Venus encapsulada


Por J. Javier Arnau

I: VENUS ENCAPSULADA 

La Venus Encapsulada se destila y se embotella en distantes plantas de procesado ajenas al mundanal acceso de amor que colapsa las arterias de distribución de holopatentes y tecnoservicios. Llegada al punto de distribución la esencia, enfundada en alegres e irisados tonos de melancólica sutileza, derrama su fragancia en estratos de realidades adyacentes; ninguna más sólida que otra, ninguna colapsando los distintos niveles de acceso.

 

Una mujer compra Venus Encapsulada y el clamor de arcanas trompetas resuena desde la mítica Asgard hasta los más mundanos arrabales de la ciudad menos cosmopolita que imaginarse pueda. En un solo suspiro, su efecto ha expirado, y la Diosa del Amor Destilada ha muerto a manos de la turba que asedia al comercio internacional. En consecuencia, los dioses ya no quieren hacer más negocios, y cierran sus Templos, ahora transformados en verdaderos megabazares, dejando a la supuesta humanidad con ganas de cerrar también sus negocios, irse a casa, y disfrutar de una cerveza viendo un partido de cualquier deporte en el que intervengan buenos ejemplares de esa misma humanidad.

Así, la melancolía por la pérdida de sus dioses, por la muerte de una Venus Encapsulada, y por un hastiado día de compras desaprovechado, se ve remitida por la vuelta a la ciudad del Circo de las Pasiones Perdidas.

 

Y la feria de algodón trenzado y de permavisiones en ascenso permanente se adueña, con su absurda fragancia, de un nicho comercial antaño propiedad exclusiva de la Venus Encapsulada.

 

II: LA CIUDAD

Y la antigua ciudad navegaba, encapsulada entre paredes de cromo, artificios de neón y publivallas de níquel y amatista. Mientras, la nueva ciudad se iba construyendo a sí misma, espectro todavía no autorizado a existir, pero con la mira puesta en un brillante futuro; tan brillante, que ese porvenir lo tendría en el espacio, orbitando el neoSol que los ingenieros galácticos habían construido para su único provecho.

Mientras, los habitantes iban saludando su nuevo estatus brindando en holocopas de metal, con Venus Encapsulada de enésima generación. Una pléyade de autoaclamadas autoridades hace su aparición, mientras el Circo Virtual de las Cinco Constelaciones anuncia su nuevo espectáculo; pero ya nadie parece interesado —aunque en su fuero interno sí que lo estén— y dejan pasar las invitaciones a un asiento de primera en el Museo de las Vacuidades.

 

Acabado el efecto de la Venus Destilada —apenas un suspiro, casi ni una esencia—, la apatía se adueña de todos, y la nueva ciudad se deja sin terminar, debiendo (sobre)vivir en la antigua ciudad, mientras esta todavía posea la capacidad de navegar entre paredes de cromo y neón.

 

III DIOSES

Con los últimos resquicios de cordura que le quedaban, decidieron abandonar la existencia por la puerta grande.

Los lamentos por su marcha fundieron las nubes, disolviéndolas en cristalinas lágrimas de las que surgieron nuevas esencias destiladas.

Mil y una noches duraron los efímeros extractos de Lágrimas de los Dioses, que tallaron una profunda gema en el corazón de la ciudad cuando se disolvieron bajo el hálito de los dioses, los nuevos dioses, que llegaron al planeta en lujosas naves de recreo. Recordaron hechizos pasados, saborearon auroras boreales en plena efervescencia, y dejaron de lado las fragancias de las esencias de los antiguos dioses.

Eso fue lo que colmó la paciencia de los antiguos dioses, y eso fue lo que hizo que abandonaran este plano de la realidad… ¿para siempre?; ni ellos mismos lo sabían. «Siempre» es un término muy ambiguo. Por si acaso, dejaron su huella en ese planeta que les había acogido durante eones, junto con un mensaje que milenios después tal vez fuera desencriptado y entendido: «estos nuevos dioses no son sino simios evolucionados; no vale la pena congeniar ni pelear con ellos, pues están abocados a la autodestrucción, como ya les pasara en otros planetas. Cuando ello suceda, tal vez volvamos… si queda algún sitio a donde volver».

 

IV: AFRODITA

Afrodita Enlatada es la nueva competencia de Venus Encapsulada; nueva esencia, mismo efecto; nuevo nombre, mismos instantes de turbación.

Afrodita Enlatada se produce en masa, en laboratorios de etérea y reminiscente laboriosidad, donde la sustancia se destilada a partir de burbujas de arcana holociencia y perdidas magias de los Dioses de los negocios abolidos; porque las nuevas divinidades han llegado a la antigua ciudad de las plúmbeas publivallas, pero no han osado abrir –al menos todavía— sus megabazares teológicos.

Y la humanidad se desangra intentando conseguir la nueva fragancia deletérea, el extracto concentrado de las vidas de los antiguos héroes, de pretéritas deidades que solo habitaban en las memorias genéticas de una raza condenada a sufragar por siempre las cuitas de las estirpes que ocuparan su lugar en el cosmos.

Pero todo esto podría resolverse, tal vez, si la Nueva Ciudad por fin se pusiera en marcha, y saludara al neoSol desde los jardines galácticos a los que la Venus Encapsulada los ha encaminado. Pero, desafortunadamente para todos (o casi), Afrodita Enlatada es la tecnomoda de las esencias, fragancia condenada al pronto olvido… o tal vez no, depende de las rutas por las que transite el uso de una humanidad cuanto menos, mohína y reacia a abandonar sus costumbres. Por eso Venus Encapsulada prevalecerá; pero ahora debe retirarse, una victoria a medias, frente a las nuevas esencias que venden sus virtudes por unos instantes de fama mal entendida.

 

Y surgen nuevas diosas del amor en liza transitoria; pero el peligro acaba de ser convocado: igual que aparecen nuevas diosas de la pasión, los dioses de la guerra también pueden querer su cuota de mercado. Y la sociedad, ahíta de placeres mundanos, tal vez loará la aparición de estas deidades.

 

Mientras, los Ingenieros debaten cómo enfocar la renovación de la Nueva Ciudad. Y la vieja Ciudad encara su época de decadencia por enésima vez.

 

V: PROBABILIDAD

Los Campos de Probabilidades Holísticos que conforman las líneas de distribución de Afrodita Enlatada y de Venus Encapsulada han colisionado entre sí, lo que ha llevado al colapso sobre sí mismas de dichas líneas. Y, lo que es peor, este colapso ha afectado a toda la línea, hacia adelante y hacia atrás: los laboratorios, fábricas y plantas de procesado se han visto afectadas, y toda la producción se ha visto forzada a detenerse. Ya no hay Venus ni Afroditas al alcance de la turba descreída que conforma, eso dicen, la humanidad reciente.

Y pequeñas marcas, sucedáneos inertes de una idea mal confiada, aprovechan el colapso de probabilidades para arañar unos puestos en el Etéreo Mercado de lo Ausente; Libitinas Encajada, Febos Envasado, Cinxia Embutida… y decenas más de ínfimas marcas menores destinadas a morir en una incruenta batalla a manos, tal vez, de Aequitas Puros.

 

Mientras la batalla en las arenas de la especulación bazarteológica se adueña de las mentes de los jugadores del juego de las esencias, ávidos supervivientes de batalla anterior profetizan, ante quien quiera escucharlos —en realidad, nadie— las nuevas modas destinadas a sustituir las recién formadas. El juego de las modas y tendencias sobrevive, ampliamente apoyado por una masa amorfa de ciudadanos sin arbitrio, entre las volubles fronteras de ambas metrópolis que deben convivir aún hoy día en precario equilibrio.

 

VI: MERCURIO Y APOLO 

Por fin los Ingenieros parecen haberse puesto de acuerdo; ante las dificultades de construir una Nueva Ciudad, y temiendo que el neoSol sea subastado en quiméricos mercadillos, deciden construir todo un Nuevo Mundo que la albergue. Han tomado en cuenta todas las posibles variables —o eso han creído ellos—, y saben que el nuevo Mercurio Desatado y el no menos novedoso Apolo Enlazado serán claves en el desarrollo de la nueva ingeniería necesaria para tamaña empresa. Convencidos los dirigentes tras la debacle producida por la suspensión en la distribución de Venus Encapsulada y Afrodita Enlatada —que llevó a la corporación al borde del suicidio colectivo— los trabajos, por fin, comienzan. Tanteando con cuidado por rutas alternativas a las que circulaban las holoesencias destiladas, las piezas del Nuevo Mundo son transportadas por aleotrabajadores impregnados por esencias de Mercurios y Apolos, las nuevas tecnodrogas de moda entre los trabajadores. Pero ¡cuidado, ya se advirtió de la volubilidad de las modas!; efectivamente, la moda es efímera y cambiante, y eso, en el campo de probabilidades necesario para poder diseñar la TecnoCreación, es una bomba. Sin embargo, como efecto no esperado, la inestable cualidad de la moda ha relanzado las líneas de distribución de Afroditas y Venus, con lo que la sociedad, expectante ante la debacle del sinsentido que supone la pérdida de percepciones, se encuentra de repente de cara con su pasado reciente.

Restablecidos los campos de trabajo, cada holoesencia determina su rumbo en función de sus objetivos. Y mientras la sociedad en general goza con los deseos recién recuperados, los trabajadores del Nuevo Mundo siguen trabajando para su pronta inauguración.

© Copyright de J. Javier Arnau para NGC 3660, Noviembre 2018

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