Lemony Snicket: Una serie de catastróficas desdichas

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| Título original: A series of infortunate events | EEUU | Guión: Mark Hudis | 
| Terror. Gótico. Juvenil… | 1ª temporada: 8 episodios | Original de Netflix | 2017 

Por Pily Barba

El 13 de enero de este año, en la plataforma Netflix exactamente, Lemony Snicket (Patrick Warburton), el misterioso narrador en carne y hueso, para más señas, nos advertía del futuro desgraciado de unos inocentes y jovencísimos niños: los Baudelaire; tres hermanitos que acababan de quedarse huérfanos a causa de un monumental incendio en la mansión donde vivían. Violet, Klaus y Sunny, los tres pobres niños, efectivamente debían enfrentarse a un futuro incierto a partir de ese momento —sí, incluso a pesar de poseer una enorme fortuna, intocable hasta que Violet, la mayor, cumpliese la mayoría de edad—: y qué remedio. El trío, estaba obligado a ser llevado junto a su nuevo y desconocido tutor; un pariente más o menos cercano que… en fin, la cuestión es que a partir de ese momento, son obligatoriamente predestinados a llevar una vida cargada de una serie de extrañas, morbosas, y a veces descarnadas desgracias.

Y así es cómo el espectador se adentra en Una serie de catastróficas desdichas; espoleado por un buen puñado de advertencias, y con la curiosidad trepándole por encima de las mismísimas orejas. Aunque, bien mirado, aquellos que ya hubieran visto la película de 2004 (dirigida por Brad Silberling, y protagonizada por Jim Carrey, Emily Browning, Liam Aiken y Meryl Streep, entre otros); o incluso fueran lectores de las novelas de Daniel Handler, además de curiosidad, tal vez sintieran un poco de ¿incertidumbre? ¿Miedo, a la hora de enfrentarse a la nueva serie televisiva? Al fin y al cabo, hablamos de una primera temporada compuesta de ocho capítulos, cada uno de ellos con diferente duración —van desde los cuarenta y pocos minutos, a la hora pasada—, en la que, inevitablemente, habrán de dilatar —al menos con respecto a la película—, tanto las situaciones, como las circunstancias y los tics de los personajes secundarios.

Sea como fuere, lo cierto es que la serie se adentra en la trama revelándonos en primer lugar que estos tres niñitos de desvalidos tienen más bien poco. Y es que cada uno de ellos posee una especie de súper poder: Violet, la mayor, (encarnada por una preciosísima Malina Weissman), es capaz de inventar casi cualquier cosa. Klaus (Louis Hynes, quien, por alguna extraña razón, no deja de parecérseme a un jovencísimo Woody Allen; siempre en lo físico y salvando las distancias), es un ratón de biblioteca capaz de estudiar y memorizar datos e información relevante acerca de todo, demostrando al mismo tiempo que es una criatura muy inteligente. Y, por último, y si no es en brazos de sus hermanos, siempre presente en la retaguardia, disfrutaremos de la bebé Sunny (a quien le pone la carita la pequeña Presley Smith); capaz de roer, con sus dos súper incisivos, lo que se le ponga por delante. Lo dicho, tal vez más humanos de lo que nos tienen acostumbrados en DC o en Marvel, pero superhéroes al fin y al cabo. Respecto al reparto, y por concluir con sus protagonistas, aunque mucho más guapas las nuevas féminas, ciertamente estos tres hermanos son bastante menos expresivos que los Baudelaire de la película; afortunadamente para el espectador, este se acostumbrará rápidamente seducido por la historia.

Volviendo a la trama, esta sigue de manera casi religiosa aquello que acontece en la película. Casi… Por lo tanto, quienes conozcan la historia y teman ver la serie, están perdiendo el tiempo y mucha energía en renegar y mirar hacia otro lado. Una serie de catastróficas desdichas, dirigida por Barry Sonnenfeld (encargado de cuatro episodios: ¿será porque tal vez a este hombre le van las historias de hermanitos rarunos? Efectivamente, dirigió La familia Adams 1 y 2), Mark Palansky (a los mandos en dos episodios), y Bo Welch (responsable de dos más, y colega de Sonnenfeld, además de ser director de grandísimos títulos en el pasado), se encargan de transportarnos a un maravilloso y oscuro mundo que, de infantil, tiene lo justo, aunque por otra parte sí posee mucho de gótico, extraordinario, imaginativo, y por supuesto estrambótico y cargado de un humor altamente corrosivo; a veces sencillamente estúpido, pero siempre ocurrente.

Y siguiendo con todo lo positivo, lo primerísimo es ese inquietante narrador; Lemony Snicket, que en el caso de la versión televisiva, sí tiene rostro y auténtica presencia. Lemony, no dudará en sacarnos de quicio adelantando acontecimientos y acompañándonos, prácticamente impertérrito, a lo largo y ancho de las andanzas de los Baudelaire. Por supuesto, otro punto a favor de la serie, son las caracterizaciones del Conde Olaf que, aunque no lo he mencionado previamente, es ese tutor horrible que deberá encargarse en primera instancia de los pequeños: el susodicho Conde, interpretado por un divertidísimo Neil Patrick Harris, por otra parte es más siniestro y bastante menos disimulado (en cuanto a sus intenciones), que el Conde Olaf de Jim Carrey. Asimismo, también en el caso del personaje de Neil Patrick Harris, tenemos a un Conde mucho menos teatral y por lo tanto menos gesticulante y exagerado, pero aun así, insisto: para gustos, los colores, y las caracterizaciones totalmente salidas de madre de Neil Patrick Harris, desde luego son absolutamente maravillosas (más «a juego» con el tono de la historia). Asimismo, otro acierto está en la diversidad étnica del reparto de secundarios: al contrario que en el film, salvo orientales (al menos por el momento), el resto de las etnias están totalmente representadas. La contrapartida es que, a diferencia de la película, la mayoría de estos personajes están reescritos siendo bastante más ingenuos. De hecho, algunos incluso rozan la idiotez extrema. ¿Serán así en las novelas? Esa duda me queda… Eso sí, quien se salva de la quema y con creces, es el personaje de la vecina del Conde Olaf: Justice Strauss (Joan Cusack); no solo gana en protagonismo, sino también en personalidad (una pequeña curiosidad es que la Justice Strauss de la película —Catherine O’hara—, no ha querido abandonar el universo de los Baudelaire, y en la serie, le pone la piel a una gran villana).

En cuanto a lo negativo, y aunque visualmente la fotografía es una auténtica pasada, debe de ser por lo que los auténticos entendidos dicen al respecto: esa falta de presupuesto. Sea cual sea la razón, la cuestión es que la película resulta visualmente mucho más bella y espectacular.

Por otra parte, toda esa moralina que se desprende en la película, dejándonos creer que hay más de lo bueno que de lo malo en el mundo; eso que se dice de que la aventura siempre está a la vuelta de la esquina, o incluso que de una situación desdichada puede surgir algo bueno, en la serie televisiva se nos escapa. Es cierto que ocurre, pero se diluye constantemente. Y a pesar de que en ese sentido, según parece, la serie es más fiel a los libros, tal vez sea un error no haberlo vuelto a incluir: visto lo visto, y con los tiempos que corren, algunos necesitamos que nos recuerden, encarecidamente, este tipo de cosas.

Para concluir, y aunque sé que he dejado lo menos acertado para el final, también sé que las comparaciones son odiosas, y aunque yo sigo decantándome por la película, la serie en su conjunto es una muy buena continuación: desde luego si os gusta el universo creado por Daniel Handler, y no sois de los que os aferráis a lo primigenio, no deberíais dejar de verla. Y si no conocéis absolutamente nada de este universo, pero os apasiona lo gótico y lo enrevesado, con toques de humor bastante absurdo, tampoco os la perdáis. Eso sí, si es posible, en versión original, por favor.

© Copyright de Pily Barba para NGC 3660, Febrero 2017

| Intérpretes: Neil Patrick Harris, Patrick Warburton, Malina Weissman |
| Louis Hynes, Presley Smith, K. Todd Freeman, Joan Cusack, Aasif Mandvi… |