Hijos de los hombres

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| Título original: Children of Men | Dirección: Alfonso Cuarón | UK | 2006109′ | CF |
| Guión: David Arata, Alfonso Cuarón, Timothy J. Sexton, Hawk Ostby, Mark Fergus | 

Por Joan Antoni Fernández

hijoshombresVaya por delante una consideración que puede sorprender: Hijos de los Hombres me ha gustado, pero no es una película de ciencia ficción. Aquí no existe la famosa premisa de «¿qué pasaría si…?» No hay especulación posible. Lo que nos cuenta el film es lo que está pasando en la actualidad, lo que estamos viendo y sufriendo a diario. ¿Cómo, acaso no nos habla el argumento de que la Humanidad se ha vuelto estéril? Cierto, pero más bien se trata de una licencia poética que de otra cosa. No me parece que P.D. James, al escribir la novela origen del film, creyera que la Humanidad esté condenada a la desaparición por culpa de una infertilidad física. El tipo de esterilidad en el que ya estamos inmersos es otro mucho más complejo: una esterilidad moral, ética.

P.D. James es conocida como la Dama del Crimen por su extensa obra literaria dentro del género policiaco. En 1992 cambió ligeramente de registro y publicó Children of Men, una obra que puede ser considerada de ciencia ficción, aunque de forma tangencial. La escritora siempre acostumbra a desarrollar en sus obras una trama compleja donde las cuestiones morales chocan con el día a día de los protagonistas. Así el conflicto entre la honestidad y la supervivencia, el influjo de la violencia sobre el carácter, la educación y el cariño, todo es hábilmente empleado para crear historias de sentimientos, mostrando paradojas que intentan cautivar al lector.

Con semejante premisa no es de extrañar que Children of Men sea una historia de sentimientos. Insisto, la esterilidad de la raza humana es sólo un pretexto, una simple elipsis para mostrarnos una esterilidad mucho más profunda y perturbadora, la de nuestras propias conciencias.

Aclarado este punto, pasemos a la película. El director mexicano Alfonso Cuarón se dio a conocer internacionalmente con la película Y tu mamá también, donde explicaba el viaje iniciático de un par de jóvenes y en la que pudimos admirar tal vez la mejor actuación de Maribel Verdú. Luego seguiría el éxito de Harry Potter y el prisionero de Azkaban, de la que no puedo opinar nada debido a mi personal repulsión hacia las “harrypotadas”. También ha contribuido en la producción de El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro. Es pues un director de bastantes registros y que muestra una obra como mínimo interesante.

La película está narrada con brío. Las casi dos horas de duración no se hacen nada pesadas, y eso que el protagonista casi fagocita toda la pantalla al salir prácticamente en la totalidad de las escenas. Las fans de Clive Owen están de enhorabuena, puedo atestiguarlo. Pero, vuelvo a insistir, no estamos ante una película de ciencia ficción.

No creo desvelar nada a nadie si explico que el argumento sitúa la acción en el cercano año 2027. Es la era post-Omega, un momento donde la Humanidad dejó de engendrar hijos. Precisamente la película comienza con la noticia de que la persona más joven del planeta, un argentino llamado Diego, acaba de morir asesinado por un fan enloquecido. Una sensación de amargura y tristeza se apodera de todo el género humano. Y en ese estado de cosas, los atentados terroristas siguen matando gente.

Casi siguiendo las directrices del movimiento Dogma, Cuarón se lanza cámara en ristre a seguir las andanzas de Theo, muy bien protagonizado por Clive Owen. Vamos siempre un paso por detrás suyo mientras corre, se esconde, siempre observando entre cínico y esperanzado el extraño mundo que le ha tocado vivir. La acción es muy lineal, no hay saltos en el tiempo ni flash-backs innecesarios, todas las escenas acontecen en orden cronológico y se desarrollan en tiempo real. Incluso cuando en un momento dado el personaje de Jasper (espléndido Michael Caine) explica el pasado de Theo, éste aparece en primer plano mientras el otro va narrando la historia desde el fondo, desenfocado. El rostro del protagonista subraya las palabras de su amigo en una de las escenas más bellamente resueltas del film.

Escenas fabulosas las hay a montones, como el ataque al vehículo de los fugitivos en medio del bosque y que acaba de forma tan dramática. No obstante, mi escena favorita es cuando Theo escapa con Kee y va intentando poner en marcha un coche que se niega a arrancar, perseguido por los terroristas, descalzo y con los pies doloridos. Ello dará ocasión a que el pobre tenga que ir cambiando de zapatos durante gran parte del metraje, usando un calzado muy variopinto.

Si analizamos el film casi nos encontramos con una película de guerra. Las andanzas de Theo se asemejan sobremanera a las de cualquier reportero gráfico en el conflicto de Bosnia, por ejemplo. Sin saber por qué en algún momento me vino a la memoria Territorio comanche, especialmente en las escenas de enfrentamientos, en esa lucha de guerrilla calle a calle o cuando el tanque dispara contra el edificio donde están refugiados los fugitivos. Aparcada la premisa de la infertilidad humana, parecía que nos contaran la guerra de Irak, o la de Beirut, o la de… ¡Hay tantas y tan actuales!

Resumiendo, nos encontramos ante una bella película de sentimientos, donde no existe ningún héroe ni, en realidad, ningún villano. Tal vez haya demasiados personajes arquetípicos, algunos simples esbozos. Pero esbozos potentes: cada cual actúa según su conciencia, según su posición, según su suerte. Eso es bello y terrible a la vez. Nuestro protagonista, el personaje mejor construido, no es un tipo que derroche valor, no es el clásico héroe que afronta todos los peligros sin pestañear. Simplemente trata de hacer lo que considera justo, intenta sobrevivir pero con dignidad, algo que resulta muy difícil.

Lo digo por tercera vez: no estamos ante una película de ciencia ficción. Esa gente que apedrea trenes, esas bombas que estallan en medio de la calle, esos refugiados que son maltratados y metidos en campos de concentración, esas calles sucias donde malvive gran parte de la humanidad, esas guerras fraticidas, ese terrorismo sin sentido, todo eso existe ya. Sólo hay que encender la tele o leer un diario para comprobar que no hace falta esperar al año 2027. Nuestra esterilidad moral ya ha llegado.

El bello y poético final, del cual sólo suprimiría los últimos fotogramas que dan paso a una esperanza imposible, rubrica un film bien resuelto. Tal vez la película no sea del todo redonda, puede que en algunos momentos muestre su vocación de serie B, pero sin duda se trata de una serie B de la buena. No hacen falta complicados efectos especiales, la trama se sostiene y nos atrapa por sí sola, sin subterfugios artificiales.

Sin duda este film no es una auténtica obra de arte, no pasará a la historia de la ciencia ficción como un clásico a la altura de Blade Runner, pese a mostrar algo de su desesperanza. Ni siquiera al nivel de Soylent Green, aunque intenta ser igual de apocalíptico. Me temo que no pasará a la historia de las mejores películas de ciencia ficción.

Pero es que no se trataba de una película de ciencia ficción.

Y eso sí que da miedo.

© Copyright de Joan Antoni Fernández para NGC 3660, Julio 2016

| Intérpretes: Clive Owen, Julianne Moore, Michael Caine, Chiwetel Ejiofor,  |
| Peter Mullan, Danny Huston, Claire-Hope Ashitey… | Música: John Tavener |
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