Max Betamax. Una comedia con superpoderes

| J. Olloqui | Drakul Ediciones |  CF, comedia, superhéroes | 400 págs. | 2018 |
| ISBN: 978-84-945897-5-1 | Rústica con solapas. 15*21,6 cm. 17,80€ | 

Por Pily Barba

Portada Betamax. Una comedia con superpoderes

De todo aquello que pronostiqué antes de empezar la lectura de la última novela de J.  Olloqui, Betamax. Una comedia con superpoderes, solo he acertado en dos cosas: que sería divertidísima, y que merecería mucho la pena. Pero, en todo lo demás, con todas esas ideas preconcebidas que me saqué de la manga observando su portada pop, su inusitada biografía, la divertida nota de su editor o, incluso, anticipándome y «cotilleando» los agradecimientos finales del propio autor, sinceramente, no he dado una. Por ejemplo (léase «la primera en la frente»): Betamax. Una comedia con superpoderes no superará, ni de lejos, a su predecesora, ¡Malditos terrícolas! Bien, pues, ja, ja y ja.

Así que, por no seguir cubriéndome de gloria, me ceñiré a lo que os encontraréis dentro de la nueva locura de J. Olloqui, ¿os parece? Bien, entonces, lo primerísimo es exponer lo que ya promete su contraportada: un protagonista de lo más pintoresco; único y con una forma de ser tan particular como machacona e insoportable —se trata de un tipo con muy malas pulgas—; sincero pero muy bocazas; rígido hasta rozar límites incomprensibles y enfermizos; aparentemente básico en todo lo que tenga que ver con sus necesidades, aspiraciones y modo de vida; un pelín celoso y, además, otro poquito machista. En definitiva: toda una joyita.

Pero, en el fondo, Max Betamax, que así es como se hace llamar el buen mozo, no es más que un pobre desgraciado en casi todos los aspectos de su vida. Para empezar, en lo laboral, puesto que se dedica al mundo audiovisual, pero a esa parte un tanto… singular. Max es, ni más ni menos, que un operador de cámara dentro del mundo del porno, pero del porno rancio y casero, que quede bien claro, porque glamour, lo que se dice glamour, en la novela de Olloqui hay más bien… ¡nada! Además, nuestro protagonista vive con su amigo de la infancia, Junior, que no solo puede llegar a convertirse en una auténtica y pesadísima carga, por lo taradísimo que está gracias a su infantilismo exacerbante, es que, para colmo, el susodicho colega duerme en un armario. Sí, sí, y tan ricamente. Así que, por eliminación, o tal vez incluso por estadística, la única que se salva es Diana, su novia, pero, claro, ¿cuánto puede soportar una mente cabal estando en el mismísimo centro del caos y la chifladura?

En fin, sin entrar en spoilers, sí diré que en Betamax. Una comedia con superpoderes, lo fantástico tarda en llegar. Incluso cuando ya ha tenido lugar el fenómeno que hace que Max cambie y pase de ser un mindundi, a ser un mindundi con superpoderes, todo lo extraordinario se nos revela muy poco a poco y de una manera muy sutil: cuando los superpoderes empiezan a dejarse ver, son un punto más en la historia, una pequeña parte que va creciendo al igual que todo lo que acontece, pero que no empieza siendo, ni mucho menos, lo más importante. ¿Y es eso malo? Bueno, depende. Si eres de los que quiere ir directamente al grano y hacerlo lo antes posible, sí, tal vez sea malo, pero, en general, yo diría que no lo es. Cierto, tardamos en descubrir qué está pasando, pero, precisamente por la forma en la que Olloqui se las ingenia para ir revelándolo, toda su aventura se convierte en una locura bastante creíble y orgánica: natural, inteligente y distinta. Y es que, el muy ladino, sabe cómo hacer para hacernos disfrutar con cada intervención del protagonista; con sus chascarrillos o a través de su interacción con los demás personajes; con las broncas que montan, pero, también, con sus sentimientos y aquellas opiniones que tiene acerca del mundo que lo rodea. Porque otra cosa no, pero Max, critica a diestro y siniestro, comportamientos, lugares, manías y, en general, mucho de lo que tiene que ver con nuestro propio estilo de vida (tan estúpido a veces).

Eso es, no os dejéis engañar: a lo tonto, o a lo listo, incluso dentro de una historia de ¿superhéroes? ¿Antihéroes? Qué más da… gracias a su inusual lectura, tenderemos la oportunidad de recaer en asuntos un poquito peliagudos; el miedo al compromiso, la falta de perspectiva, el conformismo o, precisamente, su contrario; la huida de la responsabilidad, el machismo, la corrupción… incluso veremos que las personas no tienen por qué ser siempre lo que nuestra intuición nos dice, sino más bien el producto de nuestro odio, envidia y paranoia. Y esto es porque Olloqui, a veces de manera muy directa, y otras a golpe de chiste (puede ser del tipo más «vintage»; ya sabéis, el de caca, culo, pedo, pis de toda la vida, o del tipo más sutil o hiriente), no deja títere con cabeza y dota a su novela, en cuanto puede, de un pequeño poso de reivindicación y tolerancia.

Bien, otra cosa que el futuro lector ha de saber es que, al acompañar a Betamax en sus continuos devaneos, no se enfrentará directamente a una gran injusticia o misión, que es lo que siempre se espera de cualquier historia de superhéroes (ya, ya, o antihéroes) que se precie, ¿no es verdad? Pues no, aquí no: algo parecido también tardará en llegar. Mientras tanto, eso sí, seremos testigos de muchas y muy variadas pequeñas locuras, situaciones de lo más absurdas donde, Max, no tendrá más remedio que utilizar o, mejor dicho, dejar que se le escapen algunas de sus recién adquiridas habilidades. Pero, ojo, que no importa: no perder de vista la vida privada de una persona con ciertos problemas de personalidad, que cuando descubre sus nuevas facultades no siente más que fastidio y todo lo que quiere es, más que procurar el beneficio común, hacer el friqui, es muy divertido y placentero. Os lo aseguro.

Terminaré diciendo que, tal vez en gran medida gracias a ese apoteósico final, donde aparecerán múltiples escenarios apocalípticos coprotagonizados incluso por un «seudo mecha muy Made in Spain», y también donde, por momentos, puede que lleguemos a imaginar una rica ambientación al más puro estilo X-Men, el último trabajo de Olloqui conseguirá elevar su nivel fantástico, chatarrero y caótico, hasta dejar al lector, ya de por sí lo suficientemente enganchado, gratamente satisfecho y con ganas de más (como debe ser). Y es que, Betamax. Una comedia con superpoderes, en el fondo tiene tanta fuerza, que termina entrando como desquiciado un tiro.

© Copyright de Pily Barba para NGC 3660, Septiembre 2018

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