Alimaña – Reed.

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Por Carlos Alberto Gómez Villafuertes

Taal´Sssk dio un respingo y se volvió rápidamente hacia el origen del ruido. Por el rabillo del ojo apenas tuvo tiempo de ver a la pequeña criatura que desaparecía velozmente en un rincón.

Murmurando una maldición, volvió a su posición anterior mientras contemplaba el horrible programa de variedades que la pantalla mural le ofrecía. Por enésima vez, maldijo el día en que escogió aquel miserable mundo para disfrutar de sus merecidas vacaciones.

No podía negar que se encontraba en plena naturaleza salvaje, en uno de los escasos bosques que habían sobrevivido a los abusos de la especie dominante local y a la invasión de su propio pueblo. Pero la conquista de aquel planeta había tenido lugar hacía apenas 100 ciclos, y las instalaciones no estaban todavía completamente terminadas. Tampoco los equipos de exterminación e implantación ecológica habían conseguido librarse totalmente de los molestos animalillos autóctonos. Seguramente en otros 25 o 30 ciclos, todas estas especies habrían desaparecido completamente, sustituidas por animales inofensivos, decorativos o productores de carne. Las zonas habitables estarían entonces en su mejor momento y los programas murales ofrecerían mayor variedad. Chendaullky III se convertiría en el lugar paradisíaco, lejos de los abarrotados mundos centrales, que ofrecían las agencias de viaje.

Un nuevo ruido, esta vez en el exterior de la cabaña, terminó de amargarle la velada. Con un bufido de desagrado, apagó la pantalla y se estiró en la butaca. Era una lástima que las armas estuvieran prohibidas en los planetas vacacionales. De no ser así, habría traído su pistola personal, y aquella repugnante alimaña sólo sería un mal recuerdo. Siguió dando vueltas a esta idea y sonrío. Había otras formas de librarse de aquel bicho. Silbando alegremente se puso en pie y fue a la cocina mientras maduraba su plan. La mayoría de las veces había sorprendido a la alimaña cerca de allí. No se explicaba cómo, pero aquella cosa siempre conseguía abrir la puerta y robar sus alimentos.

Tras unos momentos de rebuscar en la nevera, escogió un jugoso filete y se dispuso a prepararlo. Ésta era la mayor ventaja de los mundos vacacionales, además de la soledad, claro. La comida era auténticamente fresca y natural, sin ningún tipo de preprocesado, aditivo o conservante. Encendió la parrilla y colocó cuidadosamente el filete sobre ella, tarareando una cancioncilla popular mientras preparaba la mesa. El apetitoso aroma de la carne inundó la cabaña y subió por la chimenea.

Un eructo satisfecho surgió de entre sus labios. Una carne excelente, pensó. Ahora lo mejor sería una buena siesta. Dejó los restos del festín sobre la mesa, y se recostó en la butaca anatómica. Poco después roncaba apaciblemente.

En realidad, estaba completamente despierto. Con un ojo entreabierto, vigilaba el plato con los restos de la comida. Durante un buen rato no sucedió nada. Mientras esperaba, consideró la idea de que aquel bicho fuera venenoso, o tuviera algún otro medio de defensa. Ahora lamentaba no haberse informado mejor sobre las características de las especies nativas, pero ya no tenía remedio. Súbitamente, un pequeño ruido interrumpió sus pensamientos y le puso en alerta. Sin mover un solo músculo, concentro su atención en el plato y sus alrededores. ¡Allí, en el rincón, estaba la alimaña! Ahora que la veía casi por completo, no parecía muy peligrosa, aunque sí más grande de lo que pensaba. Su estómago se revolvió ante el aspecto de aquella piel pálida y desnuda, pero siguió en la más completa inmovilidad.

La pequeña criatura, observó cautelosa el cuerpo dormido de Taal´Sssk y con extremo cuidado se aproximó sigilosamente hacia los apetitosos restos de la comida. Lanzando miradas nerviosas en todas direcciones, comenzó a trepar por la mesa para alcanzar el plato, y estaba a punto de tocarlo… cuando un ruido surgió del presunto durmiente. El bicho dio un salto en el aire y corrió hacia la salida.

Taal´Sssk se movió con increíble rapidez para alguien de su tamaño, dio un giro y el golpe de su poderosa cola alcanzó a la criatura que intentaba escabullirse. Se oyó un crujido de huesos rotos, y un gemido rápidamente sofocado, mientras un estallido de sangre salpicaba la pared. Al retirar la cola, lleno de repugnancia, Taal´Sssk dejó un rastro rojizo en el suelo. Mientras se lavaba, asqueado pero contento, llamó al encargado de la limpieza.

Poco después, un robot limpiador entraba en la cabaña. Se dirigió diligentemente hacia la pared llena de restos y sangre, y en unos instantes, tanto el rincón como el suelo quedaban totalmente limpios, como si nada hubiese ocurrido. Guardó los sangrientos despojos en una bolsa de plástico y salió de la cabaña.

Con el paso firme de una máquina, se acercó al contenedor de desperdicios, lo abrió, y arrojó dentro el contenido de la bolsa. Durante un fugaz instante, los restos aplastados de lo que fuera un Homo Sapiens se reflejaron en la indiferente mirada del robot.

En la cabaña, el gigantesco Saurio volvió a sus actividades cotidianas.

La tapa del contenedor se cerró con un chasquido.

© Copyright de Carlos Alberto Gómez Villafuertes para NGC 3660, Agosto 2016

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