Agenda de una terrícola moderna

 

Por Sara Martínez

El lunes tengo que visitar a mi abuelita, que acaba de mudarse a Marte. Nada que reprocharle: se merece disfrutar de su jubilación en paz. Sin un atisbo de duda, la Colonia Residencial Amazonis Planitia es un lugar de retiro ideal: tranquila, cálida y con ofertas de ocio. Un paraíso verde y dorado protegido en una cúpula de cristal, es el edén donde todo hijo de vecino querría terminar sus días. Lo comprendo, de verdad. Lo comprendo. Pero… ¿en Marte? ¿Tenía que ser en Marte? ¡La leche bendita! Me queda lejillos, ¿sabes? Menudo coñazo de vida. Cincuenta y ocho millones de kilometrazos en esa chatarra espacial de undécima mano a la que llamo mi nave… ¡Qué gran inicio de semana!

El martes está el tema del juicio contra el florp cuellicorto de orejas porosas que se ha instalado tan ricamente en mi jardín, así como Pedro por su casa. ¡Maldigo al lumbreras que introdujo una especie no endémica en el ecosistema! Esos hijos de perrilla están por todas partes. Son demasiado listos. Y tienen buenos abogados. He de confesar que no me importaría tanto si tan solo estuviera ahí. Un okupa en el jardín puede darle vidilla a un hogar, según cómo se mire. El problema es que el cabrón se caga en mi felpudo. A diario. Con alevosía. Si al menos demostrara un poquito de civismo, podría recoger el zurullo con una bolsita. Desconozco si lo hace por gusto, por ignorancia o porque le encanta joder. Quizá esté marcando su territorio: «Este es mi jardín, guarra. Que te den mucho.» Como sea, solo sé que me toca tragarme un litigio bastante espinoso. Como ese florp siga hinchándome los ovarios, me cago yo. Pero en su cabeza.

El miércoles me toca impartir clases de terrícola a unos críos de Plutón. ¡Vaya marrón! Terrícolas o plutonianos, los mocosos son… bueno, mocosos. Entrar en esa aula es un deporte de alto riesgo. Toda una batalla campal. Son desalmados. Salvajes. Monstruos sin piedad. Tengo miedo. Tengo mucho miedo. Que el idioma posea unas siete mil variantes —con infinidad de dialectos— tampoco ayuda a hacerme la tarea más fácil. ¡Es un condenado cacao! En serio, que alguien me explique cómo enseñarles las puñeteras conjugaciones. Estoy harta de que en los ejercicios me escriban «Yo am liviendo» y cosas así.

El jueves tengo concertada una entrevista de trabajo. Eso es bueno, ¿no? Lo sería si no fuera en Nueva Tierra del Sur (Mercurio). Sí… ¡Acojonante! Si Marte es El Quinto Culo, esto ya es Donde Qwirfpetrix VI Perdió la Chancla. La Chatarra Espacial de Undécima Mano™ va a morir en el intento. Para colmo, ni siquiera tengo muy claro que desee que me den ese empleo. O sea… ¿qué haría yo perdida por Mercurio, pringá y más sola que la una? La capital no está mal, pero es muy pequeñita. El resto son granjas de mierda. Y el curro consiste —cómo no— en vigilar una de dichas granjas de mierda. De macrocucarachas de las praderas, para más datos. Suena alentador. Aparentemente, su saliva es suculenta. Bien… ¡No seré yo quien la pruebe!

Por último, el viernes me voy de bodorrio. ¡Oh, sí! ¡Me apetece mogollón! Mi prima Petra se casa con el selenita estirado que tiene por novio. Asdkasftafftaffpwiff se llama. No tiene bonito ni el nombre, el muy gilipollas. Qué asco me da. Sí, ¿se nota que me cae fatal? ¿Qué habrá visto Petra en ese tío? Como muchos de su especie, Asdkasftafftaffpwiff se piensa que es la crème de la crème. Siempre tan guapo, tan listo, tan perfectosísimo de la hostia. Dios, qué grima. Te mira como si fuera a escupirte. Como un semidiós mira a un chicle pisado. ¿La verdad? Creo que mi pobre prima se va a caer del guindo en menos de un año. ¿Sabes qué es lo mejor? Que me he gastado cuatrocientos solares en un vestido. Mas el pastón del regalo, ¡faltaría más! Santa paciencia, qué desperdicio.

Pfffff… ¡Cuánto estrés! Es matador el día a día de una terrícola moderna. A veces me pregunto por qué diantres aún no me he tirado por una ventana. Vivimos así: como mosquitas mareadas, zumbando de aquí para allá. Solo de pensarlo se me retiemblan las piernas. Bueh… Supongo que hay que aceptarlo.

¡Menos mal que tengo el finde para copular a muerte con mi chico de Venus! Quien dijo que los hombres son de Marte y las mujeres de Venus erraba un tanto. Lo confirmo: hay hombres venusianos. MUY HOMBRES. ¡Qué bueno está, y qué bien dotado!

Va a oír los gritos hasta la buena de mi abuela. Que se escandalice si quiere.

© Copyright de Sara Martínez para NGC 3660, Marzo 2018 [Especial Féminas 2018]

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