El escondite

Por Eva Díaz Riobello iconocorcheas

«Uno, dos, tres, cuatro…»

Susi aguarda dentro de un tronco de árbol a que Pin y Pon la encuentren.

«… Nueve, diez, once, doce…»

No debería contar porque le toca esconderse, pero está bien practicar los números. Hace poco que los aprendió en la escuela. La profesora le regaló una medalla de papel de aluminio por saber contar hasta cien. Pero Pin la pisoteó durante el recreo. Es una envidiosa.

«… Veinte, veintiuno, veintidós, veintitrés…»

Pin y Pon son los motes de los mellizos. En realidad se llaman Maria Laura y Juan Carlos. Su madre es una gran consumidora de telenovelas. Los dos son rubios, pecosos y pálidos. Los dos llevan el mismo peinado de tazón. Cuando están juntos y callados parecen réplicas tan perfectas que sólo Susi los distingue. No sabría decir cómo.

«… Cuarenta y tres, cuarenta y cuatro, cuarenta y cinco…»

A Susi le fastidia tener que esperar a que Pin y Pon la encuentren. Los mellizos no saben jugar bien al escondite. No saben buscar. Se quita una brizna de hierba del pelo y otea el cielo. Va a llover. Se va a estropear la excursión. Los profesores les harán volver a casa. Suspira.

«… Setenta y seis, setenta y siete, setenta y ocho…»

En realidad, Susi no sabe que nadie la está buscando. No ha oído a los profesores llamar a los niños. Tampoco ha escuchado el ruido de los autobuses al arrancar. Quizá se ha internado demasiado en el bosque.

«… Ochenta y nueve, noventa, noventa y uno…»

Pin es muy mentirosa y Pon muy despistado. Pin le ha dicho a la profesora que su amiga va sentada en el otro autobús. El del grupo B. Pon ya se ha olvidado del escondite. Ya no se acuerda de Susi metida en un tronco de árbol contando hasta cien. Está claro que los mellizos no son los mejores amigos que uno podría desear a los seis años.

«…Noventa y tres, noventa y cuatro, noventa y cinco…»

Va a estallar una tormenta sobre el bosquecillo. Susi se adormila en el tronco. Aún no sabe que un árbol no es el mejor lugar para esconderse cuando el cielo se prepara para escupir rayos. Todavía no han pasado de los números y el alfabeto en clase.

Brilla un relámpago.

«Noventa y nueve. Cien».

© Copyright de Eva Díaz Riobello para NGC 3660, Julio 2017

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