Alienígena

| Santiago Eximeno | Suseya ediciones | Portada: Jéremi Pirot | Novela corta |
|  ISBN: 978-84-947998-1-5  148 págs. | 2017 | 10€

Por Pily Barba

Portada Alienígena

Me pregunto cómo es posible que una novela tan marciana (y nunca mejor dicho) pueda encerrar tanta sabiduría acerca de la naturaleza humana. También, qué le ha podido pasar a Santiago Eximeno para llegar a ese punto en el que es capaz de tener una visión de nuestra especie tan clara y describirla, asimismo, tan tranquilamente; tal y como es: con mucho de lo bueno y con todo lo malo; sin malicia o mala leche. Tal vez con ciertos toques de sarcasmo mal disimulado pero, bastante blanco, ¿o se trata de un sentido del humor hiper medido y, al mismo tiempo, deliciosamente natural? Qué sé yo… la cuestión es que de verdad lo he sentido así: a pesar de lo que desgranaré más adelante, estoy segura de que Eximeno no ha pretendido ser más hiriente de lo necesario.

En Alienígena partimos de una situación inicial al más puro estilo Vigalondo, o al menos yo no he podido evitar imaginarme una estampa parecida cuando, de la noche a la mañana, una nave espacial se «planta» en el cielo de Madrid y ahí se queda, sin más; provocando una situación que, más que abrumadora, termina siendo un poquito ridícula. Según cuenta uno de nuestros protagonistas, aunque lo hace de oídas ya que él no había nacido cuando todo esto tuvo lugar, lógicamente la sociedad se revuelve, se asusta, maquina y maquina pero, finalmente, se mantiene a la expectativa y ya, porque, al fin y al cabo, los alienígenas no dan señales de ser «mala gente». De hecho, no dan señales de nada. Y aquí es donde llegamos a otro momento Vigalondo: de nuevo, por lo absurdo de la situación, aunque conociendo a nuestra civilización, de absurdo no tiene nada; es todo lo lógico que debería ser si analizamos cómo funcionamos hoy en día ante las adversidades sociales en general: mientras no nos quiten la conexión a internet y podamos seguir contando lo chulísima que es nuestra supuesta vida, ¿a quién le importa qué objetos puedan estar sobrevolando nuestras cabezas? No interrumpen nuestra señal wifi, ¿verdad? Pues entonces.

La historia parece estar ambientada más o menos en nuestros días, lo que significa que nosotros mismos, los lectores, aquí seríamos o bien los hermanos mayorcísimos de los protagonistas, o casi los papás de esta generación de adultos indeseables que han echado a perder la economía, la sociedad y, ya puestos, incluso nuestra propia humanidad… porque en la historia de Eximeno, finalmente, se demuestra que somos poco más que parásitos de todo aquello que heredamos y se mantiene, por sí solo, a duras penas. Y, aun así, tal y como decía al principio, tengo la sensación de que el autor no ha hecho uso de su lado más destructivo, aunque tampoco pierde la oportunidad de darle un buen repasillo a la tontería humana; a nuestra odiosa desidia, a la falta de iniciativa o al pasotismo victimista. Porque si la situación no tuviera ya de por sí suficiente intríngulis, dado que los humanos de Alienígena han de esperar durante veinte años a que los extraterrestres decidan comunicarse, luego van y, contrariamente a lo que pensáis, no ayudan en absoluto a que la relación deje de ser fría y distante, de hecho, salvo los que se vuelven medio locos porque solo ven el lado demoníaco de los visitantes, el resto de la sociedad sigue con sus vidas como si nada. En fin.

Así, además del repaso a nuestra raza y a ciertos sentimientos negativos del ser humano —aquellos que básicamente nos condicionan la vida y hacen que nuestra manera de enfrentarnos a la ella se retuerza y nos deprima— el autor nos conduce a través de una aventura que no lo parece tanto, porque la acción que «soportaremos», casi en un sesenta por ciento, será la que venga básicamente de la lucha de los personajes contra sí mismos.

Respecto a este personaje que, al menos yo, al principio pensé que era protagonista absoluto, como decía, gracias a Carlos, Eximeno aborda de manera magistral los sentimientos de asco y culpa a través de la penosa relación que este mantiene tanto con su hermana como con sus progenitores y que, en el caso de su madre, parece ser una guerra iniciada mucho antes de que tuviera lugar la concepción (según ella esta fue por culpa de los alienígenas); guerra que, además, el muchacho parece haber dado por perdida en el mismo momento en el que su madre la puso en marcha: justo antes de venir él al mundo, vaya. Otra cosa curiosa de nuestro personaje (y que hasta ahora no había visto en ninguna otra historia) es que este sigue dos arcos. Por un lado, tenemos el obligatorio, el que todos anhelamos, el que ha de ir en el sentido esperado; el de la evolución y el crecimiento ante una situación que primeramente quiere ignorar a toda costa pero que finalmente afronta. Por otro lado, su evolución en cuanto al trato con todo ser humano viviente sigue el sentido inversamente contrario a lo que podríamos sospechar. Al principio, gracias a sus emponzoñados y lastimeros vericuetos mentales, nos habremos auto-engañado con la típica idea a cerca de las buenas personas que, además, son un tanto pusilánimes (como parece ser el caso), pero nada más lejos: finalmente, terminaremos conociendo a una especie de nuevo Holden Caulfield (que yo he gozado de manera casi enfermiza): uno casi igual de cabrón que el original, pero, este, originalmente más español.

La historia está dividida sabiamente en tres partes. La primera, como ya sabemos, está guiada por el personaje de Carlos; la segunda, la soportan los hombros de Laura, otro gran acierto por parte de Eximeno que, si ya de por sí nos obsequia con una historia intrigante y llamativa (fundamentalmente en lo psicológico, ya sabéis), para colmo es capaz de dotarla de personajes absolutamente fascinantes (y plausibles, y próximos, y, por supuesto, interesantísimos); personajes que lidian cada segundo de su existencia con un sufrimiento dolorosamente intenso, como es el caso de su incómoda inteligencia o, incluso, su inestable locura (¿o era cordura?). Por último, llegaremos a la parte en la que «Ellos» predominan. Y, a partir de aquí, ya sobran las palabras.

Alienígena es rica, además, en detalles frikis o curiosos (tanto da) que son siempre descritos desde una perspectiva más o menos juvenil. Así, sabremos de la música gótica y aquellos ambientes y locales que han tenido y tienen que ver con dicha corriente (esa que tanto Eximeno como una servidora conocen bien gracias a sus años mozos). También, a través de las referencias de los adultos a los más jóvenes, sabremos de aquello que a los últimos les resulta tan ajeno y que, en el caso de los lectores, vuelve a ser tan cercano y real: curiosidades de nuestra historia o culturilla popular que, al menos en mi caso, y visto desde la perspectiva (a veces algo distorsionada) de un jovenzuelo como es el caso de Carlos, me han hecho sonreír.

Y, por si todo esto fuera poco, nos topamos con el toki pona; un lenguaje que en realidad existe y que fue concebido para poder expresarse de manera exclusivamente positiva. En el caso de los alienígenas, es tomado además para poder comunicarse de la manera más rápida, clara y certera; queriendo evitar, desde el primer momento, cualquier tipo de malentendido. Ja.

En lo referente a la parte menos brillante de la novela, a mi modo de ver, tal vez sea un giro que, en un primer momento, no me terminó de convencer, pero que, una vez analizado, he entendido que debía ser así y más viniendo de Santiago Eximeno. Eso sí, he de decir que, a pesar de esa primera sensación, la historia no perdió ni un ápice de interés ni siquiera cuando tuvo lugar el repentino giro. Ni un poquito. ¿Que cómo es posible? Fácil: porque Santi sabe cómo y por dónde guiarnos y, para ello, ya contaba con los mejores adalides (y, por detalles así, queda claro que es uno de nuestros mejores autores).

Pero, como ya me pasa de manera habitual, he hablado de todo y de nada, aunque en el caso de Alienígena tiene que ser así porque la trama no es lo más importante: creedme, su componente fantacientífica es lo de menos. En este caso, se trata de absorber lo que se nos está ofreciendo hasta su mismísima médula y, en ese sorbo, quedarnos con lo que de verdad nos transmite su autor (y aquí voy a extraer sus propias palabras de la entrevista que ha concedido a NGC 3660): «[…] Es una novela de ciencia ficción, sí, pero sobre todo es una novela que cuestiona nuestro estado del bienestar y nuestros privilegios. Ser consciente de que eres un privilegiado te ayudaría a luchar por mantener tus derechos. Pero me temo que pocos lo vemos así. Temo por el futuro que le vamos a dejar a nuestros hijos, y a los hijos de los otros a los que estamos torturando con nuestra desidia».

Una vez sabidas las intenciones de Eximeno, ya solo nos queda contestar a la gran incógnita que, descaradamente, aflora a todo esto: ¿La ignorancia es felicidad? Sea sí, o sea no, desde luego disfrutar de Alienígena para mí lo ha sido: purísima felicidad.

© Copyright de Pily Barba para NGC 3660, Julio 2018

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