Adviento – Breve

Por Santiago Eximeno

Nos conocimos a finales de verano. Ella se refugiaba en locales solitarios con aire acondicionado, los mismos que yo frecuentaba. Intercambiamos unas palabras, nos sonreímos. Para mí, apocado y tímido, fue hermoso que ella, un verdadero bombón con un interior maravilloso, me aceptara a su lado. Había química entre nosotros.

Fue un romance de veladas nocturnas de cine en su casa, con el ronroneo del ventilador y la puerta de la nevera siempre abierta. Yo por entonces frecuentaba malas compañías; a su lado recuperé la pasión por lo cercano, por las pequeñas cosas envueltas en papel dorado.

Nuestro amor era lo más dulce, y decidimos mudarnos en noviembre a una coqueta casita de madera repleta de habitaciones, de ventanas. Nuestro nuevo hogar. Allí mi esposa fue muy feliz.

Lástima que al llegar el Adviento los niños, esos niños monstruosos, comenzaran a abrir todas nuestras ventanas en busca de chocolatinas y, sin que pudiera impedirlo, se la llevaran para siempre.

© Copyright de Santiago Eximeno para NGC 3660, Diciembre 2017 [Especial Navidad]

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