¡Eureka!: Kosmogonikon

 

Por  Ariel Ledesma Becerra

¡Eureka!: Kosmogonikon, por Ariel Ledesma BecerraDe lo que leí el último año, uno de los textos que más me impresionaron fue Eureka de Edgar Allan Poe. Escrita en 1848, esta cosmogonía relata el proceso «lógico» de creación del universo material por una fuerza espiritual.

Poe llama a este ensayo Poema en prosa, lo que deja mucha tela para cortar sobre la nada inocente visión del autor a cerca del lenguaje. Pero lo realmente impresionante es que, a décadas de que Friedman predijera y Hubble corroborara la expansión del universo, uno a partir de la Teoría de la Relatividad General y el otro a través del telescopio, Poe describe un universo con esas características, con el herramental provisto por Newton y su propio cerebro.

¡Ojo! Que no es que su descripción sea «exacta» en razón a lo que conocemos ahora, si no que es impecable el proceso por el cual llega a ella, tan similar a nuestro actual mito cosmogónico científico; el Big Bang y el universo en expansión. El relato es hecho, supuestamente, por un visitante del año 2848, lo cual, por momentos, parece una explicación razonable: alguien con un profundo conocimiento de la «actual» cosmogonía, que tuviera que explicarla en el S. XIX con los conocimientos de física de la época, contaría una historia bastante similar sin meterse en las cuatro dimensiones del continuo espacio-tiempo, ni con la curvatura gravitatoria de ese continuo o c (la constante de la velocidad de la luz). Tal vez fue realmente una broma de un viajero en el tiempo…

Una cosa muy interesante que surge como corolario de esta cosmogonía, que se basa en un momento creador de la Deidad y a partir de ahí desarrolla todo el funcionamiento del universo (incluyendo el problema de la homogeneidad, que hasta hoy es uno de los enigmas cosmológicos claves), es que se sigue prolijamente como un resultado necesario de ese acto creador singular. Ahora, una Deidad creadora es un aspecto cultural Judeo-Cristiano, en este caso relacionado sobre todo a la Historia material, es decir, fuera del espacio mítico de las cosmogonías de otras religiones. ¿Por qué esto es interesante? Porque es exactamente la objeción que Fred Hoyle Nalin Chandra Wickramasinghe hacen a la teoría del Big Bang: es un producto de una cultura creacionista. Por eso el Vaticano no tuvo problemas a la hora de aceptarla y no quemó a nadie en el proceso…

Viendo cómo, sin necesidad del andamiaje teórico/experimental moderno, se puede llegar a conclusiones lógicas parecidas solo partiendo desde el principio espiritual creador y usando las herramientas de la deducción y la inducción (el método científico, se podría decir), uno se siente tentado a preguntarse sí, efectivamente, las actuales teorías de la creación no son más que ingeniería inversa de una secuencia lógica que parte de una premisa cultural…

En fin… De todos modos esta larga introducción —porque eso fue todo lo anterior—, deja el camino despejado para lo que me interesa: mi propia cosmogonía. A diferencia de Poe, yo no tengo la misma proporción de herramientas de análisis en relación al conocimiento del tema que él tenía en su época, ni fui visitado por un bromista de 3007. Pero nunca me falta entusiasmo a la hora de divagar un poco.

Hablando de «poco», después de tanta intro lo que escriba en serio va a parecer poco… Pero bueno, qué se le va a hacer…

La cosmogonía que voy a plantear parte de una hipótesis que me recuerda un poco a la magia o a la homeopatía. Esto es solo una cuestión de semejanzas sin ningún fundamento físico o matemático que yo conozca, o que siquiera esté a mi alcance. O sea, es especulación salvaje.

La idea surge de la supuesta semejanza (¿ven? Magia pura) entre singularidades escondidas detrás de sus respectivos horizontes de eventos: la simple singularidad del Big Bang y las múltiples de los agujeros negros.
¿Qué es lo que yo sé de esos eventos escondidos? Que uno produjo toda la materia, energía, espacio y tiempo al principio y que los otros se tragan todo eso para no ser visto nunca más.

A partir de ahí, en mi imaginación desbocada se formó la imagen de un universo cerrado, con múltiples «desagües» (los agujeros negros) que llevan todo lo creado a la cloaca central (el Big Bang). Y todo empieza otra vez… ¿Otra vez? No necesariamente, ya que el tiempo es una dimensión más de este modelo y, entonces, se presenta en su conjunto como algo fijo en la Eternidad. Horrible perspectiva desde el punto de vista filosófico para el libre albedrío, pero por suerte existe el Principio de Incertidumbre y a nivel individual recuperamos todas nuestras libertades.

¡Eureka!: Kosmogonikon, por Ariel Ledesma BecerraRetomando el tema de la cosmovisión científica (o pseudo-científica en mi caso) como resultado de una cosmovisión cultural previa, debo decir que la imagen de Ouróboros, el gusano que se muerde la cola, siempre me fascinó, al punto de juguetear con la idea de tatuármelo (y no tengo ningún tatuaje, hasta donde yo veo), y evidentemente tiene una influencia sobre este modelo que propongo.

Resulta imposible, al menos para mí, hacerse una imagen cabal de este modelo… Como recordando un sueño casi que intuyo una serie de hipertoroides en N-dimensiones, todos con centro en cada agujero negro y, de algún modo, en el Big Bang… Y casi que visualizo una distribución fractal… Pero es como el eco de un sueño y nada más.

© Copyright de Ariel Ledesma Becerra para NGC 3660, Junio 2019

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