Azul, el poder de un nombre. Samidak

| Begoña Pérez Ruiz | Éride Ediciones |  CF | 884 págs. | 2015 | 19,95€ | 
|  ISBN: 978-84-16596-08-9  

Por Juan José Aroz (con la colaboración de Blanca Martínez)

Portada Azul, el poder de un nombre. Samidak

A través del Facebook del grupo de la TerBi me enteré de su existencia.

Leí la reseña que sobre esta novela le había hecho la amiga Blanca Martínez, la excelente escritora catalana que estuvo residiendo muchos años en México.

Amablemente, ella me ha dado permiso para copiar aquí esas líneas.

Es un comentario que muestra perfectamente al lector por dónde va esta novela… luego yo os añadiré algo más. 🙂

«Encontré la novela, Azul, el Poder de un nombre. Samidak en Chronos, una interesante librería de Barcelona especializada en literatura fantástica. Estaba presente la autora, a la que hasta ese momento no conocía, y le pregunté sobre su novela, «es una space opera», me dijo. Leí unas líneas aquí y otras allá. Inmediatamente la compré.

»En los años 20-30 del siglo XX, se publicaban en Estados Unidos, las llamadas revistas pulp, publicaciones de gran tirada, fabricadas con pulpa de papel, económicas y de gran éxito popular. Sus temas: aventuras del Oeste, policíacas, guerras, inventos, experimentos y al fin, ciencia ficción. Al conjunto de novelas que relataban viajes y aventuras espaciales se les llamó space opera.

»Su estructura solía ser maniqueísta, división clara entre buenos y malos, un héroe y una heroína, diferentes mundos espaciales, aventuras y luchas. La space opera no tuvo en sus orígenes buena fama a nivel literario, hasta que años más tarde aparecieron space opera que reunían calidad literaria unida al afán de la aventura intergaláctica.

»En mis manos tenía un nuevo ejemplo de una moderna space opera. Su autora, Begoña Pérez Ruiz, decía sonriente: «es una novela palomitera». O sea, de entretenimiento: la simpática imagen consistía en ver una película mientras las palomitas desaparecen y las imágenes de luz y color te regalan alguna historia.

»Pero resultó que Azul, el Poder de un nombre. Samidak, no era sólo entretenimiento.

»La historia narra la aparición de un bebé, una diminuta niña, en un mundo galáctico. Nadie sabe cómo ha aparecido allí, no puede venir de un Universo exterior pues eso se consideraría herejía ya que el dogma dice que no hay universos exteriores. La noticia se conoce, La Federación no sabe qué hacer con ella. Muy bien: que se la envíe a un mundo ciborg, donde se ocuparán de su educación como guerrera de la Federación.

»La aventura está en marcha, porque la niña crece y, absolutamente hermosa, esbelta, fuerte, debe situarse en un universo que parece pequeño para ella.

»Azul es su nombre, y deberá luchar como heroína contra la destrucción, el caos, la oscuridad, los demiurgos, las profecías y los diferentes poderes que acecharán su vida y su misión. Lidiará sus duelos, defenderá a sus amigos, se embarcará en las vicisitudes necesarias ineludibles según su código. Todo ello lo hará, no como simple heroína de una pieza, sino como un personaje con sus complejidades y carencias.

»La propuesta es original, sorprendente y frankensteniana.

»Al contrario que Frankenstein, la protagonista es bella más allá de la perfección, fuerte con una fuerza de tal envergadura que la hace casi invencible, pero a pesar de ello e igual que el ser creado por Víctor Frankenstein, no tiene nombre, es rechazada, pues su extrema belleza y fuerza la hacen diferente. Está totalmente sola en el universo conocido. No sabe ni remotamente de donde proviene, carece de indicios de quienes podrían ser sus ancestros, no conoce el afecto, ha sido criada en un mundo de ciborgs sin sentimientos; fríos, metálicos guerreros que la han entrenado magníficamente para la lucha. Nada más.

»Detengámonos un momento en uno de los múltiples elementos de la trama: la historia de amor de la joven heroína. Cuando Azul encuentra el amor reacciona como una niña-adolescente, puesto que no sabe manejar sus sentimientos. La guerrera poderosa, aparentemente invencible en cualquier universo, es una criatura indefensa a la que le falta todo el proceso de evolución emocional hacia la madurez.

»Azul, la heroína, es pura energía, pura nobleza con arrebatos de cólera dignos del jefe de los mirmidones. Valerosa y comprometida con un destino que no ha buscado.

»Pero hay mucho más, puesto que los diferentes personajes que van apareciendo son atrayentes, subyugantes, legendarios. Citemos a las Consejeras Doradas, merecedoras ellas de toda una novela, los mercaderes astrales que llevan las noticias del universo allá donde van, los yemin, aparentes duendes galácticos. Desde luego hay que citar a Zahirus Samario el inteligente científico, con propuestas de creación más allá de la ética de su época. Es curiosa la propuesta de Begoña Pérez Ruiz, puesto que el científico, personaje clásico en las novelas de ciencia ficción, rompe el molde: se lanza a comprar su propio mundo, el planeta MFL-423, y crea una raza de ciborgs. Hay que señalar que uno de los ciborgs aparece en otros cuentos de Begoña Pérez Ruiz de forma interesante y potente.[1]

»Otro de los numerosos mundos presentados es Antirios, lugar donde se ha erradicado totalmente el sonido, hasta el punto de recubrir su planeta por una barrera artificial que lo insonoriza todo. Quizás un guiño a los actuales estudios utópicos sobre el sonido.

»Desde que leí a Jack Vance no me había sentido atraída por tal cúmulo de razas, pueblos, costumbres y descripciones de seres y paisajes.

»Los seres que pueblan los diferentes mundos de la Federación, las religiones, la ética, las costumbres, lo rituales, las creencias. Todo ello enmarca un argumento pleno de ideas curiosas, divertidas, originales. La tensión de la aventura no se alarga si no que se resuelve con rapidez para continuar en la vorágine de las aventuras propias de este género. También hay crueldad y ensañamientos descrito de forma gráfica, aterradora, y desenlaces sorprendentes… pero es que de todo se encuentra en los universos.

»Hay que leer esa novela, pues sus más de ochocientas páginas son space opera. De la buena. A ver si la suerte nos acompaña y la saga puede seguir.

Blanca Martínez 

Begoña con su amiga Blanca, sentada.

Cuando le pedí a Begoña Pérez intercambiar su extensa novela de casi 900 páginas por un par de los libros de los que aún nos quedan de la colección Espiral Ciencia Ficción, me respondió que sí, que estaba interesada.

Que a ella también le apetecía conocer nuestro trabajo y lo que defendíamos.

El año pasado nos compró en la EuroCon un libro de Domingo Santos, ya que adora las historias de este señor, todo un referente de nuestra CF.

Me ha dado también permiso para copiar unas líneas que entonces me escribió:

«Para mí es todo un honor que gente como vosotros podáis estar interesados en leer Azul, pero, como ya comenté a Blanca, quería aclararte una serie de aspectos respecto a mi space opera. Ante todo es una historia de CF primaria, donde además empleo elementos más propios de la fantasía, pues cuando escribí y posteriormente autopubliqué Azul mi propósito era claro: quería que fuera una historia que llegara a gente no habituada a leer CF, sobre todo un perfil juvenil-adulto. Por desgracia en este país no se publica literatura juvenil de CF, como en otros países, aunque sí se editan obras de fantasía pura. Yo, por encima de los tres géneros fantásticos que adoro (CF, terror y fantasía), amo la CF y mi mayor preocupación es fomentar este tipo de literatura tan enriquecedora en todas y cada una de sus diversas vertientes. Bien sabrás que en este país no somos tantos los amantes de la literatura de CF y esa para mí es algo más que preocupante. Creo que hay que empezar por las bases, fomentando la CF en los más jóvenes, que bien que la consumen en otros formatos no libros (películas, videojuegos…).

»Uno de los objetivos que me he marcado, humildemente, y dentro de mis limitadas posibilidades es buscar más lectores de CF, por eso hice Azul (que poco tiene que ver con los cuentos de CF que también escribo). Seguiré creando este tipo de CF primaria con la que yo me adentré en todos sus universos, gracias a autores como Leigh Brackett. C. L. Moore, A. Merritt, Henry Kuttner… ellos, y antes Lovecraft, me enseñaron el verdadero Sentido de la Maravilla y me hicieron entrar de lleno en la obra de autores más modernos con una CF más reflexiva, filosófica y social.

»El objetivo principal de la asociación cultural que he creado es difundir al máximo el género fantástico y gracias a Azul estoy consiguiendo dar pasitos en esa dirección. Esta space opera fue elegida en el catálogo de las bibliotecas públicas de la Comunidad de Madrid como aconsejable para formar fondo. Gracias a ello hago presentaciones de mi libro en bibliotecas públicas con gente joven y lo mejor es que la Comunidad de Madrid ha aceptado un club de iniciación a la lectura de CF que les he propuesto y que comenzaré este octubre.

»Sí, ya sé que te estoy largando un rollo sobre mi vida que seguramente no te interese, pero necesitaba justificar el tipo de historia que es Azul, porque, aunque Blanca lo adore, no sé si a gente de vuestro bagaje lector os parecerá algo simple y poco interesante.

»Pero si tras esta tabarra que te he soltado aún sigues interesado en leer Azul, yo, como ya te dije, estaré encantada con el intercambio. En cualquier caso, mil gracias por todo. Un saludo. Begoña Pérez Ruiz.

Me parece una labor importante para nuestro género favorito, la ciencia ficción, lo que personas como Begoña están haciendo. O la misma Pily Barba con su amena y variada web NGC 3660.

Disfruté mucho con la entretenida lectura de Azul y sobre todo porque además de tener unas aventuras fluidas y bien desarrolladas, su escritura es muy correcta.

Se agradece leer algo así, poder estar unas cuantas horas yendo de planeta a planeta, conociendo diferentes razas, siguiendo las andanzas de la heroica protagonista.

Una «Space ópera» clásica pensada para un público juvenil pero que se lee con agrado.

Soy lector de CF desde hace tiempo y me gusta variar contenidos, autores, mezclar libros, cómics, revista, prensa… es una forma de no perder el interés por la lectura: la diversidad.

¿Novela «palomitera», de entretenimiento…?

Para mí, como también nos decía Blanca Martínez, es mucho más.

Tiene detrás un gran trabajo de escritura… y me ha dejado con ganas de leer en el futuro otras historias allí ambientadas, su sólida estructura lo permite.

La novela tiene una trama que se cierra en su última página, pero la sensación que nos deja es que no nos importaría seguir leyendo más aventuras de esta intrépida mujer con tantos nombres. 🙂

[1] Único, en la antología Cuentos del mañana para ayer, de Begoña Pérez Ruiz, Éride Ediciones, Madrid, 2017

© Copyright de Juan J. y Blanca Martínez para NGC 3660, Noviembre 2017

Anuncios