Disforia

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|  David Jasso | Valdemar | Colección: Insomnia / ISA-007 | terror | 2015 | 410 págs. |
| ISBN: 97884-7702-800-0 24€

Por Pily Barba

disforia

Preguntar a un lector si un libro le ha gustado, y que este conteste que en menos de un año lo ha leído un par de veces, da bastantes pistas de cuál puede llegar a ser su opinión, ¿verdad? Si además añado, que mientras lo leía la primera vez, pensé en más de una ocasión «¡Como llamen ahora a la puerta, me lo hago encima!», también os da una aproximación acerca de cómo me ha hecho sentir Disforia, ¿no es cierto? Pues bien, si no fuera porque en una crítica que se precie, es totalmente obligatorio contar de qué va la cosa, lo dejaría aquí y os animaría simplemente a adentraros en las páginas de esta terrible novela, ya que a buen entendedor… Pero voy a hacer las cosas bien, y os adelantaré que Disforia, no os engañéis, no cuenta una sola historia, sino muchas: no tiene una única voz, sino diversos puntos de vista, y me atrevería a decir que salvo el de una niña, casi bebé, todos tristes, sufridos, culpables, desquiciados…

La historia arranca ya en un primer prólogo, porque tampoco la estructura de la novela es la habitual, de manera muy violenta: No pierde el tiempo en florituras. No se anda por las ramas. No hay escenario que preparar, solo acción, sangrienta y descarnada. Pero digamos que la historia principal, empieza a tener lugar después de un segundo prólogo que nos deja totalmente alucinados, porque en este caso, tardamos en saber por dónde van los tiros: de qué criaturas se trata en esta ocasión, qué es lo que están viendo y en qué tiempo se encuentran.

Pero volviendo a la médula espinal de lo que será Disforia, tenemos a un matrimonio con una nena encantadora, que deciden pasar un fin de semana apartados del mundanal ruido, en su casa de la sierra, lejos esta de todo vestigio de civilización. Y qué queréis que os diga, a pesar de la nevada y el frío, dada la situación que David Jasso nos describe, no es un mal plan, teniendo en cuenta que de buenas a primeras nos vemos inmersos en una sociedad asolada por la peor de las crisis imaginadas: revueltas, toques de queda, por supuesto paro, el tan temido corralito, y donde, para colmo, es incluso imposible conseguir ciertos medicamentos de primer orden, totalmente necesarios para enfermos crónicos (esto puede parecer un detalle más dentro de tanto caos y oscuridad, pero ya tendremos ocasión de verificar que en Disforia este «detallito sin importancia» termina pasando factura. Porque esto es así, todos los detalles están ahí por algo. Todos cuentan. Nada es ocasional. Así es el puñetero autor de esta historia (frío y calculador)). Y precisamente esto, toda esta puesta en escena del momento actual de la novela (durante el recorrido de la misma saltaremos de situación en situación; de mente en mente, o del pasado al presente), es uno de los «pequeños detalles» que ya empiezan a sobrecogernos, porque no me digáis que no asusta lo cerca que vamos estando en la actualidad de una situación tan desesperada.

Pues bien, como decía, todo parece empezar aquí, con repetidas llamadas a la puerta de entrada, y un misterio por resolver: quién está al otro lado o por qué insiste tanto.

No desarrollaré más la trama, eso lo dejo ya para vuestras futuras lecturas. Añadiré que Disforia está granada de personajes y situaciones profundas, con «chicha», y no os imagináis cuánta. Esther, uno de los personajes principales, es una mujer fuerte, muy fuerte; a duras penas, superviviente de una depresión post-parto, con un carácter ya de por sí muy tendente a las depresiones. Y la pobre mujer no sabe lo que le espera… Y a nosotros, porque a través de ella, principalmente, sufriremos lo indecible mientras David Jasso no dejará de enredar apelando a las situaciones más cotidianas, más humanas, para mantenernos atemorizados: el autor utilizará sin dudarlo un terror astuto, desequilibrante, y este no será precisamente el que nos lleve de la mano de criaturas sobrenaturales o acontecimientos paranormales, sino el temor a saber que lo que está sucediendo puede pasarle a cualquiera; la peor de las pesadillas, puede llegar acompañando a una situación de los más anodina, surrealista, casi estúpida. Asimismo, no nos trasladará mayor horror que el de comprobar el daño que puede llegar a hacerle un ser humano a otro, e incluso, la obligación del que resulta agredido de sacar ese monstruo que lleva dentro, que ya salió en el pasado, y desde entonces ha intentado dominar con todas sus fuerzas, precisamente porque dejarlo aflorar solo significa volverse loco y abandonar su humanidad. Pero cuando se trata de sobrevivir…

Y es que esto es así: Disforia no solo aterroriza al lector por el suspense que generan las distintas situaciones (y sus crecientes expectativas), algunas bañadas por la sangre y el sadismo, ojito también con esto, sino por esa pérdida de humanidad, de sensibilidad, y también, aunque parezca extraño, por todos esos gestos, diálogos y comportamientos tan cotidianos, dentro de pequeños momentos también increíblemente naturales, que impiden al lector relajarse y lo obligan a seguir leyendo a toda velocidad. Y hay más, y también asusta: a pesar de las intenciones de los unos y de los otros, de ciertas desapariciones, o del abuso de poder, descubriremos que nadie es lo que parece, y tal vez ninguno sea realmente culpable o un demonio.

Todo en Disforia es una auténtica locura: tan grande que no deberías dejar pasar.

© Copyright de Pily Barba para NGC 3660, Julio 2016

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