El enviado

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|  J.E. Álamo | Kelonia Editorial | Colección: Kelonia Ficción-Leyendas | 2013 |
| ISBN: 978-84-941043-5-0 | Terror | 148 págs. | Reseña versión 2007 | 

Por Pily Barba

Allá por el año 2007, aunque ya iba más que advertida después de leer su entrañable prólogo (obra de Domingo Santos), tendí a creer que tal vez se estuviera exagerando un poco en cuanto a su contenido. Pero en esta ocasión, como en tantas otras, no fue así. Todo aquello que aventuraba Santos que encontraría en El enviado —antología conformada por nueve relatos, y afortunadamente reeditada en 2013 por Kelonia Editorial—, todo ello, repito, lo hallé y sin haber sido exagerado un ápice. Cierto es que, en dicho prólogo, se nos hablaba de un autor que, en lo concerniente a su vida, no había nada digno de mención: se trataba de un autor como tantos otros, de esos sin tropiezos dignos de tener en cuenta, ni grandes hazañas que lo hicieran destacar del resto. Vamos, que aparentemente se trataba de un recién llegado totalmente inofensivo… Y anda que no ha cambiado la historia en cuanto a sus hazañas —aquel que comenzó a escribir a sus cuarenta—, una década después…

Pero volviendo al pasado, también el mencionado prólogo de 2007 nos anticipaba que, aunque cualquiera de los relatos podía leerse por separado (y sigo estando totalmente de acuerdo), todos en bloque adquirían mucha más forma y sentido, puesto que tenemos un universo que, aunque puede contemplarse en sus distintas manifestaciones únicamente a través de cualquiera de sus historias, gana mucha más luminosidad, qué duda cabe, disfrutándolo de principio a fin.

Y ya, sin más preámbulos, llegamos a ese primer relato, “(Roger) El poder”, que nos da una bienvenida abrupta, oscura, y por momentos (al principio) incluso algo Hitchcockiana. Se trata de una historia con tintes de fantasía heroica, sí, y no lo digo por llegar a toparnos con un estupendo héroe, o porque toda ella encierre una narración fantástica (en realidad todo el volumen es fantasía), sino por el desarrollo de ese escenario que parece trasladarse por momentos al medievo; un escenario, sin lugar a dudas, rudo, envenenado de caos y maldad, y donde al mismo tiempo habrá personajes débiles —aquellos supeditados a la crueldad de un amo sanguinario, soez y sin escrúpulos—; mientras otros, por el contrario, tenderán a limitarse a cumplir con su cometido. Por último, cómo no, hallaremos al malo malísimo brillando precisamente por esa malignidad tan conseguida por el autor…

“(Roger) El poder”, nos describe de manera acertada la desgracia de unos y la fortuna de otros; la avaricia que nos invade o cómo se siente el miedo; lo tenebroso de un corazón, y el acongoje de los que lo soportan. Y a pesar de ser una historia amarga y gris, también es bella, puesto que su autor no escatima en darnos sensaciones creíbles, entretenidas, y, oscuras o no, siempre seductoras.

El segundo relato, “(Conrado) El negocio”, nos describe a un personaje que desgraciadamente está a la orden del día. Aquí conocemos los entresijos de la vida de un poderoso hombre de negocios, uno de esos que escalan pisando cabezas, y una vez arriba, continúan teniendo a otros bajo su suela. Se trata de un hombre una vez más sin escrúpulos, de los que despiertan asco incluso en aquellos que tienen más bien poco de humanos. Y es que de nuevo el autor no solo sabe darnos una historia coherente, interesante y con ritmo, sino un mundo interior (el del tal Conrado), que nos muestra a todas luces la auténtica mezquindad y manera de hacer de unos pocos.

“(Jaime) El señor de los caramelos” es uno de mis favoritos. En él, veremos qué ocurre en el día a día de la vida de un niño que es continuamente sometido a los malos tratos; desde su mundo infantil e ingenuo, en el que no deja de ser constantemente acosado y herido, también habrá de soportar, impotente, el acecho de un personaje misterioso y malévolo… “(Jaime) El señor de los caramelos” es una historia por momentos desgarradora, por momentos entrañable, y toda ella, siempre humana y real; a veces demasiado real para ser fantástica.

“(Matías) El ángel de la guarda”, vuelve a ser entretenida a la par que mundana. En ella, tenemos acceso a la amistad entre dos abogados, pero también a la desesperación de uno de ellos precisamente por conocer algunos de los entresijos del más allá. Y es que él, Matías, sabe perfectamente que todos contamos con una especie de ángel de la guarda, y el suyo, en concreto, tiene muy, pero que muy mala leche.

“(Matías) El ángel de la guarda” es sarcástica y quizá de las ficciones más divertidas. Contiene diálogos originales y una circunstancia final que tiene bastante miga, pero hasta llegar a ella, podremos divertirnos con las crónicas de uno de los amigos y la desconfianza del otro; lo que ocurre después, y ya que nos ponemos, lo que ocurre antes, porque, tras “(Matías) El ángel de la guarda”, llega “(Luis) El comienzo de la partida”.

“(Luis) El comienzo de la partida” gira en torno a lo que su propio título indica; una partida de cartas. Lo curioso es que todos los que se ven implicados en dicha partida han sido protagonistas o lo serán en futuras historias. ¿Entendéis ahora por qué se debería leer todo el conjunto? (Y esto es solo el principio). Como siempre, la partida comienza de manera mundana, pero poco a poco y dado que tenemos a un personaje común en todos los títulos, terminará convirtiéndose en algo bastante sobrenatural y oscuro.

“(Paco) El incidente”, sexta narración en orden de aparición, trata casualmente sobre el dueño del bar donde tiene lugar la dichosa partida de cartas, o más bien trata sobre un día en la vida de Paco, el dueño del bar Piojoso. Su pesadilla, empieza cuando un personaje misterioso entra dispuesto a hacerle una entrevista tras el incidente de «la partida», pero, ¿qué persigue realmente este espontáneo?

Luego viene “(Las madres) El nódulo”, y este es uno de los relatos místicos por excelencia. Por supuesto nos pone en antecedentes y nos da pistas sobre lo que podría ser el futuro —además del porqué del presente de cierto personaje—, pero a mi modo de ver, tal vez por ese mismo misticismo, es de todos los relatos el que más ha ralentizado la lectura (por no decir que el único), aunque, insisto, también es cierto que podría ser primordial en esta recopilación.

“(Beatriz) Una historia de amor” es el relato de humor y amor por antonomasia. Por primera vez, su protagonista principal es una mujer, ¡y qué mujer! Ésta, también en uno de sus días rutinarios y a raíz de una situación de lo más vulgar, conoce a una persona harto interesante, que cambia por completo su vida. Al mismo tiempo, conectamos con anteriores historias y también con antiguos personajes. Junto a “(Jaime), el señor de los caramelos”, es indiscutiblemente de lo mejor.

En “(Las madres) Conclusiones”, de nuevo nos encontramos con una narración mística pero necesaria. Además, es la que ha de cerrar esta magnífica colección. Al contrario que su antecesora, (Las madres) Conclusiones” es comprensible, directa, y mucho más atractiva. En ella conoceremos el porqué, y tal vez el continuará, de ese personaje que vincula todos los relatos: esa presencia que no deja de regalarnos toda la magia.

Y hasta aquí, creo, es todo lo que se podría decir para alimentar la curiosidad del futuro lector. El resto —dejar atónito a aquel que se aventure definitivamente en su lectura—, ya lo hace la propia antología, conteniendo una pluma que, por aquel entonces, fue nueva, reluciente y soberbia, y con la imaginación y la gracia necesarias para llegar hasta nuestros días pegando fuerte (principalmente con sus Tom Z Stone).

Y es que J.E. Álamo fue, sin lugar a dudas, un nuevo y grandísimo hallazgo. Un hallazgo que ya vislumbró antaño Domingo Santos y que, afortunadamente, Grupo Editorial A.J.E.C. insistió en ponerlo a nuestro alcance.

Eso sí, concluyo recordándoos que existe una versión remozada de Kelonia Editorial, con prólogo de Alberto Morán Roa. Si no lo habéis leído aun, de verdad, no perdáis la oportunidad, os aseguro que vuestro intelecto lo agradecerá.

© Copyright de Pily Barba para NGC 3660, Marzo 2017

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