Colossal

| Título original: Colossal | Dirección: Nacho Vigalondo | Coprod.: EUU-España… |
| Guión: Nacho Vigalondo | Fotografía: Eric Kress | CF | 2016 | 109′ |

Por Miguel Ángel Tejero Rodríguez

Cartel Colossal

Si hay un director más injustamente tratado en su país de origen, ese es Nacho Vigalondo. Mientras la crítica está más o menos de acuerdo en tratarle como un creador excepcional, el público no ha sabido conectar con sus propuestas, sin importar que estas sean más o menos exigentes. Desde estas líneas espero no solo contagiar mi entusiasmo por su última película, sino también aportar mi granito de arena para lo que debería ser, en un futuro no lejano, una sólida base de seguidores, que ya se vislumbra a nivel internacional.

Gloria acaba de tocar fondo y sus continuas noches de fiesta la dejan literalmente, compuesta y sin novio. Decide dejar la gran ciudad y volver a su pueblo natal para reencontrarse consigo misma, aunque los fantasmas del pasado no serán de mucha ayuda para alejarla de la botella. Sin embargo, no tarda en darse cuenta de que, por raro que parezca, tiene una extraña conexión con ese monstruo de treinta metros que está asolando Seúl en el telediario.

Colossal supera todas las expectativas, partiendo de una premisa lo suficientemente loca como para que parezca imposible que el resto de la narración esté a la altura. Vigalondo como guionista, sabe que para que todo funcione debe dejar claras las reglas del juego. Nos las enseña, nos demuestra cómo funcionan, y cuando ya las entendemos nos lleva a la única conclusión posible de la aplicación final de esas reglas. Y la cabeza nos hace patapum.

Además, y sin que nos demos cuenta, es capaz de tejer una red de subtramas, temas y mensajes que, una vez rumiada la cinta, empezamos a comprender y a paladear. Colossal comienza hablando de adicciones tanto físicas como psicológicas, pero también surgen el maltrato, la posesividad, el complejo de inferioridad, la culpa y la locura. Entre medias el autor, desguaza la comedia romántica y el Kaiju-eiga por igual, y además tiene tiempo para colarnos algún chiste dirigido a la realeza. Imposible pedirle más al precio de una entrada.

Como director, sorprenden muchas de las soluciones visuales a las que lleva Vigalondo. La película, excepcionalmente rodada, cuenta con algunos planos secuencia brillantes, que lejos de la pirueta, comunican de manera concisa, ideas o conceptos clave de la historia, o simplemente resuelven acciones físicas imposibles de rodar con una actriz, Anne Hathaway, embarazada de cuatro meses.

Fue la propia Hathaway la que se encariño del guion y quién consiguió que el proyecto saliera adelante en pocos meses. No es gratuito que la actriz tenga ya un Óscar, y que, en palabras del director, sea amada y reverenciada por cada equipo del rodaje. Es alguien que sabe sacarle partido a cada plano en el que participa y que regala pequeñas diferencias en su interpretación para dar opciones en la sala de montaje. Es una profesional y es de las mejores. Como prueba, el genial último plano de la película.

En este país, está muy arraigada la idea de creador completo, y que hasta hace unos años era difícil encontrar proyectos en los que el director no fuera además guionista, a pesar de que no fuera un maestro en ambas disciplinas. Nacho Vigalondo demuestra aquí, una vez más, que controla lo horizontal y lo vertical y que esos guiones que parece sacarse de la chistera, a pesar del trabajo que conllevan, no los va a rodar nadie mejor que él.

© Copyright de Miguel Ángel Tejero Rodríguez para NGC 3660, Junio 2017

| Intérpretes: Anne Hathaway, Dan Stevens, Jason Sudeikis, Austin Stowell… |
| Tim Blake Nelson, Agam Darshi, Hannah Cheramy, Christine Lee |
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