos muestran a un Prot que pudiera ser humano: uno demasiado traumatizado, totalmente perdido, que lo que tal vez pretende es sobrevivir por medio de una ilusión…

No he tenido el gusto de leer la novela de Gene Brewer en la que está basada la película, pero tengo claro que seguro que también en la novela, más que tratarse o no, de si es una historia auténtica de ciencia ficción, de lo que se habla es del ser humano en sí: de su naturaleza, de su mundo interior, de las relaciones interpersonales, pero también, sobre todo, por encima de todo, de la esperanza y de nuestra capacidad de superación.

Para concluir, no puedo dejar de mencionar esa magnífica banda sonora, obra de Edward Seamur: maravillosa y redonda. O su excelente fotografía, donde la luz es tan importante que ha de acompañarnos siempre en los momentos clave. Del dúo Spacey, Bridgets no puedo decir salvo que no imagino K-Pax con otros actores, todo lo demás se quedaría pequeño.

© Copyright de Pily Barba para NGC 3660, Julio 2016

| Intérpretes: Kevin Spacey, Jeff Bridges, Alfre Woodard, Mary McCormack |
| David Patrick Kelly, Saul Williams, Aaron Paul… | Fotografía: John Mathieson |
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